sábado, 18 de septiembre de 2010

Entrevista a Forma Antiqva





18/ 09/2010

“El pop, el rock y el jazz son herederos directos de la música antigua”

Los hermanos Pablo, Daniel y Aarón Zapico constituyen el germen de Forma Antiqva, uno de los conjuntos de cabecera a la hora de afrontar repertorios de música antigua con carácter historicista. Su bagaje nacional es intachable, habiendo alcanzado los más prestigiosos escenarios y festivales: Teatro Real de Madrid, Auditorio de Barcelona, Semana de la Música Religiosa de Cuenca… y su incipiente recorrido internacional incluye ya América Latina, Japón China, Australia y buena parte de Europa. Durante estos días se encuentran en Asturias, su tierra, en el foso del Teatro Campoamor, para las representaciones de ‘L’incoronazione di Poppea’.


¿Qué reacción esperan del público ovetense ante una ópera tan poco usual para ellos?

Ante cualquier espectáculo que se sale de la ‘corriente principal’ la gente tiene que venir con un punto más de receptividad. Aún así lo consideramos una ópera de las más modernas que hay.

¿Por qué?

Por el tratamiento de la armonía y del ritmo, el texto… el tema de las pasiones y el ascenso al poder a través del sexo y la lujuria, y el erotismo, que impregna todo, son temas de total actualidad. Que sea con instrumentos originales o que en realidad se trate de una obra barroca son factores que tienen su importancia, pero no son definitivos.

¿Cuáles son para ustedes las características más reseñables del lenguaje de Monteverdi?

Se resume en una frase: el poder de la palabra. Basa toda su música en potenciar el texto. Posee muchas sutilezas rítmicas, juegos armónicos y rapidez en la declamación, todo para favorecer a la acción.

¿A qué se creen que se debe este auge del barroco que se está viviendo?

El hombre es un animal, y siempre vuelve a lo primitivo y a lo más natural. Esta música no es artificiosa, no se aleja del propio ser humano: respiración, tempo, declamación… todo es muy orgánico. En cierta manera, es muy parecida a toda la música que escuchamos ahora: pop, rock o jazz (siempre dentro de unos mínimos de calidad) son herederos directos de la música antigua.

Cada vez existen más festivales dedicados a esta música…

Cierto, cada vez hay más festivales porque cada vez hay más intérpretes que se especializan en este tipo de música, no sólo por el atractivo de los instrumentos antiguos, sino porque es un repertorio que nos resulta muy cercano, aunque nunca se haya escuchado anteriormente. Pasa con la moda y pasa con la música: se trata de volver a la génesis.

¿Cuánto hay de verdad en la interpretación ‘historicista’ y cuánto de aportación de los intérpretes?

Para potenciar al máximo estas obras necesitas tener un diapasón específico, un temperamento específico y unos instrumentos específicos. A partir de ahí, nunca se puede saber con rotundidad cómo sonaba en aquella época. Procuramos basarnos en tratados, pero, por ejemplo, en algunos de ellos se prohíben determinadas prácticas. Y, si se prohíben, es porque en realidad se hacían. Hay que tener cuidado, porque teoría práctica no siempre coinciden. A partir de ahí, ofrecemos nuestra opción, por eso se llama ‘interpretación’.

Eso aporta un sello personal

En Forma Antiqva siempre hemos sido conscientes de no recrear, sino de ofrecer nuestra visión sincera. Sería absurdo negar las influencias que tenemos por nuestra edad, por la música que escuchamos, e incluso porque cada vez vamos especializándonos más e incorporando estos conocimientos a nuestras interpretaciones.

Ustedes tres constituyen la formación básica de Forma Antiqva, sin embargo, en el foso encontraremos más músicos

Somos 20 personas en total. Nosotros, con nuestros instrumentos somos continuistas. Completamos la parte de continuo para hacerla más rica con violas de gamba, pero además necesitamos instrumentos melódicos (violines, cornetas…). En la música antigua generalmente no hay una platilla estable, sino que nos vamos sirviendo de gente cuya calidad tenemos contrastada para los diferentes proyectos.

¿Dónde se encuentran más cómodos, en el escenario o en el foso?

Encima del escenario es más cómodo, porque el foso demanda un extra de atención, ya que la escena puede estar lejos, el recitativo puede no oírse bien desde nuestra posición. Son roles diferentes. En la ópera la palabra ‘acompañar’ adquiere su máxima expresión, y en la música de cámara hay más libertad, son piezas que se pueden ensayar más, y el diálogo que se establece en el escenario es entre nosotros, y no con cantantes a los que no conocemos tanto.

Echando la vista atrás, ¿cómo han evolucionado a lo largo de los más de diez años que llevan como formación?

Paso a paso. Cuando formamos el grupo estábamos empezando la especialización, y tuvimos que recorrer todos los peldaños uno a uno, no es como un grupo que reúne a expertos intérpretes desde el comienzo. A la vez que íbamos descubriendo nuestra profesión, íbamos creciendo como grupo.

¿Cómo fueron esos comienzos?

