Publicado en Asturias Diario el 25 de enero de 2014
domingo, 26 de enero de 2014
sábado, 25 de enero de 2014
Don Giovanni: Don Juan vuelve a la vida
Publicado en Asturias Diario el 25 de enero de 2014
Los mitos son lo que son por su capacidad para pervivir en la mente de la gente durante siglos, generando todo un mundo evocador a su alrededor y sirviendo de inspiración más o menos consciente a cuantos artistas se enfrentan al reto de crear algo nuevo. Este es el caso del libertino por excelencia, ‘Il dissoluto’, Don Juan. El último título de la Temporada de la Ópera de Oviedo supone la recuperación de la producción del ‘Don Giovanni’ de Mozart que cosechó un gran éxito en 2009 con un reparto encabezado por Rodion Pogossov, Simón Orfila, Virginia Tola, María José Moreno y Ievgen Orlov. En el foso Ávaro Albiach para una producción que se estrena mañana a las 19 horas, y que será continuada los días 28, 30 y 1 de febrero (en horario habitual de 20 horas). Además, el segundo reparto tendrá su oportunidad el día 31.
El tema para esta nueva ópera fue sugerido por el libretista Lorenzo da Ponte, sacerdote ilustrado, simpatizante de las avanzadas ideas que por aquel entonces comenzaban a aflorar, y amigo de juergas y aventuras amorosas. Como libretista, Da Ponte era el más cotizado en una Viena donde florecían los grandes compositores operísticos: desde Antonio Salieri hasta ‘il spagnolo’ Vicente Martín y Soler, todos solicitaron sus textos. Amigo de las ideas que dieron origen a la Revolución Francesa, y asiduo lector de Jean- Jacques Rousseau, encontró en Mozart el compañero ideal para impregnar de un grado de subversión cada colaboración para la escena. La alianza, que comenzó en 1786 poniendo música a una obra teatral de Beaumarchais por entonces prohibida (‘Le marriage de Figaro’), tendría dos capítulos más con el ‘Don Giovanni’ y, por último, con la divertida y cínica farsa ‘Così fan tutte’ (1790).
La idea de la muerte domina toda la representación. Más aún: la ópera comienza con un asesinato en escena -algo poco común y un elemento más de transgresión para la época- y finaliza con el castigo al libertino, que es arrastrado a los infiernos en medio de una música y un texto terribles. A pesar del ‘lieto fine’ -final unificador que devuelve el orden tras la tragedia, y que durante el romanticismo fue suprimido- el dolor y la violencia unifican la obra. Pero no se trata de una violencia física, sino psicológica. Don Giovanni somete a los que le rodean a un auténtico tormento por medio del sarcasmo, la desesperanza y la angustia. Su forma de actuar determina la aparición de una contrafuerza similar, una némesis encarnada en Donna Anna, que se constituye en la inductora de la acción en signo contrario, llevando a la historia a una polarización extrema entre los dos personajes.
Desde la obertura se marca el carácter de ‘drama giocoso’ con el que Mozart bautizó a su nueva obra. Su estructura bipartita anuncia los dos polos –comedia y drama- por los que va a transcurrir en un complicado equilibrio el resto de la representación. La idea de presentar temas que más tarde se van a volver a escuchar era realmente innovadora para la época. En el caso del comienzo, se adelanta lo que al final de la ópera será la entrada de la estatua del Comendador cantando “Don Giovanni, a cenar teco...”, otorgando al conjunto un carácter circular.
Este carácter complejo necesita un reflejo en la dirección de escena para poder mostrar todos los matices del texto, y guiar al espectador por un extensísimo reparto y una multitud de escenarios, desde palacios a un cementerio. En una coproducción de la Ópera de Oviedo y el Theatermagdeburg, el encargado de firmar la escenografía es Alfred Kirchner. Este director alemán firmó también otra producción que fue repuesta y que se convirtió en una de las más espectaculares y aplaudidas de la historia reciente del ciclo operístico ovetense: el ‘Tristán e Isolda’ de Wagner.
