sábado, 2 de octubre de 2010

Entrevista a Walter Fraccaro, tenor





2/10/2010

“El canto es lo fundamental de la ópera, el resto es accesorio”

El tenor italiano Walter Fraccaro será Manrico, el héroe de la ópera de Verdi ‘Il Trovatore’ desde el próximo viernes en el Teatro Campoamor. Entre pruebas de vestuario y de sonido, nos recibe en medio de la vorágine de ensayos para desentrañar las claves de uno de los títulos más conocidos del compositor, y predisponer al público ante un montaje atípico, casi ‘zen’, firmado por Gilbert Deflo, que huye de las distracciones superfluas para centrarse en las voces y los personajes.


Siempre se ha dicho que para ‘Il Trovatore' se necesitan los cuatro mejores cantantes del mundo ¿Está de acuerdo?

Todas las óperas, y en especial las verdianas son difíciles. Con ‘Il Trovatore’ se da comienzo a una nueva concepción del drama.

¿Por qué?

Porque busca más conectar con el espectador. Con la trilogía ‘Rigoletto’- ‘Traviata’- ‘Trovatore’ Verdi imprime un mayor ritmo a la acción sin olvidar el aspecto musical.

¿Por qué aún hoy es uno de los dramas que emociona más al público?

La belleza de ‘Il Trovatore’ reside que en cualquier momento existe un estímulo musical importante que, además, cambia constantemente. Esto provoca que el espectador esté siempre atento a la ópera. Está moviéndose siempre entre dos mundos opuestos: el amoroso o lírico, y el heroico potente, y mantiene el equilibrio perfectamente.

El papel de Manrico es muy complicado, sobre todo porque el público espera que llegue a “Di quella pira” en plenas facultades cuando está casi al final de la ópera…

Verdi siempre exige muchísimo a los cantantes. La dificultad de mi papel viene desde el inicio del tercer acto. A partir de aquí Manrico comienza a moverse en el aspecto amoroso, y en un momento se convierte en heroico. La dificultad está en cambiar la actitud tan rápido como la partitura. La ‘Pira’ es trágica, y Manrico experimenta una ebullición de sentimientos que desencadenan en esta cabaletta.

Sin embargo, todavía queda el final, que es aún más duro si cabe…

El último acto es un germen del futuro ‘Otello’: muy intenso dramáticamente, y con un fortísimo episodio de celos en Manrico muy parecido al del drama de Shakespeare. El libretto deja la poesía a favor del lenguaje llano y duro. Pero de nuevo, todo vuelve a cambiar a favor de la reconciliación de Leonora y Manrico. Todo es muy rápido y muy emocional para los intérpretes

Se acusa al libretto de Cammarano de confuso y complicado…

En líneas generales todo depende de cómo venga representado; la historia la conoce la gran mayoría del público. Es una ópera corta, en dos horas y media se puede tener finiquitada, y yo la comparo como un libro absorbente, adictivo, que se lee del tirón, sin pausa, aunque en Oviedo se ha establecido un descanso entre el segundo y tercer acto.

¿Cuál es la visión de Gilbert Deflo, director de escena?

Yo sitúo a Deflo en un término medio entre el clasicismo de Franco Zeffirelli y la modernidad de un Calixto Bieito, por ejemplo. Se mueve como una bisagra, y toma de una u otra corriente lo que le interesa, sin distraer al público, y siempre respetando el canto. En Oviedo veremos una escena casi vacía, apoyada en telones y juegos de luces.

¿Eso implica una mayor responsabilidad para los cantantes?

Sí, es una gran dificultad, porque los cantantes no suelen ser grandes actores (si exceptuamos a gente como Plácido Domingo), igual que los actores no suelen ser grandes cantantes. Aquí tenemos que ser ambas cosas porque la escena somos nosotros.

¿Hacia dónde se decanta su Manrico, hacia el canto o hacia la actuación?

El canto, sin duda. Cuando leo críticas mías prefiero leer “una gran voz, algo limitado escénicamente” que “un gran actor, pero con poca voz”. El canto es lo fundamental de la ópera, el resto es accesorio. Debo transmitir un Manrico de una cierta credibilidad y debo ser un personaje vivo, por supuesto, pero estoy al servicio del Maestro, de la orquesta y, sobre todo, del público, a quien tengo que emocionar con la voz.

¿Se respetará la partitura original o se introducirán algunos cambios?

Existen ciertas variaciones no escritas por Verdi que, sin embargo, fueron aceptadas por el propio compositor, como el ‘Do de pecho’ en “Di quella pira”, que no existe, en realidad es un La. Sin embargo, por tradición y espectacularidad, se hace. Igualmente se han realizado pequeños cortes, mínimos, referentes a repeticiones de cabalettas que no aportan nada y detienen la acción, para hacer el drama más fluido.

Esta es la vigésimo primera vez que se representa ‘Il Trovatore’ en Oviedo, casi un año de cada tres en la historia de la Ópera asturiana se ha programado esta ópera. ¿Se puede aportar algo?

Si uno echa la vista atrás y lee los grandes nombres que han pasado por el Campoamor puede entrar vértigo. Sin embargo, en todos estos años, el canto ha evolucionado en aspectos técnicos –la manera de cantar no es la misma- y en aspectos teóricos –el diapasón está más agudo ahora y todo suena más brillante-. Las visiones escénicas también han cambiado, y ahora los espectáculos son más completos. Somos hijos de nuestro tiempo.

'Il Trovatore', la voz como protagonista





2/10/2010

Drama romántico en su máxima expresión, la producción de ‘Il Trovatore’ de Giuseppe Verdi que el próximo viernes llega a Oviedo procedente del Liceu de Barcelona –y que supondrá la vigésimo primera vez que se represente este título en el Campoamor- propone una lectura desnuda, casi vacía en lo escénico firmada por Gilbert Deflo. Y, sobre todo, dará preponderancia a las voces de Dalibor Jenis (Conde de Luna), Hui He (Leonora), Elisabetta Fiorillo (Azucena) y Walter Fraccaro (Manrico) en cuatro representaciones los días 8, 11, 14 y 17 de febrero. Además, una quinta representación el día 16 recupera por tercer año consecutivo el segundo reparto, con precios populares y voces jóvenes, en concreto las de Damiano Salerno, Carmen Solís, María Luisa Corbacho y Josep Fadó. En el foso, la Oviedo Filarmonía contará también con dos batutas, la de Julian Reynolds en el primer ‘cast’ y Andrés Juncos en el segundo, lo que aportará dos lecturas diferentes en cada elenco.