Nuestro primer concierto fue en una sidrería, pero también llegamos a tocar en la cárcel. Todos los sitios posibles que se puedan imaginar como lugar de concierto los hemos recorrido. Si todavía hoy es raro ver un clave en Asturias, a finales de los 90, cuando empezamos, era casi impensable. No sabíamos dónde ir a estudiar y todo era un gran laboratorio para nosotros.

Y llegaron los conciertos en el Real, giras por el extranjero, las portadas en revistas especializadas… ¿Cómo lo viven?

Como todo ha sido muy progresivo, uno no se da cuenta hasta que le hacen una pregunta como ésta. Cuando empezamos a mirar para atrás nos damos cuenta de todo, y ni en nuestros mejores deseos habríamos pensado algo así, nunca nos marcamos ninguna meta. Pero cuando pensamos en todo lo recorrido, el sentimiento es de satisfacción y orgullo por haberlo conseguido con nuestro esfuerzo.

Ustedes también se distinguen por la recuperación del patrimonio del Patrimonio, por ejemplo de los archivos de la Catedral de Oviedo.

La recuperación de Patrimonio es muy difícil. Llevamos unos cinco años intentando plasmar ese proyecto en disco y editar las partituras, pero de momento no ha habido manera de llevarlo a buen puerto. Cuando a estaba por estrenarse en Madrid –es un poco triste tener que ir a Madrid para estrenar la música de la Catedral de Oviedo- se volvió a suspender por diversos problemas.

¿Creen que se valora esa actividad?

Realmente no hay conciencia de recuperación, pero no sólo en Asturias. Salvo excepciones como Andalucía o Cataluña, es una verdadera lástima, porque existe un gran vacío en la música antigua española, ya que parece que todo termina con Tomás Luis de Victoria, y por supuesto no es así. Hay muchos tesoros ocultos que colocarían a España a la cabeza en este tipo de repertorios.

¿Qué papel ocupan las grabaciones en su actividad?

Surgen de la necesidad de que el grupo sea algo físico. Suponen un cambio de mentalidad, porque en las grabaciones la interpretación varía, ya que tiene que gustar ahora, pero también dentro de cinco o diez años. Además, el público puede ser o no especializado en el tema.

¿Son económicamente rentables?

No dan grandes satisfacciones económicas, pero sí mantienen al grupo vivo durante el periodo en el que el disco aparece en las revistas, tiene comentarios, críticas… Y esto nos permite tener un producto que presentar a programadores para conseguir conciertos. Cada disco tiene su camino, hasta que es reemplazado por el siguiente. Con ellos expandimos el nombre, ya que gracias a la tecnología están disponibles en plataformas como iTunes o Spotify.


(Foto: www.facebook.com/formaantiqva)

sábado, 11 de septiembre de 2010

LXIII Temporada de la Ópera de Oviedo: la Temporada de la crisis




11/09/2010

LXIII Temporada de la Ópera de Oviedo

Arranca la Temporada de la crisis

Auténtico encaje de bolillos. Con la reducción presupuestaria sufrida por la Ópera de Oviedo, la intención de mantener los cinco títulos y la condición de no entrar en números rojos, la Temporada 2010- 2011 levanta el telón, casi milagrosamente, con títulos que siguen la línea marcada en los últimos años. Propuestas arriesgadas cono ‘La coronación de Poppea’ (Monteverdi) o ‘Katia Kavanová’ (Janácek), que se salen del repertorio más tradicional, conviven con títulos de sobra conocidos por el público, ‘Il Trovatore’ (Verdi) o ‘El elixir de amor’ (Donizetti), y con la recuperación de una de las producciones más valoradas por el público, el ‘Tristan e Isolda’ (Wagner) estrenado en 2007. Contentar a todos es imposible. Continuista o no, lo cierto es que se abarcan 279 años de historia del género (desde el estreno de ‘Poppea’ en 1642 hasta el de ‘Katia Kavanová’ en 1921) y varios estilos que van desde la ópera bufa de Donizetti hasta el drama decimonónico de Verdi, el nacionalismo checo de Janácek, el barroco de Monteverdi y el ‘Arte Total’ wagneriano.


L’ incoronazione di Poppea (Claudio Monteverdi)

18, 19, 21 y 22 de septiembre

Se suele considerar a Claudio Monteverdi (1567- 1643) como el padre de la ópera tal y como la conocemos actualmente, para la cual estableció las bases con su ‘Orfeo’ estrenado en 1607. Sin embargo, el mérito de Monteverdi fue consolidar un género que ya había nacido unos años antes, en 1597, con el estreno de ‘Dafne’ de Jacopo Peri, en un intento por revivir el drama musical griego, al menos tal y como se suponía que era en la Florencia renacentista.

Sea como fuere, el instaurador de los cánones que, aunque evolucionados, constituyen la base de la ópera hoy en día fue Monteverdi con sus obras, de las cuales sólo se conservan tres: ‘L’Orfeo’ (1607), ‘Il ritorno d'Ulisse in patria’ (1641) y ‘L’ incoronazione di Poppea’, que será la encargada de abrir la Temporada de Ópera en Oviedo.