El estreno en Praga fue un éxito rotundo. La ciudad que aplaudió a rabiar ‘Las bodas de Fígaro’, que bautizó a su trigésimo octava sinfonía, y en la que Mozart encontró la comprensión y el cariño que nunca había encontrado en Viena, fue la que acogió el estreno de ‘Don Giovanni’ el 29 de octubre de 1787. El empresario del teatro envió a Da Ponte una nota de lo más elocuente: “¡Viva Da Ponte, viva Mozart! Mientras vivan, nunca se sabrá lo que es la miseria teatral”. El resto de representaciones no le fueron a la zaga, y el furor de la ciudad por su compositor era tal, que pedían a Mozart que se quedase para componer una nueva ópera. Pero la vuelta a Viena era inevitable. El interés del Emperador José II por el ‘Don Giovanni’ crecía por momentos a medida que llegaban a sus oídos las maravillas que se hablaban de esta nueva obra. Con algunas modificaciones, como la adición de nuevas arias y dúos al contar con un reparto más brillante, Mozart presentó su creación ante los vieneses el 7 de mayo de 1788 y, como siempre, fue acogida cuanto menos con frialdad por parte del público de la capital imperial. La opinión general se resume en el comentario del emperador: “La ópera es divina, casi más bella que el ‘Fígaro’, pero no es manjar para los dientes de mis vieneses”, a lo que Mozart contestó sin inmutarse: “Démosles tiempo para masticarlo”.
Y el mundo no tardó en masticar y digerir este hito. ‘Don Giovanni’ fue calificada por Rossini como “la mejor ópera de la historia”, y fue inspiradora de numerosos textos de literatos y filósofos, desde Goethe –quien, fascinado por el carácter de la nueva música de Mozart, declaró que él habría sido el único capaz de poner música a su ‘Fausto’- hasta Hoffmann o Kierkegaard. Oviedo es una ciudad ciertamente poco ‘mozartiana’ (ya se sabe, Oviedo es ‘romántico’), y se refleja en el histórico de temporadas, que desde 1948 nos revela que la historia del libertino sevillano sólo se ha representado en tres ocasiones (2 funciones en 1996, cinco en 2009 y otras cinco en el presente 2014).
VER FICHA COMPLETA
El tema para esta nueva ópera fue sugerido por el libretista Lorenzo da Ponte, sacerdote ilustrado, simpatizante de las avanzadas ideas que por aquel entonces comenzaban a aflorar, y amigo de juergas y aventuras amorosas. Como libretista, Da Ponte era el más cotizado en una Viena donde florecían los grandes compositores operísticos: desde Antonio Salieri hasta ‘il spagnolo’ Vicente Martín y Soler, todos solicitaron sus textos. Amigo de las ideas que dieron origen a la Revolución Francesa, y asiduo lector de Jean- Jacques Rousseau, encontró en Mozart el compañero ideal para impregnar de un grado de subversión cada colaboración para la escena. La alianza, que comenzó en 1786 poniendo música a una obra teatral de Beaumarchais por entonces prohibida (‘Le marriage de Figaro’), tendría dos capítulos más con el ‘Don Giovanni’ y, por último, con la divertida y cínica farsa ‘Così fan tutte’ (1790).
La idea de la muerte domina toda la representación. Más aún: la ópera comienza con un asesinato en escena -algo poco común y un elemento más de transgresión para la época- y finaliza con el castigo al libertino, que es arrastrado a los infiernos en medio de una música y un texto terribles. A pesar del ‘lieto fine’ -final unificador que devuelve el orden tras la tragedia, y que durante el romanticismo fue suprimido- el dolor y la violencia unifican la obra. Pero no se trata de una violencia física, sino psicológica. Don Giovanni somete a los que le rodean a un auténtico tormento por medio del sarcasmo, la desesperanza y la angustia. Su forma de actuar determina la aparición de una contrafuerza similar, una némesis encarnada en Donna Anna, que se constituye en la inductora de la acción en signo contrario, llevando a la historia a una polarización extrema entre los dos personajes.