“Para tener éxito con ‘Il Trovatore’ sólo hace falta una cosa: los cuatro mejores cantantes del mundo”, reza una de las más famosas frases de la historia de la ópera, que algunos atribuyen al tenor Enrico Caruso y otros al director Arturo Toscanini. La importancia de la voz por encima de cualquier otro elemento en esta ópera de Verdi queda de manifiesto desde el momento en que el autor se planteó estrenarla como pieza de concierto, sin escena, ya que creía que sólo con su música podía llegar a crear el espectáculo que buscaba. Así lo ha entendido el escenógrafo Gilbert Defló, que trae a Oviedo la misma versión que se pudo ver en el Liceu de Barcelona la temporada pasada. Una escena basada en telones pintados, en la iluminación, y en la contraposición de colores fríos y cálidos que representan las dos partes del conflicto político que subyace del libreto firmado por Salvatore Cammarano, creado a partir de la obra teatral cumbre del gaditano Antonio García Gutiérrez.

Al año siguiente de ‘Don Álvaro o la fuerza del sino’ del duque de Rivas –obra que también sería adaptada por Verdi para los teatros de ópera- se estrenabaEl Trovador’, de Antonio García Gutiérrez, obteniendo un enorme éxito, mayor que el de ‘Don Álvaro’, porque salpicaba sus escenas en verso y prosa con elementos románticos incorporados a una misterio que mantiene el interés del principio al fin. Los amores del trovador Manrique, hijo de una gitana, y Leonor, pretendida también por el conde de Artal, terminan en el suicidio de la doncella y la muerte del trovador, con la posterior aclaración de la gitana Azucena de que los pretendientes eran hermanos.

La truculenta historia de García Gutiérrez, que incluía todos los tópicos románticos -pasión desbordada y frenética, la brujería, la magia, el oscurantismo, los temas y personajes de la Edad Media y en general cualquier tipo de exceso de emotividad- sirvió de inspiración a Verdi para crear una música de carácter oscuro, tenebroso y nocturno. Desde su primera representación suscitó el entusiasmo del público, convirtiéndose muy pronto en una de las obras más interpretadas y apreciadas de todo el repertorio operístico. Aun así, a lo largo del siglo XX no han faltado las críticas, dirigidas sobre todo contra el libreto de Cammarano, considerado uno de los más caóticos de la historia de la ópera.

Ésta es la segunda ópera del periodo medio de la producción verdiana formada por ‘Rigoletto’ (1851), ‘Il Trovatore’ ( 1853) y ‘La Traviata’ (1853). Las óperas de esta trilogía inician un distanciamiento definitivo respecto de todo lo que suponen las obras del primer romanticismo; si bien ‘Il Trovatore’ es la menos evolucionada de las tres. La típica división por números (recitativo, aria y cabaletta) empieza a no ser esencial, y en las escenas predomina la continuidad. La densa obertura del primer romanticismo deja paso a un preludio más o menos breve. Sin embargo en Il Trovatore la trama continua siendo medieval y existe el típico triángulo amoroso entre un tenor y una soprano, entre los que se interpone un barítono rival.

La obra posee algunos de los momentos más recordados de la historia del género, entre ellos la presentación de la gitana Azucena (“Stride la Vampa”), el coro de gitanos (“Vedi! Le fosche notturne spoglie”), y, sobre todo, la cabaletta de Manrico “Di quella pira”, auténtico ‘tour de force’ para el tenor solista, donde alcanza el agudísimo y ya mítico ‘Do de Pecho’ que Verdi jamás incluyó en la partitura, pero que la tradición lo ha convertido en indispensable.

Los papeles principales en Oviedo están cubiertos por voces contrastadas y de amplia experiencia en este repertorio. Destaca el debut de la soprano china Hui He en Oviedo, y la presencia del tenor italiano Walter Fraccaro una voz que destaca por el brillo de sus agudos, y que en el papel de Manrico tendrá oportunidad de demostrar su valía verdiana ante el público asturiano. Completan el cuarteto protagonista la mezzo Elisabetta Fiorillo en el complicado rol de la gitana Azucena, el más duro en el aspecto psicológico y el que exige una mayor capacidad actoral, y Dalibor Jenis como el Conde de Luna, rival de Manrico.

Estrenado el 19 de enero de 1853, el éxito de ‘Il Trovatore’ fue mucho mayor de lo que se hubiera podido imaginar. El compositor debió salir a escena decenas de veces para ser ovacionado y cubierto de una corona de hojas de laurel entrelazada con cintas rojas.

La Gazzetta Musicale de Roma, tras el estreno de ‘Il trovatore, definió como celestial la música de esta ópera, y comentó así el rotundo éxito:El maestro Verdi ha conseguido un hermoso triunfo, merecido, porque ha escrito un género nuevo e identificado con los caracteres castellanos. El público escuchaba en medio de un silencio religioso todas las piezas, e irrumpía en aplausos en cada intervalo entre un acto y otro. El final del tercer acto y el cuarto entusiasmaron de tal manera que la gente quería a toda costa que se repitieran.

Tras el declive del entusiasmo wagneriano que dio lugar en los años veinte del pasado siglo, al fenómeno cultural de la recuperación de Verdi, Il Trovatorese convirtió en polémico objeto de exagerado desprecio o exagerada admiración. El más absurdo y el más enloquecido de los melodramas, lacerado entre apasionada desesperación y sumaria brutalidad, con una partitura de carácter popular, sin implicaciones psicológicas, se convirtió en el símbolo del primer estilo verdiano, contrapuesto a la estudiada perfección de las posteriores obras maestras basadas en la producción de Shakespeare.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Entrevista a Forma Antiqva





18/ 09/2010

“El pop, el rock y el jazz son herederos directos de la música antigua”

Los hermanos Pablo, Daniel y Aarón Zapico constituyen el germen de Forma Antiqva, uno de los conjuntos de cabecera a la hora de afrontar repertorios de música antigua con carácter historicista. Su bagaje nacional es intachable, habiendo alcanzado los más prestigiosos escenarios y festivales: Teatro Real de Madrid, Auditorio de Barcelona, Semana de la Música Religiosa de Cuenca… y su incipiente recorrido internacional incluye ya América Latina, Japón China, Australia y buena parte de Europa. Durante estos días se encuentran en Asturias, su tierra, en el foso del Teatro Campoamor, para las representaciones de ‘L’incoronazione di Poppea’.