‘L’ incoronazione di Poppea’, constituye la última obra de Claudio Monteverdi, y fue estrenada en el Teatro dei Santi Giovanni e Paolo (Teatro Grimani) de Venecia en el carnaval de 1642. Es una de las primeras obras representadas fuera de los salones aristocráticos, para un público que pagaba su entrada. Quizá por eso, Monteverdi hizo en ella una amalgama de géneros para todos los públicos, desde la comedia grotesca hasta el lirismo sublime. El autor del libreto, Giovanni Francesco Busenello, inspirándose en los ‘Anales’ de Tácito y ‘Las vidas de los doce césares’ de Suetonio, cuenta las turbias maniobras empleadas por Poppea para satisfacer su implacable ambición: ser coronada emperatriz.

El tema central es el amor triunfante de Nerón y Poppea, aún a costa de la virtud. Resulta desconcertante aún desde los criterios actuales, contemplar la amoralidad cínica de Poppea, quién logra su objetivo de consagrarse emperatriz, provocando en el camino la muerte de Séneca y el exilio de Octavia y su anterior marido Otón. Esto puede explicarse por el hecho de que Busenello, miembro de la aristocrática y libertina Accademia degli Incogniti, escribió un libreto lleno de ironía, sobre un tema conocido por el público veneciano del siglo diecisiete, quienes probablemente estaban familiarizados con el relato de Tácito y la vida de Séneca.

Musicalmente lo más admirable de esta partitura es el uso de la polifonía derivada de la música sacra, y de los episodios madrigalescos que, junto a los números cómicos, alivian la tensión de los recitativos secos. La calidad de la música, la expresión de las emociones y la perfección de los números cerrados hacen de ‘L’ incoronazione di Poppea’ la obra maestra de Monteverdi.

La nueva producción que llega al Campoamor, bajo la dirección del asturiano Emilio Sagi, cuenta con la participación de la orquesta Forma Antiqva, centrada alrededor de los hermanos Pablo, Daniel y Aarón Zapico, que se ha convertido en la cabeza visible de la nueva generación de intérpretes de música antigua en España. A la batuta, Kenneth Weiss, su principal director invitado, y en el reparto, liderado por la navarra Sabina Puértolas (Poppea) destacan los nombres de Max Emanuel Cencic (Nerón), Christianne Stotijn (Octavia), Xavier Sabata (Otón) y Felipe Bou (Séneca).


Il Trovatore (Giuseppe Verdi)

8, 11, 14, 16 y 17 de octubre

Recién llegada del Gran Teatre del Liceu, desembarca en Oviedo esta coproducción entre el teatro barcelonés, el asturiano y los teatros Capitole de Toulouse y La Llotja de Lleida, bajo la dirección escénica de Gilbert Deflo, que devuelve a la vida el mito español creado a partir de la obra teatral cumbre del gaditano Antonio García Gutiérrez, convertida a libreto operístico por Salvatore Cammarano. ‘Il Trovatore’ pertenece a la llamada ‘trilogía popular’ verdiana, compuesta en poco más de dos años, entre noviembre de 1850 y marzo de 1853, y que incluye Rigoletto, Il TrovatoreyLa Traviata.

La truculenta historia de García Gutiérrez, que incluía todos los tópicos románticos - pasión desbordada y frenética, la brujería, la magia, el oscurantismo, los temas y personajes de la Edad Media y en general cualquier tipo de exceso de emotividad- sirvió de inspiración a Verdi para crear una música de carácter oscuro, tenebroso y nocturno. Desde su primera representación suscitó el entusiasmo del público, convirtiéndose muy pronto en una de las obras más interpretadas y apreciadas de todo el repertorio operístico. Aun así, a lo largo del siglo XX no han faltado las críticas, dirigidas sobre todo contra el libreto de Cammarano, considerado uno de los más caóticos de la historia de la ópera.

A pesar de las críticas negativas hacia la música y el libreto, el derroche auténticamente prodigioso de melodías inolvidables hace de esta ópera una de las favoritas del gran público. El maestro italiano Arturo Toscanini comentaba que este drama verdiano precisaba de los cuatro mejores cantantes del mundo para hacer justicia a la partitura.

Para solventar esta difícil empresa, las cuatro primeras representaciones contarán con un primer reparto que presenta los nombres de Dalibor Jenis (Conde de Luna), Hui He (Leonora), Elisabetta Fiorillo (Azucena) y Walter Fraccaro (Manrico). Además, una quinta representación recupera por tercer año consecutivo un segundo reparto, con precios populares y voces jóvenes, en concreto las de Damiano Salerno, Carmen Solís, María Luisa Corbacho y Josep Fadó. En el foso, la Oviedo Filarmonía contará también con dos batutas, la de Julian Reynolds en el primer ‘cast’ y Andrés Juncos en el segundo, lo que aportará dos lecturas diferentes en cada elenco.

La obra posee algunos de los momentos más recordados de la historia del género, entre ellos la presentación de la gitana Azucena (“Stride la Vampa”), el coro de gitanos (“Vedi! Le fosche notturne spoglie”), y, sobre todo, la cabaletta de Manrico “Di quella pira”, auténtico ‘tour de force’ para el tenor solista, donde alcanza el agudísimo y ya mítico Do de Pecho.