Desde la obertura se marca el carácter de ‘drama giocoso’ con el que Mozart bautizó a su nueva obra. Su estructura bipartita anuncia los dos polos –comedia y drama- por los que va a transcurrir en un complicado equilibrio el resto de la representación. La idea de presentar temas que más tarde se van a volver a escuchar era realmente innovadora para la época. En el caso del comienzo, se adelanta lo que al final de la ópera será la entrada de la estatua del Comendador cantando “Don Giovanni, a cenar teco...”, otorgando al conjunto un carácter circular.
Este carácter complejo necesita un reflejo en la dirección de escena para poder mostrar todos los matices del texto, y guiar al espectador por un extensísimo reparto y una multitud de escenarios, desde palacios a un cementerio. En una coproducción de la Ópera de Oviedo y el Theatermagdeburg, el encargado de firmar la escenografía es Alfred Kirchner. Este director alemán firmó también otra producción que fue repuesta y que se convirtió en una de las más espectaculares y aplaudidas de la historia reciente del ciclo operístico ovetense: el ‘Tristán e Isolda’ de Wagner.El estreno en Praga fue un éxito rotundo. La ciudad que aplaudió a rabiar ‘Las bodas de Fígaro’, que bautizó a su trigésimo octava sinfonía, y en la que Mozart encontró la comprensión y el cariño que nunca había encontrado en Viena, fue la que acogió el estreno de ‘Don Giovanni’ el 29 de octubre de 1787. El empresario del teatro envió a Da Ponte una nota de lo más elocuente: “¡Viva Da Ponte, viva Mozart! Mientras vivan, nunca se sabrá lo que es la miseria teatral”. El resto de representaciones no le fueron a la zaga, y el furor de la ciudad por su compositor era tal, que pedían a Mozart que se quedase para componer una nueva ópera. Pero la vuelta a Viena era inevitable. El interés del Emperador José II por el ‘Don Giovanni’ crecía por momentos a medida que llegaban a sus oídos las maravillas que se hablaban de esta nueva obra. Con algunas modificaciones, como la adición de nuevas arias y dúos al contar con un reparto más brillante, Mozart presentó su creación ante los vieneses el 7 de mayo de 1788 y, como siempre, fue acogida cuanto menos con frialdad por parte del público de la capital imperial. La opinión general se resume en el comentario del emperador: “La ópera es divina, casi más bella que el ‘Fígaro’, pero no es manjar para los dientes de mis vieneses”, a lo que Mozart contestó sin inmutarse: “Démosles tiempo para masticarlo”.
Y el mundo no tardó en masticar y digerir este hito. ‘Don Giovanni’ fue calificada por Rossini como “la mejor ópera de la historia”, y fue inspiradora de numerosos textos de literatos y filósofos, desde Goethe –quien, fascinado por el carácter de la nueva música de Mozart, declaró que él habría sido el único capaz de poner música a su ‘Fausto’- hasta Hoffmann o Kierkegaard. Oviedo es una ciudad ciertamente poco ‘mozartiana’ (ya se sabe, Oviedo es ‘romántico’), y se refleja en el histórico de temporadas, que desde 1948 nos revela que la historia del libertino sevillano sólo se ha representado en tres ocasiones (2 funciones en 1996, cinco en 2009 y otras cinco en el presente 2014).