¿Qué reacción esperan del público ovetense ante una ópera tan poco usual para ellos?

Ante cualquier espectáculo que se sale de la ‘corriente principal’ la gente tiene que venir con un punto más de receptividad. Aún así lo consideramos una ópera de las más modernas que hay.

¿Por qué?

Por el tratamiento de la armonía y del ritmo, el texto… el tema de las pasiones y el ascenso al poder a través del sexo y la lujuria, y el erotismo, que impregna todo, son temas de total actualidad. Que sea con instrumentos originales o que en realidad se trate de una obra barroca son factores que tienen su importancia, pero no son definitivos.

¿Cuáles son para ustedes las características más reseñables del lenguaje de Monteverdi?

Se resume en una frase: el poder de la palabra. Basa toda su música en potenciar el texto. Posee muchas sutilezas rítmicas, juegos armónicos y rapidez en la declamación, todo para favorecer a la acción.

¿A qué se creen que se debe este auge del barroco que se está viviendo?

El hombre es un animal, y siempre vuelve a lo primitivo y a lo más natural. Esta música no es artificiosa, no se aleja del propio ser humano: respiración, tempo, declamación… todo es muy orgánico. En cierta manera, es muy parecida a toda la música que escuchamos ahora: pop, rock o jazz (siempre dentro de unos mínimos de calidad) son herederos directos de la música antigua.

Cada vez existen más festivales dedicados a esta música…

Cierto, cada vez hay más festivales porque cada vez hay más intérpretes que se especializan en este tipo de música, no sólo por el atractivo de los instrumentos antiguos, sino porque es un repertorio que nos resulta muy cercano, aunque nunca se haya escuchado anteriormente. Pasa con la moda y pasa con la música: se trata de volver a la génesis.

¿Cuánto hay de verdad en la interpretación ‘historicista’ y cuánto de aportación de los intérpretes?

Para potenciar al máximo estas obras necesitas tener un diapasón específico, un temperamento específico y unos instrumentos específicos. A partir de ahí, nunca se puede saber con rotundidad cómo sonaba en aquella época. Procuramos basarnos en tratados, pero, por ejemplo, en algunos de ellos se prohíben determinadas prácticas. Y, si se prohíben, es porque en realidad se hacían. Hay que tener cuidado, porque teoría práctica no siempre coinciden. A partir de ahí, ofrecemos nuestra opción, por eso se llama ‘interpretación’.

Eso aporta un sello personal

En Forma Antiqva siempre hemos sido conscientes de no recrear, sino de ofrecer nuestra visión sincera. Sería absurdo negar las influencias que tenemos por nuestra edad, por la música que escuchamos, e incluso porque cada vez vamos especializándonos más e incorporando estos conocimientos a nuestras interpretaciones.

Ustedes tres constituyen la formación básica de Forma Antiqva, sin embargo, en el foso encontraremos más músicos

Somos 20 personas en total. Nosotros, con nuestros instrumentos somos continuistas. Completamos la parte de continuo para hacerla más rica con violas de gamba, pero además necesitamos instrumentos melódicos (violines, cornetas…). En la música antigua generalmente no hay una platilla estable, sino que nos vamos sirviendo de gente cuya calidad tenemos contrastada para los diferentes proyectos.

¿Dónde se encuentran más cómodos, en el escenario o en el foso?

Encima del escenario es más cómodo, porque el foso demanda un extra de atención, ya que la escena puede estar lejos, el recitativo puede no oírse bien desde nuestra posición. Son roles diferentes. En la ópera la palabra ‘acompañar’ adquiere su máxima expresión, y en la música de cámara hay más libertad, son piezas que se pueden ensayar más, y el diálogo que se establece en el escenario es entre nosotros, y no con cantantes a los que no conocemos tanto.

Echando la vista atrás, ¿cómo han evolucionado a lo largo de los más de diez años que llevan como formación?

Paso a paso. Cuando formamos el grupo estábamos empezando la especialización, y tuvimos que recorrer todos los peldaños uno a uno, no es como un grupo que reúne a expertos intérpretes desde el comienzo. A la vez que íbamos descubriendo nuestra profesión, íbamos creciendo como grupo.

¿Cómo fueron esos comienzos?

Nuestro primer concierto fue en una sidrería, pero también llegamos a tocar en la cárcel. Todos los sitios posibles que se puedan imaginar como lugar de concierto los hemos recorrido. Si todavía hoy es raro ver un clave en Asturias, a finales de los 90, cuando empezamos, era casi impensable. No sabíamos dónde ir a estudiar y todo era un gran laboratorio para nosotros.

Y llegaron los conciertos en el Real, giras por el extranjero, las portadas en revistas especializadas… ¿Cómo lo viven?

Como todo ha sido muy progresivo, uno no se da cuenta hasta que le hacen una pregunta como ésta. Cuando empezamos a mirar para atrás nos damos cuenta de todo, y ni en nuestros mejores deseos habríamos pensado algo así, nunca nos marcamos ninguna meta. Pero cuando pensamos en todo lo recorrido, el sentimiento es de satisfacción y orgullo por haberlo conseguido con nuestro esfuerzo.

Ustedes también se distinguen por la recuperación del patrimonio del Patrimonio, por ejemplo de los archivos de la Catedral de Oviedo.

La recuperación de Patrimonio es muy difícil. Llevamos unos cinco años intentando plasmar ese proyecto en disco y editar las partituras, pero de momento no ha habido manera de llevarlo a buen puerto. Cuando a estaba por estrenarse en Madrid –es un poco triste tener que ir a Madrid para estrenar la música de la Catedral de Oviedo- se volvió a suspender por diversos problemas.

¿Creen que se valora esa actividad?

Realmente no hay conciencia de recuperación, pero no sólo en Asturias. Salvo excepciones como Andalucía o Cataluña, es una verdadera lástima, porque existe un gran vacío en la música antigua española, ya que parece que todo termina con Tomás Luis de Victoria, y por supuesto no es así. Hay muchos tesoros ocultos que colocarían a España a la cabeza en este tipo de repertorios.

¿Qué papel ocupan las grabaciones en su actividad?

Surgen de la necesidad de que el grupo sea algo físico. Suponen un cambio de mentalidad, porque en las grabaciones la interpretación varía, ya que tiene que gustar ahora, pero también dentro de cinco o diez años. Además, el público puede ser o no especializado en el tema.