Tras el declive del entusiasmo wagneriano que dio lugar en los años veinte del pasado siglo, al fenómeno cultural de la recuperación de Verdi, Il Trovatorese convirtió en polémico objeto de exagerado desprecio o exagerada admiración. El más absurdo y el más enloquecido de los melodramas, lacerado entre apasionada desesperación y sumaria brutalidad, con una partitura de carácter popular, sin implicaciones psicológicas, se convirtió en el símbolo del primer estilo verdiano, contrapuesto a la estudiada perfección de las posteriores obras maestras basadas en la producción de Shakespeare.


Katia Kavanová (Leos, Janácek)

21, 23, 25 y 27 de noviembre

La apuesta más arriesgada de la temporada llegará en el mes de noviembre con la presentación en Oviedo de la ópera ‘Katia Kavanová’, considerada obra de madurez de uno de los adalides del nacionalismo checo de principios de siglo, Leos Janácek. Tanto la dureza de su argumento -basado en ‘La tormenta’, un drama de Alexander Ostrovsky que trata con crudeza la infidelidad y el suicidio- como su lenguaje musical expresionista y su idioma (es cantada en checo) parecen, a priori, grandes dificultades para el público ovetense. Sin embargo, la historia de temporadas anteriores demuestra que estas grandes apuestas son los grandes aciertos para una ópera que necesita de novedades en su repertorio como el comer: ahí están los recientes éxitos de las óperas de Richard Strauss, Benjamin Britten, Francis Poulenc o Igor Stravinsky, compositores que aún hoy inexplicablemente son considerados ‘modernos’.

La ópera trata del drama de la joven y sensible Katia, quien representa el arquetipo de mujer oprimida por las leyes de su propia moralidad y que ha realizado un matrimonio de conveniencia con un joven dominado por una madre autoritaria. Ahogada por este ambiente opresivo, intentará realizar sus sueños pero su conciencia le impedirá romper con su entorno social y con su matrimonio con un hombre mediocre, débil, frío y totalmente dominado por su madre y por los prejuicios de clase. Katia vive el amor rejuvenecedor y adúltero de un hombre que parece comprenderla, pero que no puede decidirse a liberarla y a liberarse él mismo. La violencia natural de una tormenta que estalla a orillas del río despierta en el alma de Katia un temporal, una discordia de los sentimientos tan desgarradora que da fin a su existencia sin salida con un salto en el Volga.

La fuerza de la historia y, sobre todo, la capacidad psicológica de la música escrita por Janácek, que describe la naturaleza y su potencia así como las emociones en el alma de los personajes incluyendo melodías populares, otorgan a la obra un tono sombrío, trágico, aquel que imprime un destino inevitable. Janácek describe el sufrimiento de Katia de una manera conmovedora, su gran monólogo final se cuenta entre las escenas de ópera imperecederas.

Además, sobre toda la obra plantean problemas sociales, prejuicios que pesaban sobre la vida de los habitantes del campo eslavo, y, sobre todo, se encuentra teñida de tintes autobiográficos, reflejando fielmente la relación del compositor con su amante, Kamila Stösslová.

Esta ‘Katia Kavanová’ supondrá, además, la vuelta de Max Valdés al frente de la Orquesta Sinfónica del Principado tras haber abandonado su titularidad este año, y al foso del Campoamor dos años después de su brillante lectura de los ‘Dialogues de Carmélites’ en septiembre de 2008, para un repertorio en el que el maestro chileno se mueve cómodamente. El elenco vocal presenta a Janice Watson como Katia, acompañada de Vladimir Matorin como Dikoi, Ludovit Ludha como Boris, Judith Frost como Kabanija y Donald Kaasch como Tijon, en un montaje procedente de la Opera North de Leeds, dirigido por Tim Albery.


L’elisir d’amore (Gaetano Donizetti)

12, 14, 17, 18 y 19 de diciembre

El alivio cómico a las tres tragedias vividas con anterioridad en la Temporada lo pondrá ‘L’elisir d’amore’ obra cumbre del llamado género bufo junto con ‘Il barbiere di Siviglia’ (Rossini) y ‘Le nozze di Figaro’ (Mozart). Además, ‘L’elisir d´amore’ no sólo es una de las obras maestras del género bufo, sino que, además, es una de las óperas más perfectas y menos irregulares de Donizetti, cosa bastante singular en su numeroso y descuidado catálogo. Musicalmente es una obra llena de lirismo, comicidad, riqueza melódica y cuidada orquestación, que posee una de las páginas más bellas y demandadas del repertorio para tenor, el aria “Una furtiva lagrima”

Donizetti emplea para la obra una fórmula nueva, que parte de algunos de los elementos desarrollados por Rossini en su repertorio bufo, pero tejidos con una nueva sensibilidad y melancolía románticas. La obra se inscribe así en un género denominado ópera semiseria, donde han desaparecido ya los personajes serios de antiguos modelos, pero donde alguno de los protagonistas, en concreto Nemorino, presenta una tristeza melancólica extraña hasta entonces al género bufo.