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miércoles, 11 de diciembre de 2013
viernes, 6 de diciembre de 2013
Clásica y Tuits: AINADAMAR
Osvaldo Golijov, 2003
8, 10, 12 y 14 de diciembre. Teatro Campoamor de Oviedo
miércoles, 20 de noviembre de 2013
sábado, 16 de noviembre de 2013
‘Don Pasquale’ se hace a la mar en Oviedo
Publicado en Asturias Diario el 16 de noviembre de 2013
El ‘bel canto’ vuelve a Oviedo de la mano de Donizetti y una de sus óperas señeras: ‘Don Pasquale’. A partir del próximo domingo, y durante cuatro funciones (los días 17, 19, 21 y 23) más una representación con reparto joven (el día 22) la del anciano que cumple su deseo de casarse con una joven protagonizará el tercer título de la Temporada de Ópera. Carlos Chausson, Beatriz Díaz y Antonio Gandía serán el trío principal de esta comedia de enredo que su director de escena, Curro Carreres, traslada a un barco dentro de la alta comedia de Hollywood. Marzio Conti dirigiendo a la Oviedo Filarmonía completan un cartel que devuelve el género bufo al Campoamor, tras los dramas wagnerianos y verdianos.
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| Fuente: http://www.currocarreres.es/ |
Donizetti era consciente de que los grandes cambios dramáticos que se estaban produciendo tenían como consecuencia el desprecio a un sector de público más conservador, espectadores que continuaban demandando comedias en el por entonces antiguo ‘estilo rossiniano’, que por entonces aún seguían estando en el repertorio. El compositor había escrito de modo muy espontáneo algunas obras de este tipo en los inicios de su carrera, así que se planteó ‘Don Pasquale’ como un ejercicio de estilo, una pieza ‘de época’ para recuperar a ese público distante.
El propio compositor, con la ayuda del Giovanni Ruffini, se encargó del libreto. La trama está ligeramente inspirada en la comedia ‘Epicone’, escrita en 1609 por el comediógrafo inglés Ben Jonson, si bien es probable que Donizetti no lo conociese. De hecho se suele apuntar como fuente literaria otro libreto, realizado por Angelo Anelli para la ópera ‘Ser Marcantonio’ del compositor Stefano Pavesi estrenada en 1810.
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| Fuente: http://www.currocarreres.es/ |
La ópera fue estrenada en el Teatro Italiano de París el 3 de enero de 1943 y desde entonces formó parte del reducido grupo de óperas de Donizetti que no llegó a desaparecer nunca, aunque su presencia se hizo menos frecuente a comienzos del siglo XX. A partir de 1940, antes de la llegada del proyecto ‘Donizetti Renaissance’ que puso en valor las obras perdidas del autor, ‘Don Pasquale’ volvió a aparecer con asiduidad en los repertorios de las casas de ópera de todo el mundo.
Donizetti demuestra su natural capacidad para la creación de bellas melodías y un instinto dramático inigualable similar al de Rossini, que le hace conectar con el público de una manera muy directa. Todo ello se combina con una madurez creativa que se presenta plenamente en esta ópera, heredera del ‘bel canto’, con una línea vocal muy cuidada y una utilización de los conjuntos de manera mucho más dramática y efectiva. La partitura exige a los cantantes una gran agilidad, además de un dominio de la afinación y ‘fiato’ para los largos fraseos. El canto es el gran protagonista, exigiendo al cantante una gran agilidad vocal, exactitud en la afinación, largo fraseo y brillante virtuosismo. En la obra se encuentran los elementos definitorios de la ópera de este estilo: cavatinas, cabaletas, nocturnos, dúos, tercetos, concertantes… la transición entre números es mucho más fluida gracias a la supresión del recitativo seco que sustituye por un dinámico y eficaz recitativo acompañado, lo que contribuye a que la acción avance más rápidamente.
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| Fuente: http://www.currocarreres.es/ |
Como ya ocurrió en ‘La Traviata’ el día 22 tendrá lugar una función con reparto joven a precios reducidos, que contará con Ricardo Seguel (Don Pasquale), Elena Sancho-Pereg (Norina), Jesús Álvarez (Ernesto) e Isaac Galán (Malatesta). Marzio Conti, titular de la Oviedo Filarmonía estará junto a su orquesta en el foso para un título que devolverá el ‘bel canto’ y la diversión del género bufo a Oviedo.