¿Son económicamente rentables?

No dan grandes satisfacciones económicas, pero sí mantienen al grupo vivo durante el periodo en el que el disco aparece en las revistas, tiene comentarios, críticas… Y esto nos permite tener un producto que presentar a programadores para conseguir conciertos. Cada disco tiene su camino, hasta que es reemplazado por el siguiente. Con ellos expandimos el nombre, ya que gracias a la tecnología están disponibles en plataformas como iTunes o Spotify.


(Foto: www.facebook.com/formaantiqva)

sábado, 11 de septiembre de 2010

LXIII Temporada de la Ópera de Oviedo: la Temporada de la crisis




11/09/2010

LXIII Temporada de la Ópera de Oviedo

Arranca la Temporada de la crisis

Auténtico encaje de bolillos. Con la reducción presupuestaria sufrida por la Ópera de Oviedo, la intención de mantener los cinco títulos y la condición de no entrar en números rojos, la Temporada 2010- 2011 levanta el telón, casi milagrosamente, con títulos que siguen la línea marcada en los últimos años. Propuestas arriesgadas cono ‘La coronación de Poppea’ (Monteverdi) o ‘Katia Kavanová’ (Janácek), que se salen del repertorio más tradicional, conviven con títulos de sobra conocidos por el público, ‘Il Trovatore’ (Verdi) o ‘El elixir de amor’ (Donizetti), y con la recuperación de una de las producciones más valoradas por el público, el ‘Tristan e Isolda’ (Wagner) estrenado en 2007. Contentar a todos es imposible. Continuista o no, lo cierto es que se abarcan 279 años de historia del género (desde el estreno de ‘Poppea’ en 1642 hasta el de ‘Katia Kavanová’ en 1921) y varios estilos que van desde la ópera bufa de Donizetti hasta el drama decimonónico de Verdi, el nacionalismo checo de Janácek, el barroco de Monteverdi y el ‘Arte Total’ wagneriano.


L’ incoronazione di Poppea (Claudio Monteverdi)

18, 19, 21 y 22 de septiembre

Se suele considerar a Claudio Monteverdi (1567- 1643) como el padre de la ópera tal y como la conocemos actualmente, para la cual estableció las bases con su ‘Orfeo’ estrenado en 1607. Sin embargo, el mérito de Monteverdi fue consolidar un género que ya había nacido unos años antes, en 1597, con el estreno de ‘Dafne’ de Jacopo Peri, en un intento por revivir el drama musical griego, al menos tal y como se suponía que era en la Florencia renacentista.

Sea como fuere, el instaurador de los cánones que, aunque evolucionados, constituyen la base de la ópera hoy en día fue Monteverdi con sus obras, de las cuales sólo se conservan tres: ‘L’Orfeo’ (1607), ‘Il ritorno d'Ulisse in patria’ (1641) y ‘L’ incoronazione di Poppea’, que será la encargada de abrir la Temporada de Ópera en Oviedo.

‘L’ incoronazione di Poppea’, constituye la última obra de Claudio Monteverdi, y fue estrenada en el Teatro dei Santi Giovanni e Paolo (Teatro Grimani) de Venecia en el carnaval de 1642. Es una de las primeras obras representadas fuera de los salones aristocráticos, para un público que pagaba su entrada. Quizá por eso, Monteverdi hizo en ella una amalgama de géneros para todos los públicos, desde la comedia grotesca hasta el lirismo sublime. El autor del libreto, Giovanni Francesco Busenello, inspirándose en los ‘Anales’ de Tácito y ‘Las vidas de los doce césares’ de Suetonio, cuenta las turbias maniobras empleadas por Poppea para satisfacer su implacable ambición: ser coronada emperatriz.

El tema central es el amor triunfante de Nerón y Poppea, aún a costa de la virtud. Resulta desconcertante aún desde los criterios actuales, contemplar la amoralidad cínica de Poppea, quién logra su objetivo de consagrarse emperatriz, provocando en el camino la muerte de Séneca y el exilio de Octavia y su anterior marido Otón. Esto puede explicarse por el hecho de que Busenello, miembro de la aristocrática y libertina Accademia degli Incogniti, escribió un libreto lleno de ironía, sobre un tema conocido por el público veneciano del siglo diecisiete, quienes probablemente estaban familiarizados con el relato de Tácito y la vida de Séneca.

Musicalmente lo más admirable de esta partitura es el uso de la polifonía derivada de la música sacra, y de los episodios madrigalescos que, junto a los números cómicos, alivian la tensión de los recitativos secos. La calidad de la música, la expresión de las emociones y la perfección de los números cerrados hacen de ‘L’ incoronazione di Poppea’ la obra maestra de Monteverdi.

La nueva producción que llega al Campoamor, bajo la dirección del asturiano Emilio Sagi, cuenta con la participación de la orquesta Forma Antiqva, centrada alrededor de los hermanos Pablo, Daniel y Aarón Zapico, que se ha convertido en la cabeza visible de la nueva generación de intérpretes de música antigua en España. A la batuta, Kenneth Weiss, su principal director invitado, y en el reparto, liderado por la navarra Sabina Puértolas (Poppea) destacan los nombres de Max Emanuel Cencic (Nerón), Christianne Stotijn (Octavia), Xavier Sabata (Otón) y Felipe Bou (Séneca).


Il Trovatore (Giuseppe Verdi)

8, 11, 14, 16 y 17 de octubre

Recién llegada del Gran Teatre del Liceu, desembarca en Oviedo esta coproducción entre el teatro barcelonés, el asturiano y los teatros Capitole de Toulouse y La Llotja de Lleida, bajo la dirección escénica de Gilbert Deflo, que devuelve a la vida el mito español creado a partir de la obra teatral cumbre del gaditano Antonio García Gutiérrez, convertida a libreto operístico por Salvatore Cammarano. ‘Il Trovatore’ pertenece a la llamada ‘trilogía popular’ verdiana, compuesta en poco más de dos años, entre noviembre de 1850 y marzo de 1853, y que incluye Rigoletto, Il TrovatoreyLa Traviata.