En Donizetti se produce una vuelta a la sátira de costumbres típica del setecientos pero con mayor variedad y profundización en los personajes. Mientras que los personajes rossinianos presentan una cierta dignidad burguesa, con Donizetti se asiste a la recuperación de las figuras populares de la ópera bufa napolitana. De este modo, explota la comicidad del bajo, como si se retomase la fórmula desde ‘La serva padrona’ de Pergolesi.

De nuevo la Ópera de Oviedo retoma la idea del segundo ‘cast’, por segunda y última vez en la Temporada, aunque esta vez la batuta no variará, será la del madrileño José Miguel Pérez Sierra ya conocido del Campoamor en su temporada de Zarzuela y que se presenta por primera vez en la Ópera dirigiendo a la Oviedo Filarmonía, con un amplio bagaje en el género, que incluye el haber sido el director más joven de la historia del Festival Rossini de Pésaro, cosechando un éxito unánime de público y crítica.

La escena, firmada por Daniel Slater, traslada la acción de la plaza del pueblo a un hotel regentado por Adina. En el reparto principal, las voces de Patrizia Ciofi (Adina), Ismael Jordi (Nemorino), Rodion Pogossov (Belcore) y Giorgio Surjan (Dulcamara) compondrán el cuarteto protagonista, que será relevado en la última función, fuera de abono, por Auxiliadora Toledano, Mikeldi Atxalandabaso, Marc Canturri y Luis Cansino.

Destacar los memorables de esta partitura es realmente difícil. La imaginación de Donizetti es asombrosa, y más si se tiene en cuenta la leyenda que dice que la ópera fue compuesta en sólo dos semanas (la realidad es más benévola, en realidad fueron seis, lo que no deja de ser un récord), aunque se podrían destacar la presentación del charlatán Dulcamara (“Udite, udite”), la del enamorado Nemorino (“Quanto e bella”) o la Barcarola “Io son ricco, tu sei bella”, auténtica parodia, aparentemente simple pero llena de intención, de la ópera dieciochesca. L´elisir d´amore’, a pesar de estar plena de situaciones humorísticas, deja un poso de nostalgia y hermosa sensibilidad, del que resulta una comedia donde brilla con luz propia "una furtiva lágrima".


Tristan und Isolde (Richard Wagner)

27 y 30 de enero, y 2 y 5 de febrero de 2010

Para el cierre de Temporada se reserva la recuperación de uno de los montajes más aplaudidos, el de la ópera de Wagner ‘Tristán e Isolda’. Se trata de una producción propia de la Ópera de Oviedo (lo que ayuda a controlar el gasto en estos momentos de crisis) y presentado en septiembre de 2007 con gran éxito, algo de gran mérito, ya que la mastodóntica obra de Wagner alcanza las cinco horas de duración. Firmado por Alfred Kirchner, aporta una visión abstracta en lo escénico con gran predominio de las formas geométricas y el juego de luces, con el mar como telón de fondo.

‘Tristán e Isolda’ supuso toda una revolución en la música. Sus cuatro primeras notas son las más analizadas de la historia, creando el famoso ‘Acorde de Tristán’, una entidad sonora que aún hoy sigue generando discusiones sobre su verdadero propósito y naturaleza. Sólo con ese comienzo, Wagner consiguió una cantidad de tensión tal que aún hoy genera polémica. A partir de aquí, el continuo uso del cromatismo y las consiguientes disonancias generadas, estiraron hasta el extremo los límites de la tonalidad clásica, dejándola al borde de su disolución, tal y como ocurrió en el siglo XX.

Wagner escribió el libreto basándose en el romance de Gottfried von Strassburg, que a su vez se basa en la leyenda medieval de Tristán, trasmitida en francés por Thomas de Bretaña, siguiendo la tradición romántica de buscar en los romances medievales una fuente de inspiración para los argumentos de las óperas. Muchos críticos wagnerianos de la época consideraban que esta ópera representaba el cenit de la música occidental; por otro lado, otro grupo influyente de críticos, centrados alrededor de Eduard Hanslick, la tachaba de incomprensible.

La Oviedo Filarmonía aparecerá por tercera vez en el foso, acaparando más de la mitad de la temporada y asentándose como orquesta de referencia en el Campoamor, con su titular, Friedrich Haider al frente. En el reparto, los nombres de Robert Dean-Smith (Tristán), Elisabete Matos (Isolda), Felipe Bou (Rey Marke), Gerd Grochowski (Kurwenal), Javier Galán (Melot) y Petra Lang (Brangäne) darán vida a los protagonistas de esta ‘Gesamtkunstwerk’ (‘Obra de Arte Total’), como a Wagner le gustaba denominar a sus dramas musicales, ya que en ellos conjugaba todos los aspectos: música, teatro y artes visuales, a la manera, según él, del teatro griego. Wagner era muy crítico con el tipo de ópera imperante en su época, a la que acusaba de centrarse demasiado en la música, a la que se subordinaban los demás elementos, en especial el drama. Por ello, concedía gran importancia a los elementos ambientales, tales como la iluminación, los efectos de sonido o la disposición de los asientos, para centrar toda la atención del espectador en el escenario, logrando así su completa inmersión en el drama. Estas ideas eran revolucionarias en su momento, pero pronto pasaron a ser asumidas por la ópera moderna.

sábado, 31 de julio de 2010

Opinión: '¡Viva la Zarzuela!'




