sábado, 22 de octubre de 2011

El compromiso del músico


Riccardo Muti, Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2011






22/10/2011

Riccardo Muti es una persona comprometida con el arte y con la sociedad que le rodea. Su ya famoso vídeo en la Ópera de Roma hace unos meses realizando un discurso tras la interpretación del ‘Va Pensiero’ cuenta sus visitas por millones en internet. Hay en el ‘Va Pensiero’, coro de esclavos compuesto por Verdi para la ópera ‘Nabucco’, un significado patriótico relacionado con la figura del compositor, y de un pueblo que a mediados del siglo XIX, antes de la reunificación, tomó la figura de Verdi y la historia hebrea en Egipto como paradigma de su situación como pueblo oprimido, en este caso por los Habsburgo. Era la gente llana la que proclamaba el “Viva Verdi” por las calles, con la intención del que burla a la justicia, con la habilidad y picaresca que sólo surge en los momentos más difíciles, buscando, a través de la música, gritar un ansia de libertad recogida en el apellido del autor, oportuno acrónimo de “Vittorio Emanuele Re D’Italia”. Gritar “Viva V.E.R.D.I.” era gritar por una Italia libre. Adorar a Verdi era esperar a que la idea de un pueblo unido germinase. Y cantar el coro de esclavos de ‘Nabucco’, símbolo máximo de esta idea,  siempre ha sido especial.

La larguísima ovación que siguió a su interpretación este 2011, dirigida por Muti en Roma, llevó al maestro a interrumpir la representación, tomar la palabra, y a volver a reivindicar que Italia debía levantarse de nuevo contra la opresión de unos pocos, esa que está dejando a un país al borde del abismo y con una cultura en una situación más que precaria. Ni más ni menos que la cuna de la ópera, el país de la música, se desmorona. Muti se erigió portavoz de la cultura italiana, del pueblo italiano, animando a ‘bisar’ (repetir) la pieza recuperando su sentido original, uniendo el canto del coro en escena con el del público, en un conmovedor momento de comunión, afortunadamente registrado por las cámaras de televisión para la historia.

Ese poder que tiene la música como elemento unificador de pueblos, movilizador de masas, es el que explota el maestro para denunciar una situación límite a la que, desgraciadamente, tampoco la sociedad española –ni por supuesto la asturiana– escapa. Sociedades que siguen premiando las malas gestiones con jubilaciones millonarias, castigando a los que menos lo merecen por los estragos de una situación que no han provocado, y que se alimenta de recortar en los pilares fundamentales para el desarrollo: educación, sanidad, investigación, cultura.


Es este compromiso –ya no sólo con la música, sino con la cultura en general– el que también ha hecho merecedor a Muti del prestigioso premio Birgit Nilsson, recogido la semana pasada de manos del rey de Suecia, y donde el director aprovechó el altavoz mundial que la ocasión le brindaba para dejar frases como “hay que educar a los políticos” o "enseñar música no es poner la flauta en la boca de un niño, sino enseñarle a moverse dentro de esa maravillosa foresta que son los sonidos, adentrarse en las composiciones de Bach, Bellini o Beethoven".

La música es más que un mero entretenimiento, la música es esencial para el desarrollo completo del ser humano, algo que se sabía desde la Edad Media (era una de las siete artes liberales, parte del denominado Quadrivium Matemático) y que poco a poco hemos ido perdiendo, sobre todo en España. Esa ausencia de cultura en un curriculum de enseñanza se refleja en una clase política fruto de despropósitos que nunca ha sido educada para respetar el arte.

Es ese reto de formar Músicos con mayúsculas, y no meros 'reproductores' de partituras el que llevó a Riccardo Muti a fundar la joven orquesta 'Luigi Cherubini' que el pasado jueves actuó en el Auditorio Príncipe Felipe junto al Coro de la Fundación. La formación pretende difundir los valores de trabajo duro, estudio y colaboración en equipo, esenciales en el terreno musical, y que jan jalonado la carrera de su fundador y director musical. Porque Muti es el hombre de los desafíos, el que no rehúsa a enfrentarse a nuevas partituras con la misma pasión con la que se enfrenta a su repertorio de cabecera. Sus ‘Flautas Mágicas’, sus ‘Aídas’, sus ‘Traviatas’ (inolvidable su grabación con Kraus y Scotto), sus ‘Requiem’ (tanto de Mozart como de Verdi)… son pilares de la historia de la interpretación, e hitos en la industria fonográfica.

Es la búsqueda de la excelencia en su trabajo, unido irremediablemente a un don natural que sólo poseen unos pocos elegidos, lo que ha hecho de Muti la figura que este año se premia en Oviedo, galardón que suma a una larga lista en la que destacan sus doctorados Honoris Causa por once universidades o sus nombramientos como Caballero de la Gran Cruz de Italia y del Imperio Británico, Comendador de la Orden de Malta y sus condecoraciones con la Legión de Honor de Francia y la Orden de la Amistad de Rusia.

Su Magisterio incuestionable en el terreno musical le lleva a ser miembro de las Academias de Santa Cecilia (Roma), Luigi Cherubini (Florencia) y Filarmónica de Bolonia. Su talento le ha situado en los mejores teatros del mundo, frente a las mejores orquestas del mundo. Sus discos se venden por millones. Su nombre en un cartel asegura un éxito como pocos pueden hacerlo. El heredero de Toscanini. El Karajan amable. Y, pese a toda esta abrumadora marabunta de reconocimientos, Muti sigue abogando por el oprimido, Muti sigue comprometiéndose. Son las cosas que hacen a alguien merecedor de un Premio Príncipe de Asturias.



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