La truculenta historia de García Gutiérrez, que incluía todos los tópicos románticos - pasión desbordada y frenética, la brujería, la magia, el oscurantismo, los temas y personajes de la Edad Media y en general cualquier tipo de exceso de emotividad- sirvió de inspiración a Verdi para crear una música de carácter oscuro, tenebroso y nocturno. Desde su primera representación suscitó el entusiasmo del público, convirtiéndose muy pronto en una de las obras más interpretadas y apreciadas de todo el repertorio operístico. Aun así, a lo largo del siglo XX no han faltado las críticas, dirigidas sobre todo contra el libreto de Cammarano, considerado uno de los más caóticos de la historia de la ópera.

A pesar de las críticas negativas hacia la música y el libreto, el derroche auténticamente prodigioso de melodías inolvidables hace de esta ópera una de las favoritas del gran público. El maestro italiano Arturo Toscanini comentaba que este drama verdiano precisaba de los cuatro mejores cantantes del mundo para hacer justicia a la partitura.

Para solventar esta difícil empresa, las cuatro primeras representaciones contarán con un primer reparto que presenta los nombres de Dalibor Jenis (Conde de Luna), Hui He (Leonora), Elisabetta Fiorillo (Azucena) y Walter Fraccaro (Manrico). Además, una quinta representación recupera por tercer año consecutivo un segundo reparto, con precios populares y voces jóvenes, en concreto las de Damiano Salerno, Carmen Solís, María Luisa Corbacho y Josep Fadó. En el foso, la Oviedo Filarmonía contará también con dos batutas, la de Julian Reynolds en el primer ‘cast’ y Andrés Juncos en el segundo, lo que aportará dos lecturas diferentes en cada elenco.

La obra posee algunos de los momentos más recordados de la historia del género, entre ellos la presentación de la gitana Azucena (“Stride la Vampa”), el coro de gitanos (“Vedi! Le fosche notturne spoglie”), y, sobre todo, la cabaletta de Manrico “Di quella pira”, auténtico ‘tour de force’ para el tenor solista, donde alcanza el agudísimo y ya mítico Do de Pecho.

Tras el declive del entusiasmo wagneriano que dio lugar en los años veinte del pasado siglo, al fenómeno cultural de la recuperación de Verdi, Il Trovatorese convirtió en polémico objeto de exagerado desprecio o exagerada admiración. El más absurdo y el más enloquecido de los melodramas, lacerado entre apasionada desesperación y sumaria brutalidad, con una partitura de carácter popular, sin implicaciones psicológicas, se convirtió en el símbolo del primer estilo verdiano, contrapuesto a la estudiada perfección de las posteriores obras maestras basadas en la producción de Shakespeare.


Katia Kavanová (Leos, Janácek)

21, 23, 25 y 27 de noviembre

La apuesta más arriesgada de la temporada llegará en el mes de noviembre con la presentación en Oviedo de la ópera ‘Katia Kavanová’, considerada obra de madurez de uno de los adalides del nacionalismo checo de principios de siglo, Leos Janácek. Tanto la dureza de su argumento -basado en ‘La tormenta’, un drama de Alexander Ostrovsky que trata con crudeza la infidelidad y el suicidio- como su lenguaje musical expresionista y su idioma (es cantada en checo) parecen, a priori, grandes dificultades para el público ovetense. Sin embargo, la historia de temporadas anteriores demuestra que estas grandes apuestas son los grandes aciertos para una ópera que necesita de novedades en su repertorio como el comer: ahí están los recientes éxitos de las óperas de Richard Strauss, Benjamin Britten, Francis Poulenc o Igor Stravinsky, compositores que aún hoy inexplicablemente son considerados ‘modernos’.

La ópera trata del drama de la joven y sensible Katia, quien representa el arquetipo de mujer oprimida por las leyes de su propia moralidad y que ha realizado un matrimonio de conveniencia con un joven dominado por una madre autoritaria. Ahogada por este ambiente opresivo, intentará realizar sus sueños pero su conciencia le impedirá romper con su entorno social y con su matrimonio con un hombre mediocre, débil, frío y totalmente dominado por su madre y por los prejuicios de clase. Katia vive el amor rejuvenecedor y adúltero de un hombre que parece comprenderla, pero que no puede decidirse a liberarla y a liberarse él mismo. La violencia natural de una tormenta que estalla a orillas del río despierta en el alma de Katia un temporal, una discordia de los sentimientos tan desgarradora que da fin a su existencia sin salida con un salto en el Volga.

La fuerza de la historia y, sobre todo, la capacidad psicológica de la música escrita por Janácek, que describe la naturaleza y su potencia así como las emociones en el alma de los personajes incluyendo melodías populares, otorgan a la obra un tono sombrío, trágico, aquel que imprime un destino inevitable. Janácek describe el sufrimiento de Katia de una manera conmovedora, su gran monólogo final se cuenta entre las escenas de ópera imperecederas.

Además, sobre toda la obra plantean problemas sociales, prejuicios que pesaban sobre la vida de los habitantes del campo eslavo, y, sobre todo, se encuentra teñida de tintes autobiográficos, reflejando fielmente la relación del compositor con su amante, Kamila Stösslová.

Esta ‘Katia Kavanová’ supondrá, además, la vuelta de Max Valdés al frente de la Orquesta Sinfónica del Principado tras haber abandonado su titularidad este año, y al foso del Campoamor dos años después de su brillante lectura de los ‘Dialogues de Carmélites’ en septiembre de 2008, para un repertorio en el que el maestro chileno se mueve cómodamente. El elenco vocal presenta a Janice Watson como Katia, acompañada de Vladimir Matorin como Dikoi, Ludovit Ludha como Boris, Judith Frost como Kabanija y Donald Kaasch como Tijon, en un montaje procedente de la Opera North de Leeds, dirigido por Tim Albery.


L’elisir d’amore (Gaetano Donizetti)

12, 14, 17, 18 y 19 de diciembre

El alivio cómico a las tres tragedias vividas con anterioridad en la Temporada lo pondrá ‘L’elisir d’amore’ obra cumbre del llamado género bufo junto con ‘Il barbiere di Siviglia’ (Rossini) y ‘Le nozze di Figaro’ (Mozart). Además, ‘L’elisir d´amore’ no sólo es una de las obras maestras del género bufo, sino que, además, es una de las óperas más perfectas y menos irregulares de Donizetti, cosa bastante singular en su numeroso y descuidado catálogo. Musicalmente es una obra llena de lirismo, comicidad, riqueza melódica y cuidada orquestación, que posee una de las páginas más bellas y demandadas del repertorio para tenor, el aria “Una furtiva lagrima”

Donizetti emplea para la obra una fórmula nueva, que parte de algunos de los elementos desarrollados por Rossini en su repertorio bufo, pero tejidos con una nueva sensibilidad y melancolía románticas. La obra se inscribe así en un género denominado ópera semiseria, donde han desaparecido ya los personajes serios de antiguos modelos, pero donde alguno de los protagonistas, en concreto Nemorino, presenta una tristeza melancólica extraña hasta entonces al género bufo.

