sábado, 1 de noviembre de 2008

'Covadonga': recuperando Zarzuela con temática asturiana





01/11/2008

No abundan las grandes obras de concierto de temática asturiana, y el próximo viernes –un día antes en La Laboral de Gijón- se presenta en el Auditorio la “rescatada” Covadonga, zarzuela seria en dos actos compuesta por Tomás Bretón. La obra despierta de un letargo de 107 años para presentarse, en su “reestreno”, en la tierra en la que se desarrolló la famosa batalla, narrada a través de los textos de Marcos Zapata y Eusebio Sierra, autores del libreto original. Los Cristianos, liderados por Pelayo, y los Moros, liderados por Munuza, se “enfrentarán”, una vez más, sobre el escenario. La lástima es que será en versión de concierto, sin una escenografía que ayude a la acción.

En 1900 Tomás Bretón finaliza y firma su zarzuela Covadonga, la cual vería su estreno un año más tarde en el Teatro Parish de Madrid. Como sucedió con tantas otras obras españolas, la partitura cayó en el olvido, esperando pacientemente en los archivos un interés que llegaría más de un siglo después. En 2006 veía la luz el preludio interpretado por la entonces Orquesta Sinfónica Ciudad de Oviedo, dentro de una gala lírica que incluía diversas piezas y autores. La calidad de la partitura fue patente, lo que animó a la concejalía de cultura a promover la recuperación de la obra en su totalidad.

Trabajando con el Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU), institución de referencia en cuanto a recuperación de patrimonio musical se refiere, se hace cargo de la edición crítica de la partitura el Maestro José Luis Temes, reconocido director, bajo cuya batuta se han estrenado más de 300 obras de autores nacionales y extranjeros. Diversos avatares convierten este reestreno en “maldito” debido a sus tres cancelaciones anteriores a esta fecha, por problemas con los materiales, la edición, la disponibilidad de intérpretes… Hoy, con todo superado, la obra está lista para volver a emocionar al público como lo hizo 107 años antes.

Tomás Bretón (1850- 1923) es uno de los músicos más importantes de su generación. Junto a Ruperto Chapí, Emilio Serrano, Jerónimo Giménez y Felipe Espino, contribuyó a la consolidación de los géneros lírico y sinfónico en España. Fue becado de la Academia de Bellas Artes, lo que le permitió conocer la vida musical europea. Como director, intervino en la formación de la Unión Artístico Musical y dirigió la Sociedad de Conciertos de Madrid. También ocupó el puesto de director del Conservatorio de Madrid. La música compuesta por este salmantino, donde destacan títulos como La Verbena de la Paloma o La Dolores, fue objeto de críticas por parte de personalidades como Clarín

Para Covadonga compuso una partitura ambiciosa, muy exigente para los intérpretes, con claros ecos wagnerianos, donde sintetiza sus ideas sobre la problemática de la ópera “nacional”, tan desdeñada por cierto sector del público y la crítica en la época. En primer lugar, utiliza el idioma castellano (ya había demostrado que era perfectamente compatible con el canto lírico en su ópera La Dolores). Además, da preponderancia al texto y la acción, aunque no renuncia a una amplia orquesta de colorido cromático y denso. Las voces son tratadas al límite de sus posibilidades, abarcando los registros más extremos tanto de los solistas como del coro.

Diversos géneros se desarrollan a lo largo de los 16 números que forman la obra: romanzas solistas, dúos, conjuntos corales, pasodoble… y por supuesto, siendo una zarzuela “asturiana”, la danza prima celebrará la victoria final sobre los “invasores”. Los mundos cristiano y árabe se ven diferenciados también musicalmente. Las tropas de Pelayo presentan una amplia gama de formas musicales, casi todas apoyadas en extensísimas escenas corales. Los musulmanes dan la oportunidad a Bretón de presentar su particular visión del “alhambrismo sinfónico”, género basado en las escalas y giros orientales que a finales del s. XIX tomó como inspiración romántica el monumento granadino. Al enfrentamiento entre pueblos se le une una historia de amor que, a gusto de la época, se desarrolla paralelamente a la historia principal, influyendo directamente en la trama.

Para su puesta en escena la OSPA apuesta por jóvenes cantantes españoles: Iñaki Fresán, Alfonso Echevarría, Ana Nebot o María José Suárez, entre otros, cantarán los papeles principales de Covadonga: personajes históricos conocidos como Pelayo, Ulrico, Munuza o Al- Kamah serán los protagonistas de la historia. Como ya se ha dicho, los números corales tienen una gran importancia y dilatada presencia en el total de la obra. Tras el éxito de la anterior colaboración (interpretando Gloria de Francis Poulenc), el Coro Universitario de Oviedo, bajo la dirección de Joaquín Valdeón, vuelve a unir fuerzas con la orquesta asturiana, para llevar a buen puerto una producción al frente de cuya dirección musical estará el Maestro Miquel Ortega.

Este director barcelonés ya obtuvo un considerable éxito en Oviedo, con su versión del Macbeth de Verdi, presentada la pasada temporada de Ópera. Después de un periodo de más de 10 años trabajando en teatros de Ópera como pianista repetidor y maestro concertador, debuta en la dirección orquestal en 1990. En estos 18 años se ha consolidado como uno de los mejores conocedores del género operístico en España, y su repertorio abarca obras desde el siglo XVIII hasta nuestros días, habiendo estrenado varias óperas contemporáneas, incluso de su propia autoría. Así, en su faceta como compositor estrena en 2007, haciéndose cargo personalmente de la dirección musical, su ópera La casa de Bernarda Alba.

La recuperación del patrimonio

La labor del ICCMU en materia de recuperación de partituras de compositores españoles se inicia en 1992 con la publicación de la edición crítica a cargo de Mª Encina Cortizo de Jugar con fuego, primera “gran zarzuela” en 3 actos de la historia, compuesta por Francisco Asenjo Barbieri. Desde entonces, el número de publicaciones ronda el centenar si sólo se cuenta la obra lírica (existen ediciones de música sinfónica, canción, camerística, solista…). La denominación de “edición crítica” viene dada por el intenso trabajo de investigación previo que realiza el firmante, cotejando todas las versiones que existen en los archivos del país de una misma obra, tanto orquestales como en forma de particellas de cada instrumento.

El editor va a la fuente principal, a los manuscritos originales, los cuales no siempre están completos, por lo que se ve obligado a tomar decisiones que afectarán al conjunto de obras, bien sea “completando” o decantándose por una versión u otra. Más tarde las obras serán informatizadas mediante un programa de edición de partituras cuyo funcionamiento es similar a un procesador de textos.

Esta labor, auspiciada por la Sociedad General de Autores y Editores, ha permitido las ediciones –que hasta la fecha increíblemente no existían, dificultando su interpretación fuera de nuestras fronteras- de títulos consagrados como La Verbena de la Paloma (T. Bretón), La Gran Vía y Agua, azucarillos y aguardiente (F. Chueca y J. Valverde) o El Barberillo de Lavapiés (F. A. Barbieri). También ha redescubierto auténticas “joyas” de la ópera española como Ildegonda (Emilio Arrieta), Il disoluto punito ossia Don Giovanni Tenorio (Ramón Carnicer) o Don Chisciotte (Manuel García). Actualmente, el número de partituras que esperan pacientemente su revisión y rescate del olvido supera ampliamente los 10.000 títulos.

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