FICHA
Don Pasquale
Música de Gaetano Donizetti.
Libreto de Giovanni Ruffini y Gaetano Donizetti, basado en el que Angelo Anelli escribió para la ópera de Stefano Pavesi, Ser Marcantonio (1810).
Dramma buffo en tres actos.
Estrenado en el Teatro Italiano de París, el 3 de enero de 1843.
Producción de la Ópera de Oviedo procedente de la Ópera de Las Palmas de Gran Canaria.
PERSONAJES E INTÉRPRETES
Don Pasquale: Carlos Chausson / Ricardo Seguel (22/11/2013)
Doctor Malatesta: Bruno Taddia / Isaac Galán (22/11/2013)
Ernesto: Antonio Gandía / Jesús Álvarez (22/11/2013)
Norina: Beatriz Díaz / Elena Sancho-Pereg (22/11/2013)
Dirección musical: Marzio Conti
Dirección de escena: Curro Carreres
Diseño de escenografía: Esmeralda Díaz
Diseño de vestuario: Silvia García
Diseño de iluminación: Eduardo Bravo
Coreografía: Antonio Perea
Orquesta Oviedo Filarmonía.
Coro de la Ópera de Oviedo.
Funciones: 17 (19 horas), 19, 21 y 23 (20 horas) de noviembre
Segundo reparto: 22 de noviembre
Teatro Campoamor de Oviedo
viernes, 25 de octubre de 2013
sábado, 12 de octubre de 2013
Una Traviata ’asturiana’ para celebrar el bicentenario de Verdi
Publicado en Asturias Diario el 12 de octubre de 2013
La Ópera de Oviedo continúa su temporada cumpliendo con los
cánones en cuanto a efemérides se refiere, y si el mes pasado fue Wagner el
homenajeado por su 200 aniversario con ‘El oro del Rin’, ahora le llega el
turno a su rival, Verdi, que también celebra su bicentenario, con la
representación de ‘La Traviata’. Esta nueva producción con dirección de escena
de Susana Gómez ya ha sido presentada en El Escorial, San Sebastián y Córdoba
con enorme éxito. Propone trasladar la historia a la España de posguerra,
convirtiendo a Violeta en acompañante de los señores de la alta burguesía madrileña
en los años 40. Ailyn Pérez y Aquiles Machado son el dúo protagonista,
acompañados de nombres solventes como María José Suárez, Gabriele Viviani, Jon
Plazaola o José Manuel Díaz. A partir de mañana, y durante cuatro funciones
(13, 15, 17, 19) más una función con reparto joven con las voces principales de
Carmen Romeu y José Luis Sola (18 de octubre) la ópera más representada del
mundo vuelve al Campoamor.
Adaptando ‘La dama de las camelias’ de Dumas, Verdi dio con
la clave de su éxito. ‘La Traviata’ se inscribe dentro de una exitosa trilogía
–junto con ‘Il Trovatore’ y 'Rigoletto'– con la que el compositor de Pésaro daba
por cerrada una primera etapa dura de trabajo, que él mismo denominó “años de
galeras” por el trabajo sin descanso que supusieron.
Ya plenamente asentado, Verdi apostó fuerte por dar un golpe
de timón en su producción. Hasta ‘La Traviata’ había creado dramas históricos,
con personajes nobles que presentaban historias más o menos duras, pero que no
hacían que el público se sintiese plenamente identificado con ellos. ‘La
Traviata’ suponía un fidedigno retrato de la sociedad contemporánea: por su
escenario desfilaban hombres y mujeres similares a los que estaban sentados en
las butacas el día del estreno. Y la crítica a una sociedad insensible,
alienada y cruel que maltrata a una prostituta hasta el día de su muerte fue un
duro ataque para un público poco acostumbrado a reflexionar sobre su situación.