En Donizetti se produce una vuelta a la sátira de costumbres típica del setecientos pero con mayor variedad y profundización en los personajes. Mientras que los personajes rossinianos presentan una cierta dignidad burguesa, con Donizetti se asiste a la recuperación de las figuras populares de la ópera bufa napolitana. De este modo, explota la comicidad del bajo, como si se retomase la fórmula desde ‘La serva padrona’ de Pergolesi.

De nuevo la Ópera de Oviedo retoma la idea del segundo ‘cast’, por segunda y última vez en la Temporada, aunque esta vez la batuta no variará, será la del madrileño José Miguel Pérez Sierra ya conocido del Campoamor en su temporada de Zarzuela y que se presenta por primera vez en la Ópera dirigiendo a la Oviedo Filarmonía, con un amplio bagaje en el género, que incluye el haber sido el director más joven de la historia del Festival Rossini de Pésaro, cosechando un éxito unánime de público y crítica.

La escena, firmada por Daniel Slater, traslada la acción de la plaza del pueblo a un hotel regentado por Adina. En el reparto principal, las voces de Patrizia Ciofi (Adina), Ismael Jordi (Nemorino), Rodion Pogossov (Belcore) y Giorgio Surjan (Dulcamara) compondrán el cuarteto protagonista, que será relevado en la última función, fuera de abono, por Auxiliadora Toledano, Mikeldi Atxalandabaso, Marc Canturri y Luis Cansino.

Destacar los memorables de esta partitura es realmente difícil. La imaginación de Donizetti es asombrosa, y más si se tiene en cuenta la leyenda que dice que la ópera fue compuesta en sólo dos semanas (la realidad es más benévola, en realidad fueron seis, lo que no deja de ser un récord), aunque se podrían destacar la presentación del charlatán Dulcamara (“Udite, udite”), la del enamorado Nemorino (“Quanto e bella”) o la Barcarola “Io son ricco, tu sei bella”, auténtica parodia, aparentemente simple pero llena de intención, de la ópera dieciochesca. L´elisir d´amore’, a pesar de estar plena de situaciones humorísticas, deja un poso de nostalgia y hermosa sensibilidad, del que resulta una comedia donde brilla con luz propia "una furtiva lágrima".


Tristan und Isolde (Richard Wagner)

27 y 30 de enero, y 2 y 5 de febrero de 2010

Para el cierre de Temporada se reserva la recuperación de uno de los montajes más aplaudidos, el de la ópera de Wagner ‘Tristán e Isolda’. Se trata de una producción propia de la Ópera de Oviedo (lo que ayuda a controlar el gasto en estos momentos de crisis) y presentado en septiembre de 2007 con gran éxito, algo de gran mérito, ya que la mastodóntica obra de Wagner alcanza las cinco horas de duración. Firmado por Alfred Kirchner, aporta una visión abstracta en lo escénico con gran predominio de las formas geométricas y el juego de luces, con el mar como telón de fondo.

‘Tristán e Isolda’ supuso toda una revolución en la música. Sus cuatro primeras notas son las más analizadas de la historia, creando el famoso ‘Acorde de Tristán’, una entidad sonora que aún hoy sigue generando discusiones sobre su verdadero propósito y naturaleza. Sólo con ese comienzo, Wagner consiguió una cantidad de tensión tal que aún hoy genera polémica. A partir de aquí, el continuo uso del cromatismo y las consiguientes disonancias generadas, estiraron hasta el extremo los límites de la tonalidad clásica, dejándola al borde de su disolución, tal y como ocurrió en el siglo XX.

Wagner escribió el libreto basándose en el romance de Gottfried von Strassburg, que a su vez se basa en la leyenda medieval de Tristán, trasmitida en francés por Thomas de Bretaña, siguiendo la tradición romántica de buscar en los romances medievales una fuente de inspiración para los argumentos de las óperas. Muchos críticos wagnerianos de la época consideraban que esta ópera representaba el cenit de la música occidental; por otro lado, otro grupo influyente de críticos, centrados alrededor de Eduard Hanslick, la tachaba de incomprensible.

La Oviedo Filarmonía aparecerá por tercera vez en el foso, acaparando más de la mitad de la temporada y asentándose como orquesta de referencia en el Campoamor, con su titular, Friedrich Haider al frente. En el reparto, los nombres de Robert Dean-Smith (Tristán), Elisabete Matos (Isolda), Felipe Bou (Rey Marke), Gerd Grochowski (Kurwenal), Javier Galán (Melot) y Petra Lang (Brangäne) darán vida a los protagonistas de esta ‘Gesamtkunstwerk’ (‘Obra de Arte Total’), como a Wagner le gustaba denominar a sus dramas musicales, ya que en ellos conjugaba todos los aspectos: música, teatro y artes visuales, a la manera, según él, del teatro griego. Wagner era muy crítico con el tipo de ópera imperante en su época, a la que acusaba de centrarse demasiado en la música, a la que se subordinaban los demás elementos, en especial el drama. Por ello, concedía gran importancia a los elementos ambientales, tales como la iluminación, los efectos de sonido o la disposición de los asientos, para centrar toda la atención del espectador en el escenario, logrando así su completa inmersión en el drama. Estas ideas eran revolucionarias en su momento, pero pronto pasaron a ser asumidas por la ópera moderna.

sábado, 31 de julio de 2010

Opinión: '¡Viva la Zarzuela!'




31/07/2010

De Soles que no brillan y funciones de colegio


Canta la Capilla Polifónica en la celebérrima ‘Mazurca de las Sombrillas’ perteneciente a la ‘Luisa Fernanda’ de Torroba “abra usted el quitasol, para que no se muera de celos el sol”. E, ironías de la vida, los hombres mueven su brazo hacia arriba en una coreografía que señala directamente hacia el palco donde se sitúa Gabino de Lorenzo. Este moderno Rey Sol, omnipotente en su facultad de ‘experto’ en zarzuela, al que sólo cabe preguntarle ¿realmente le gusta esto?