31/07/2010

De Soles que no brillan y funciones de colegio


Canta la Capilla Polifónica en la celebérrima ‘Mazurca de las Sombrillas’ perteneciente a la ‘Luisa Fernanda’ de Torroba “abra usted el quitasol, para que no se muera de celos el sol”. E, ironías de la vida, los hombres mueven su brazo hacia arriba en una coreografía que señala directamente hacia el palco donde se sitúa Gabino de Lorenzo. Este moderno Rey Sol, omnipotente en su facultad de ‘experto’ en zarzuela, al que sólo cabe preguntarle ¿realmente le gusta esto?

Porque la antología lírica presentada el pasado fin de semana y que se prolongará hasta mediados de agosto durante diez funciones es un ejemplo de cómo recuperar toda la ‘caspa’ de la lírica española contra la que tanto se ha luchado. No hace falta más que repasar la temporada 2010 para darse cuenta que Oviedo estaba a la cabeza de la revitalización de un género en otro tiempo prostituido hasta la saciedad y tomado como referente de la ‘España Cañí’: el alarde de imaginación y humor propuesto por Paco Mir (miembro de Tricicle) en ‘Los Sobrinos del Capitán Grant’, la espectacularidad de ‘La Viejecita’ y Chateau Margaux firmados por Lluís Pasqual (ganador del Premio Lírico a la mejor producción), o el preciosismo y colorido en la escena de Luis Olmos para ‘Doña Francisquita’ dejaron un nivel altísimo, que colocaba a Oviedo como segundo festival lírico más importante de España, sólo por detrás del Teatro de la Zarzuela de Madrid. Pero aquí comenzaron los problemas. La temporada sufrió un duro revés con la recuperación del montaje de ‘Los Gavilanes’ pixuetos de Arturo Castro -por otra parte, una de las zarzuelas favoritas de Gabino de Lorenzo, repuesta hasta la saciedad en múltiples versiones- y esta ¡’Viva la Zarzuela!’ no hace sino refrendar la poca capacidad para el teatro musical de Castro.

Porque Arturo Castro –director de Teatro Margen- ha mostrado su gran valía para el teatro puro, desnudo, pero su nulo conocimiento musical por no tener en cuenta las necesidades de los cantantes, por falta de imaginación y desaprovechamiento de recursos. Por recurrir a manidos clichés, trillados hasta la saciedad, que recuerdan a las producciones ambulantes que José Luis Moreno todavía perpetra por toda España. Por redundar en las mismas ideas de luces y sombras, de pantomimas en contraluz, y el abuso de las proyecciones para llenar -ineficazmente- una escena.

Por supuesto que hay cosas buenas, buenísimas. El elenco vocal es espectacular, y la dirección musical de Ramón Tebar, precisa e imaginativa. Todos ellos, junto con el coro y las formaciones de baile demuestran su total profesionalidad en situaciones que rayan el ridículo. No hay más que recordar a miembros la Capilla Polifónica cantar el divertido Pasacalle de ‘El año pasado por agua’ de Chueca moviéndose adelante y atrás con monumentos de cartón en su cabeza que representan emblemas de Madrid: el Oso y el Madroño, Cervantes y Velázquez, o los leones del Congreso de los Diputados se pasean junto a bailarines haciendo de farolas y grupos de chulapos. E irremediablemente remiten a las funciones de navidad en los colegios de primaria, donde los niños hacen de árbol, de oveja o de estrella.

Chistes propios de películas de Paco Martínez Soria se suceden (“Arturo, ¿alguna vez te tira… la sisa?”), y ese es el mayor problema de la propuesta, que el público no sabe si reír o llorar. Se queda a medio camino entre la parodia y la seriedad, ¿busca ese efecto conscientemente o es una mala producción?

El fin de fiesta es apoteósico, recuperando el ‘Canto a la sidra’ o el Pasodoble de Asturias. Lástima que sea copiado de la Antología Asturiana presentada hace cuatro años e ideada por dos catedráticos de musicología -Emilio Casares (Universidad Complutense de Madrid) y Ramón Sobrino (Universidad de Oviedo)- y por Emilio Sagi, antiguo director artístico del Teatro Real de Madrid y actual del Arriaga de Bilbao.

La zarzuela, como máximo exponente de la lírica española, ha sido politizada hasta el extremo, amada por unos y denostada por muchos. Con una calidad artística equiparable a la ‘opera comique’ francesa, al ‘singspiel’ alemán o a la opereta en lo que se refiere al género chico, y una capacidad para emocionar en la zarzuela grande equiparable a las grandes óperas, necesita de una recuperación que lleva más de veinte años produciéndose, pero que todavía se encuentra con reveses como éstos.