Esta fue la razón principal de su fracaso el día de su estreno en La Fenice
Veneciana, el 6 de marzo de 1853.
Los problemas ya se habían vislumbrado un año antes, cuando
Francesco María Piave entregó su libreto y las autoridades obligaron a
modificarlo, situándolo en un ficticio siglo XVIII y cambiando su nombre a
‘Amor y muerte’. Además, el vestuario trataba de alejar la ópera de su época
correspondiente, presentando trajes de la Francia prerrevolucionaria, todo con
la intención de enmascarar la temática. Sin embargo, nada impidió que la
crítica verdiana fuese clara, lo que unido a un reparto sin la fuerza
dramática que requiere el título convirtió el estreno en una noche aciaga.

A pesar del fracaso, empresarios y directores de orquesta
convencieron a Verdi para que autorizara una segunda representación de la
ópera, pero el compositor exigió buenos cantantes por miedo a un segundo
fracaso. Finalmente cedió a la solicitud del teatro San Benedetto de Venecia y
tras algunas modificaciones la ópera volvió a representarse el 6 de mayo de
1854, con un éxito enorme del que ya jamás podrá desprenderse hasta el punto de
convertirse, según las estadísticas, en la obra más representada del mundo,
superando las 500 ‘traviatas’ diferentes en este 2013.
A Oviedo llega en una coproducción con San Sebastián, El
Escorial, Córdoba y Pamplona. La
firma la asturiana Susana Gómez, ya una habitual en la temporada ovetense desde
que su propuesta semiescénica de ‘Norma’ en 2011 cosechase grandes alabanzas hasta el punto de
ser representada el verano pasado en el Festival de Perelada.
Susana
Gómez propone una visión del drama aún más cercano, trasladando la acción a la
España posfranquista, en plenos años 40. Violeta se mueve ahora entre la alta
sociedad española, el bando ganador de una cruel guerra que sigue humillando a
personajes como la protagonista. La ampulosidad de los vestidos
diseñados por Gabriela Salaverri inspirados en el Hollywood clásico, la
amplitud de una escenografía sin muchos elementos, pero amplia y poderosa,
creada por Antonio López e iluminada por Alfonso Malanda, y la coreografía de
Ferrán Carvajal crean este nuevo contexto para una historia de sobra conocida
pero que aún fascina al público.
La
protagonista absoluta, Violeta, será interpretada en Oviedo por Ailyn Pérez,
soprano americana que ha hecho de este rol su punto fuerte. Este año representará
‘La Traviata’ en Hamburgo, Munich, la Ópera de San Francisco, el Covent Garden
o la Royal Opera House de Londres. El pasado 2012 supuso la confirmación de
esta cantante, que recibió el premio Richard Tucker, así como el decimoquinto
permio anual Plácido Domingo.
Su
enamorado Alfredo tendrá en Aquiles Machado otro cantante de garantías. Este
tenor venezolano encarna el antiguo ideal de tenor verdiano: poderoso en los
graves y con potentes agudos, su capacidad dramática y su fuerte presencia
escénica le han granjeado el reconocimiento mundial. Desde su debut en 1996
Machado se ha presentado en los mejores teatros del mundo, aunque donde
disfruta de mayor reconocimiento es en Europa.

El joven barítono Gabriele Viviani será Giorgio Germont,
padre de Alfredo, un personaje clave dentro de la historia. Junto a él María
José Suárez como la confidente Flora, Jon Plazaola como Gastone, Carlos Daza
como Douphol, Marta Ubieta como Annina y José Manuel Díaz como Marqués D´Obigny
suponen un quinteto de garantías en los papeles secundarios, de gran
importancia en la obra.
Con estos mimbres, con la Ópera de Oviedo apostando a
caballo ganador y con una nueva visión del drama que ha cosechado grandes
alabanzas allí donde se ha presentado, ‘La Traviata’ apunta al éxito de la
temporada en el Campoamor. A partir del domingo toca comprobarlo.