Porque la antología lírica presentada el pasado fin de semana y que se prolongará hasta mediados de agosto durante diez funciones es un ejemplo de cómo recuperar toda la ‘caspa’ de la lírica española contra la que tanto se ha luchado. No hace falta más que repasar la temporada 2010 para darse cuenta que Oviedo estaba a la cabeza de la revitalización de un género en otro tiempo prostituido hasta la saciedad y tomado como referente de la ‘España Cañí’: el alarde de imaginación y humor propuesto por Paco Mir (miembro de Tricicle) en ‘Los Sobrinos del Capitán Grant’, la espectacularidad de ‘La Viejecita’ y Chateau Margaux firmados por Lluís Pasqual (ganador del Premio Lírico a la mejor producción), o el preciosismo y colorido en la escena de Luis Olmos para ‘Doña Francisquita’ dejaron un nivel altísimo, que colocaba a Oviedo como segundo festival lírico más importante de España, sólo por detrás del Teatro de la Zarzuela de Madrid. Pero aquí comenzaron los problemas. La temporada sufrió un duro revés con la recuperación del montaje de ‘Los Gavilanes’ pixuetos de Arturo Castro -por otra parte, una de las zarzuelas favoritas de Gabino de Lorenzo, repuesta hasta la saciedad en múltiples versiones- y esta ¡’Viva la Zarzuela!’ no hace sino refrendar la poca capacidad para el teatro musical de Castro.

Porque Arturo Castro –director de Teatro Margen- ha mostrado su gran valía para el teatro puro, desnudo, pero su nulo conocimiento musical por no tener en cuenta las necesidades de los cantantes, por falta de imaginación y desaprovechamiento de recursos. Por recurrir a manidos clichés, trillados hasta la saciedad, que recuerdan a las producciones ambulantes que José Luis Moreno todavía perpetra por toda España. Por redundar en las mismas ideas de luces y sombras, de pantomimas en contraluz, y el abuso de las proyecciones para llenar -ineficazmente- una escena.

Por supuesto que hay cosas buenas, buenísimas. El elenco vocal es espectacular, y la dirección musical de Ramón Tebar, precisa e imaginativa. Todos ellos, junto con el coro y las formaciones de baile demuestran su total profesionalidad en situaciones que rayan el ridículo. No hay más que recordar a miembros la Capilla Polifónica cantar el divertido Pasacalle de ‘El año pasado por agua’ de Chueca moviéndose adelante y atrás con monumentos de cartón en su cabeza que representan emblemas de Madrid: el Oso y el Madroño, Cervantes y Velázquez, o los leones del Congreso de los Diputados se pasean junto a bailarines haciendo de farolas y grupos de chulapos. E irremediablemente remiten a las funciones de navidad en los colegios de primaria, donde los niños hacen de árbol, de oveja o de estrella.

Chistes propios de películas de Paco Martínez Soria se suceden (“Arturo, ¿alguna vez te tira… la sisa?”), y ese es el mayor problema de la propuesta, que el público no sabe si reír o llorar. Se queda a medio camino entre la parodia y la seriedad, ¿busca ese efecto conscientemente o es una mala producción?

El fin de fiesta es apoteósico, recuperando el ‘Canto a la sidra’ o el Pasodoble de Asturias. Lástima que sea copiado de la Antología Asturiana presentada hace cuatro años e ideada por dos catedráticos de musicología -Emilio Casares (Universidad Complutense de Madrid) y Ramón Sobrino (Universidad de Oviedo)- y por Emilio Sagi, antiguo director artístico del Teatro Real de Madrid y actual del Arriaga de Bilbao.

La zarzuela, como máximo exponente de la lírica española, ha sido politizada hasta el extremo, amada por unos y denostada por muchos. Con una calidad artística equiparable a la ‘opera comique’ francesa, al ‘singspiel’ alemán o a la opereta en lo que se refiere al género chico, y una capacidad para emocionar en la zarzuela grande equiparable a las grandes óperas, necesita de una recuperación que lleva más de veinte años produciéndose, pero que todavía se encuentra con reveses como éstos.

Mientras grandes ‘expertos’ como De Lorenzo lo sigan considerando coto privado, habrá más. Señores, dejen a los que saben. Disfrutarán ustedes y disfrutaremos todos.


sábado, 24 de julio de 2010

Entrevista a Beatriz Díaz, soprano




24/07/2010

“Tienes que mostrar tu valía fuera para que te valoren en tu país.”

La soprano Beatriz Díaz (Aller, 1981) es una de las voces más prometedoras de la lírica nacional. Con una carrera encaminada ya hacia papeles de enjundia, con gran relación con los teatros italianos, y habiendo sido reclamada para cantar con el maestro Riccardo Muti, desde su victoria en el concurso internacional de canto ‘Francesc Viñas’ todo han sido parabienes para esta asturiana. Este verano lo pasa en su tierra como una de las voces del espectáculo ‘¡Viva la Zarzuela!’ una antología de la lírica española que se estrena este fin de semana en el Teatro Campoamor.



‘¡Viva la Zarzuela!’ es una producción inédita ¿qué nos vamos a encontrar?

Contamos con tres sopranos, dos barítonos un tenor, para los que se han buscado romanzas, dúos y partes de coro que se adecúan a las características de cada voz. Se ha hilado todo para terminar llevando el espectáculo a Asturias, con bandas de gaitas y la participación de Hevia. La idea original es hacer una selección de grandes hitos de la zarzuela

Eso es difícil…

Sí, porque lo que a una persona le parece fantástico, a otra no le gusta, y siempre hay gente que echará en falta uno u otro fragmento que personalmente le resulte emblemático. Sin embargo, creo que la selección musical es variada y representativa de la lírica española.

¿Pudo elegir lo que cantaba o venía impuesto de antemano?

Cuando nos proponen el proyecto en octubre de 2008 yo entregué una lista con fragmentos que se adecuaban a mi voz, pero la decisión final siempre corresponde a la dirección artística, porque intentaron buscar un nexo común para dar continuidad al espectáculo.

¿Cambia la técnica vocal con respecto a la ópera el hecho de que la zarzuela posea partes habladas?

Yo lo intento abordar de la misma manera, porque, lógicamente, la técnica es la misma a la hora de cantar. Es cierto que debido a los diálogos, la voz se cansa más, pero poco a poco he ido adquiriendo técnicas de declamación de teatro que preservan la voz.