Mientras grandes ‘expertos’ como De Lorenzo lo sigan considerando coto privado, habrá más. Señores, dejen a los que saben. Disfrutarán ustedes y disfrutaremos todos.


sábado, 24 de julio de 2010

Entrevista a Beatriz Díaz, soprano




24/07/2010

“Tienes que mostrar tu valía fuera para que te valoren en tu país.”

La soprano Beatriz Díaz (Aller, 1981) es una de las voces más prometedoras de la lírica nacional. Con una carrera encaminada ya hacia papeles de enjundia, con gran relación con los teatros italianos, y habiendo sido reclamada para cantar con el maestro Riccardo Muti, desde su victoria en el concurso internacional de canto ‘Francesc Viñas’ todo han sido parabienes para esta asturiana. Este verano lo pasa en su tierra como una de las voces del espectáculo ‘¡Viva la Zarzuela!’ una antología de la lírica española que se estrena este fin de semana en el Teatro Campoamor.



‘¡Viva la Zarzuela!’ es una producción inédita ¿qué nos vamos a encontrar?

Contamos con tres sopranos, dos barítonos un tenor, para los que se han buscado romanzas, dúos y partes de coro que se adecúan a las características de cada voz. Se ha hilado todo para terminar llevando el espectáculo a Asturias, con bandas de gaitas y la participación de Hevia. La idea original es hacer una selección de grandes hitos de la zarzuela

Eso es difícil…

Sí, porque lo que a una persona le parece fantástico, a otra no le gusta, y siempre hay gente que echará en falta uno u otro fragmento que personalmente le resulte emblemático. Sin embargo, creo que la selección musical es variada y representativa de la lírica española.

¿Pudo elegir lo que cantaba o venía impuesto de antemano?

Cuando nos proponen el proyecto en octubre de 2008 yo entregué una lista con fragmentos que se adecuaban a mi voz, pero la decisión final siempre corresponde a la dirección artística, porque intentaron buscar un nexo común para dar continuidad al espectáculo.

¿Cambia la técnica vocal con respecto a la ópera el hecho de que la zarzuela posea partes habladas?

Yo lo intento abordar de la misma manera, porque, lógicamente, la técnica es la misma a la hora de cantar. Es cierto que debido a los diálogos, la voz se cansa más, pero poco a poco he ido adquiriendo técnicas de declamación de teatro que preservan la voz.

Comparten escenario con dos formaciones no profesionales, la Capilla Polifónica y la Joven Orquesta.

Me parece gente que ama lo que hace, y no hay cosa más bonita que dedicarse a lo que te gusta, aunque sea de manera ‘amateur’. La iniciativa de la orquesta me parece fantástica, porque para llegar a ser grandes músicos, se requiere experiencia: pisar el foso, acompañar cantantes… En cuanto al coro, lo he visto muy renovado, con miembros cada vez más jóvenes y con muchísimo amor por su trabajo. Sinceramente, creo que está en su mejor momento, nunca lo había escuchado a este nivel.

¿Les afecta toda la polémica generada con el presupuesto de este espectáculo?

Es la primera vez que me ocurre que mi caché salga reflejado en un periódico. Creo que se ha utilizado todo con fines políticos. Es cierto que hay un presupuesto grande, pero estamos hablando de diez funciones con artistas cuyo curriculum es importante, lo que aumenta su cotización. Sí puedo decir que hubo problemas y reajustes que luego no salieron reflejados en la prensa. Me da mucha pena que al final seamos juguetes en manos de políticos.

Pero en tiempos de crisis se exige a todos ‘apretarse el cinturón’

Por supuesto, y yo soy la primera que lo hice, y por cantar en casa más. Es más, puedo asegurar que en Asturias siempre ha sido donde menos he cobrado, pero lo hago encantada.

Siempre saca tiempo para actuar en Asturias

Intento buscar cosas aquí, porque eso también significa estar con mi familia y mis amigos. No estoy de vacaciones, porque lógicamente mi cabeza está en el trabajo, pero me parece un lujo: estoy haciendo un espectáculo muy bonito, con grandes compañeros y pasándomelo muy bien. También es cierto que hace cuatro o cinco veranos que no paso un tiempo en casa descansando.

Centrándonos en sus compromisos, cada vez son más internacionales.

Sí, lo estoy buscando conscientemente, haciendo muchas audiciones, porque creo que es el momento para darme a conocer: si no lo hago ahora ya no podré más tarde. Estoy en un buen momento, aunque me queda mucho por aprender, y me siento en forma y con la voz respondiendo, que es lo más importante. Desgraciadamente, tienes que mostrar tu valía fuera para que te valoren en tu país.

¿Cuáles considera sus hitos profesionales hasta ahora?

Lo que me cambió la vida fue ganar el concurso internacional Fransesc Viñas en 2007, pasé de ser secundaria a que me llamasen para papeles protagonistas. Cambió mi manera de enfocar mi carrera. Recuerdo también con mucho cariño mi papel de Liù (‘Turandot’) en el Euskalduna de Bilbao, porque sentir la ovación de un público tan difícil en un auditorio tan impresionante me emocionó. También fue muy importante la Musetta (‘La Bohème) que hice en el Carlo Fenice de Génova sustituyendo a Ainhoa Arteta.