FICHA
La traviata
Música de Giuseppe Verdi.
Libreto de Francesco Maria Piave, basado en La Dame aux Camélias de Alexandre Dumas, hijo (1848).
Ópera en tres actos.
Nueva coproducción de la Ópera de Oviedo, Festival de Verano de El Escorial, Quincena Musical de San Sebastián, Auditorio Baluarte de Pamplona y Gran Teatro de Córdoba.
PERSONAJES E INTERPRETES
Violetta Valery: Ailyn Pérez / Carmen Romeu (18/10/2013)
Flora Bervoix: María José Suárez.
Annina: Marta Ubieta.
Alfredo Germont: Aquiles Machado / José Luis Sola (18/10/2013)
Giorgio Germont: Gabriele Viviani / José Antonio López (18/10/2013)
Gastone: Jon Plazaola.
Barón Douphol: Carlos Daza.
Marqués D´Obigny: José Manuel Díaz.
Doctor Grenvil: David Sánchez.
Dirección musical: Carlo Montanaro / Pablo Mielgo (18/10/2013).
Dirección de escena: Susana Gómez.
Diseño de escenografía: Antonio López.
Diseño de vestuario: Gabriela Salaverri.
Diseño de iluminación: Alfonso Malanda.
Coreógrafo: Ferran Carvajal.
Orquesta Oviedo Filarmonía.
Coro de la Ópera de Oviedo.
Teatro Campoamor de Oviedo.
lunes, 30 de septiembre de 2013
sábado, 14 de septiembre de 2013
La ópera de Oviedo comienza la temporada con el Wagner más tecnológico
Publicado en Asturias Diario el 14 de septiembre de 2013
Con casi setenta años de historia, la Temporada
de Ópera de Oviedo arranca este domingo cubriendo una de sus grandes
carencias históricas: la Tetralogía Wagneriana. En una fecha tan propicia
como la del bicentenario del compositor, ‘Das Rheingold’ (El oro del
Rin) abrirá un camino de cuatro años –un título para cada temporada– con una
novedosa puesta en escena de Michal Znaniecki basada en proyecciones y
hologramas creados por la empresa Visual Scenic. Guillermo García Calvo dirige
a la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias con un reparto donde figuran
Tómas Tómasson (Wotan), César Guitérrez (Loge), Elena Zhidkova (Fricka), Eike
Wilm Schulte (Alberich), Felipe Bou (Fasolt), Kurt Rydl (Fafner) y Maite
Alberola (Freia). Funciones los días 15, 17, 19 y 21 de septiembre.
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| Fuente: FB Ópera de Oviedo |
El ciclo del Anillo del Nibelungo es el gran proyecto vital
de Richard Wagner. Dedicó veintiséis años a dar forma a esta mastodóntica obra
que supera las quince horas de duración, dividida en cuatro óperas para las que
el compositor también escribió el libreto: ‘El oro del Rin’ (Das
Rheingold), ‘La valquiria’ (Die Walküre), ‘Sigfrido’ (Siegfried) y
‘El ocaso de los dioses’ (Götterdämmerung) con forman el ciclo.
Wagner creó la historia del Anillo fusionando
elementos de diversos mitos y
cuentos folclóricos germanos escandinavos.
Las Eddas de la antigua mitología nórdica proveyeron gran parte
del material para ‘El oro del Rin’, que contiene además la misma trama del
cuento ‘El gato con botas’. En esta primera ópera se presenta la masa
aurífera que descansa en el fondo del Rin; robada por el enano nibelungo
Alberich para forjar con ella un anillo mágico que concede a su portador el
poder de dominar el mundo asumiendo con él la maldición que lo obligará a
renunciar al amor. Diversos seres míticos luchan después por la posesión del anillo,
incluido Wotan (Odín), el líder de los dioses.