Comparten escenario con dos formaciones no profesionales, la Capilla Polifónica y la Joven Orquesta.

Me parece gente que ama lo que hace, y no hay cosa más bonita que dedicarse a lo que te gusta, aunque sea de manera ‘amateur’. La iniciativa de la orquesta me parece fantástica, porque para llegar a ser grandes músicos, se requiere experiencia: pisar el foso, acompañar cantantes… En cuanto al coro, lo he visto muy renovado, con miembros cada vez más jóvenes y con muchísimo amor por su trabajo. Sinceramente, creo que está en su mejor momento, nunca lo había escuchado a este nivel.

¿Les afecta toda la polémica generada con el presupuesto de este espectáculo?

Es la primera vez que me ocurre que mi caché salga reflejado en un periódico. Creo que se ha utilizado todo con fines políticos. Es cierto que hay un presupuesto grande, pero estamos hablando de diez funciones con artistas cuyo curriculum es importante, lo que aumenta su cotización. Sí puedo decir que hubo problemas y reajustes que luego no salieron reflejados en la prensa. Me da mucha pena que al final seamos juguetes en manos de políticos.

Pero en tiempos de crisis se exige a todos ‘apretarse el cinturón’

Por supuesto, y yo soy la primera que lo hice, y por cantar en casa más. Es más, puedo asegurar que en Asturias siempre ha sido donde menos he cobrado, pero lo hago encantada.

Siempre saca tiempo para actuar en Asturias

Intento buscar cosas aquí, porque eso también significa estar con mi familia y mis amigos. No estoy de vacaciones, porque lógicamente mi cabeza está en el trabajo, pero me parece un lujo: estoy haciendo un espectáculo muy bonito, con grandes compañeros y pasándomelo muy bien. También es cierto que hace cuatro o cinco veranos que no paso un tiempo en casa descansando.

Centrándonos en sus compromisos, cada vez son más internacionales.

Sí, lo estoy buscando conscientemente, haciendo muchas audiciones, porque creo que es el momento para darme a conocer: si no lo hago ahora ya no podré más tarde. Estoy en un buen momento, aunque me queda mucho por aprender, y me siento en forma y con la voz respondiendo, que es lo más importante. Desgraciadamente, tienes que mostrar tu valía fuera para que te valoren en tu país.

¿Cuáles considera sus hitos profesionales hasta ahora?

Lo que me cambió la vida fue ganar el concurso internacional Fransesc Viñas en 2007, pasé de ser secundaria a que me llamasen para papeles protagonistas. Cambió mi manera de enfocar mi carrera. Recuerdo también con mucho cariño mi papel de Liù (‘Turandot’) en el Euskalduna de Bilbao, porque sentir la ovación de un público tan difícil en un auditorio tan impresionante me emocionó. También fue muy importante la Musetta (‘La Bohème) que hice en el Carlo Fenice de Génova sustituyendo a Ainhoa Arteta.

¿Cómo fue su experiencia junto a Riccardo Muti?

Espectacular. Nunca he escuchado a una orquesta sonar como en sus manos. Muti consigue crear un color orquestal, unos ‘pianos’… te deja un colchón ideal, que casi da miedo romper cuando tienes que entrar cantando sobre él. Se respira magia.

¿Cómo fueron las pruebas para llegar hasta ahí?

Muy curiosas, porque yo había preparado un aria, llegué a la audición frente a él y su equipo, la interpreté y me olvidé. Cuál fue mi sorpresa que me volvieron a llamar para una segunda audición: querían escucharme un dúo con una mezzo que yo no me había preparado. Muti sólo me dijo “No se preocupe, es muy fácil, lo lee a primera vista”. Lo hice como pude, ¡me temblaban las piernas! Pero me seleccionaron. Además, antes de hacer esa misa con él, Muti me volvió a llamar para hacer ‘Ifigenia en Áulide’ con él. Que Riccardo Muti te llame para cantar es lo máximo.

No es un camino de rosas…

La carrera de cantante lleva mucho esfuerzo, pero es cierto que se necesita una porción de suerte, y yo no me puedo quejar, porque, aunque estoy haciendo muchas audiciones para todo, se me van abriendo puertas. No quiero correr mucho, porque espero que esto sea una carrera de fondo, de muchos años, y no quiero quemarme. Mi pensamiento es llegar a viejita cantando, aunque hay que estar siempre ahí, porque si no, en seguida desapareces.

¿Cómo se compagina el tener que estar presente con rechazar papeles porque aún no es su momento?

Con mucha pena, porque hay cosas que me encantaría hacer, pero soy consciente que todavía no es el momento. Sé que ahora es el momento de afrontar papeles como Micaela (‘Carmen’), Musetta (‘La Bohème’)… personajes frescos, juveniles. El repertorio más lírico llegará de manera natural, pero no lo quiero forzar. De momento espero continuar con el repertorio de soprano lírico- ligera, más liviano, que también da mucho margen, aligera la voz y la deja fresca. De esta manera no se avejenta ni alcanza un excesivo vibrato.

¿Cuál es ese repertorio al que aspira?

Me gustaría hacer una lírica plena, lo que conlleva una Mimí (‘Bohème’). Puccini es un autor que me gusta mucho, también Verdi o Mozart, pero estamos hablando a largo plazo, en un futuro todavía lejano. Muchas veces no se trata de lo que se aspira, si no de lo que te ofrecen los teatros. En una época donde prima tanto la escena, por mi físico funciono en papeles para ‘Romeo y Julieta’ de Gounod o ‘El elixir de amor’ de Donizetti.

¿Qué papel no se ve haciendo?

No me veo como Ana Bolena, o como cualquiera de las reinas. Hay papeles que ya vienen dados por el texto, como en ‘Turandot’ (Puccini), cuando se canta “mia piccola Liù”: ya da pistas sobre el físico del personaje, que en este caso concuerda con el mío.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Al acabar esta antología tengo veinte días de pausa que los voy a emplear en dar el último empujón al ‘Elixir de Amor’. Debuto en el papel de Adina en la Fenice de Venecia, algo que no pesaba que llegaría tan pronto y que me hace mucha ilusión. También tengo firmadas dos Mussettas (‘La Bohème’): una con Ainhoa Arteta en La Maestranza de Sevilla para diciembre, y en enero de nuevo en La Fenice.


N. del A.: Todo encanto y amabilidad. Beatriz es una más de la gran familia de músicos asturianos

(Foto: Iván Martínez)