Aunque estamos ante la primera ópera del ciclo del
Anillo, fue la última en ser concebida. Los planes de Wagner para su Tetralogía
fueron hacia atrás a partir de la muerte del héroe Sigfrido, para incluir
su juventud y luego la historia de los acontecimientos en torno a su concepción
y de cómo la valkiria Brunilda fue castigada por haber intentado
salvar a sus padres contra las instrucciones de Wotan. De manera que en agosto
de 1851, Wagner escribió "Me propongo producir mi mito en tres dramas
completos....". Sin embargo, para el mes de octubre, había decidido que
esta trilogía requería un preludio y el texto fue debidamente alterado para
reflejar el cambio. A la frase añadió las palabras, "que serán precedidas
por un gran prólogo". Pese a que el Oro del Rin recibió la definición de
prólogo, estamos ante una ópera en un solo acto de una duración aproximada de
dos horas y media.
Poco amigo de la estructura tradicional de la ópera
consistente en una serie de números cerrados (arias, dúos, concertantes) unidas
únicamente por una trama. En la Tetralogía llevó al máximo la idea de melodía
infinita, donde no existen las interrupciones entre números y la música fluye
desde el comienzo hasta el final de cada acto
Como nuevo cimiento para sus óperas, Wagner adoptó el uso de
lo que él llamó “Grundthemen”, o temas base, que se conocen desde entonces como
motivos temáticos o más propiamente leitmotivs. Estos son melodías o
fragmentos musicales recurrentes, ligados ocasionalmente en una misma tonalidad
y a menudo en una orquestación distintiva, que denotan musicalmente una acción,
objeto, emoción, personaje u otro tema mencionado en el texto y/o presentado en
escena.
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| Fuente: FB Ópera de Oviedo |
El escritor irlandés George Bernard Shaw sostiene la visión
socialista de que la Tetralogía es una alegoría del capitalismo y sus abusos.
Otros han interpretado la obra en términos de la psicología junguiana y los más
pesimistas, incluido el propio compositor, influenciado por la filosofía de
Schopenhauer, han visto en el ciclo una representación simbólica de la
imposibilidad de redención de la humanidad.
En la nueva producción de la Ópera de Oviedo el protagonismo
de la música deberá de convivir con una de las grandes apuestas de la
temporada: la escenografía virtual diseñada por Michal Znaniecki que creará
espacios mediante proyecciones sobre objetos e incluso el vestuario de los
artistas, así como mediante hologramas en tres dimensiones en una experiencia
nueva para el Teatro Campoamor, poco amigo de innovaciones tecnológicas.
La obra wagneriana, siempre tan proclive a traslados
espacio-temporales muy alejados de la mitología original descubrirá a partir
del domingo una nueva propuesta que la introduce de lleno en el siglo XXI y en
la era virtual. Sólo queda sentarse en la butaca y descubrir cuál es el
resultado.
FICHA
DAS RHEINGOLD (El Oro del Rin) (prólogo de El Anillo del Nibelungo)
Música y libreto de Richard Wagner
PERSONAJES E INTERPRETES:
Wotan: Tómas Tómasson.
Donner: David Menéndez.
Froh: Jorge Rodríguez Norton.
Loge: César Gutiérrez.
Alberich: Thomas Gazheli.
Mime: Daniel Norman.
Fasolt: Felipe Bou.
Fafner: Kurt Rydl.
Fricka: Elena Zhidkova.
Freia: Maite Alberola.
Erda: Birgit Remmert.
Woglinde: Eugenia Boix.
Wellgunde: Sandra Ferrández.
Flosshilde: Pilar Vázquez.
Dirección musical: Guillermo García Calvo
Dirección de escena y vestuario: Michal Znaniecki
Escenografía virtual: Visual Scenic
Diseño de iluminación: Bogumil Palewicz.
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias
Funciones: 15 (19 horas), 17, 19 y 21 de septiembre (20 horas). Teatro Campoamor de Oviedo
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