¿Cómo fue su experiencia junto a Riccardo Muti?

Espectacular. Nunca he escuchado a una orquesta sonar como en sus manos. Muti consigue crear un color orquestal, unos ‘pianos’… te deja un colchón ideal, que casi da miedo romper cuando tienes que entrar cantando sobre él. Se respira magia.

¿Cómo fueron las pruebas para llegar hasta ahí?

Muy curiosas, porque yo había preparado un aria, llegué a la audición frente a él y su equipo, la interpreté y me olvidé. Cuál fue mi sorpresa que me volvieron a llamar para una segunda audición: querían escucharme un dúo con una mezzo que yo no me había preparado. Muti sólo me dijo “No se preocupe, es muy fácil, lo lee a primera vista”. Lo hice como pude, ¡me temblaban las piernas! Pero me seleccionaron. Además, antes de hacer esa misa con él, Muti me volvió a llamar para hacer ‘Ifigenia en Áulide’ con él. Que Riccardo Muti te llame para cantar es lo máximo.

No es un camino de rosas…

La carrera de cantante lleva mucho esfuerzo, pero es cierto que se necesita una porción de suerte, y yo no me puedo quejar, porque, aunque estoy haciendo muchas audiciones para todo, se me van abriendo puertas. No quiero correr mucho, porque espero que esto sea una carrera de fondo, de muchos años, y no quiero quemarme. Mi pensamiento es llegar a viejita cantando, aunque hay que estar siempre ahí, porque si no, en seguida desapareces.

¿Cómo se compagina el tener que estar presente con rechazar papeles porque aún no es su momento?

Con mucha pena, porque hay cosas que me encantaría hacer, pero soy consciente que todavía no es el momento. Sé que ahora es el momento de afrontar papeles como Micaela (‘Carmen’), Musetta (‘La Bohème’)… personajes frescos, juveniles. El repertorio más lírico llegará de manera natural, pero no lo quiero forzar. De momento espero continuar con el repertorio de soprano lírico- ligera, más liviano, que también da mucho margen, aligera la voz y la deja fresca. De esta manera no se avejenta ni alcanza un excesivo vibrato.

¿Cuál es ese repertorio al que aspira?

Me gustaría hacer una lírica plena, lo que conlleva una Mimí (‘Bohème’). Puccini es un autor que me gusta mucho, también Verdi o Mozart, pero estamos hablando a largo plazo, en un futuro todavía lejano. Muchas veces no se trata de lo que se aspira, si no de lo que te ofrecen los teatros. En una época donde prima tanto la escena, por mi físico funciono en papeles para ‘Romeo y Julieta’ de Gounod o ‘El elixir de amor’ de Donizetti.

¿Qué papel no se ve haciendo?

No me veo como Ana Bolena, o como cualquiera de las reinas. Hay papeles que ya vienen dados por el texto, como en ‘Turandot’ (Puccini), cuando se canta “mia piccola Liù”: ya da pistas sobre el físico del personaje, que en este caso concuerda con el mío.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Al acabar esta antología tengo veinte días de pausa que los voy a emplear en dar el último empujón al ‘Elixir de Amor’. Debuto en el papel de Adina en la Fenice de Venecia, algo que no pesaba que llegaría tan pronto y que me hace mucha ilusión. También tengo firmadas dos Mussettas (‘La Bohème’): una con Ainhoa Arteta en La Maestranza de Sevilla para diciembre, y en enero de nuevo en La Fenice.


N. del A.: Todo encanto y amabilidad. Beatriz es una más de la gran familia de músicos asturianos

(Foto: Iván Martínez)

Antología de la Zarzuela con sabor asturiano




24/07/2010

La actividad musical vuelve a la capital con la ya tradicional ‘zarzuela de verano’. Durante los fines de semana de julio y agosto el Teatro Campoamor acogerá una recopilación de algunos de los más destacados fragmentos de la lírica española, en una nueva producción firmada por el asturiano Arturo Castro, cuyo trabajo ya se pudo ver en ‘Los Gavilanes’ el pasado mes de mayo. Bajo el nombre ‘¡Viva la Zarzuela!’ se aglutinan un total de 27 números musicales que interpretarán un elenco de seis solistas: las sopranos Amparo Navarro, Beatriz Díaz y Ana Nebot, el tenor Alejandro Roy, y los barítonos David Menéndez y Juan Jesús Rodríguez. Junto a la Capilla Polifónica ‘Ciudad de Oviedo’ y la Joven Orquesta Internacional ‘Oviedo Filarmonía’, y tras la cancelación de Friedrich Haider -de quien se esperaba que dirigiese algunas de las funciones- será la batuta de Ramón Tebar, uno de los directores jóvenes de mayor proyección en nuestro país, la encargada de llevar el mando de esta gigantesca producción.

Foto: Festival de Teatro Lírico

La trayectoria de Tebar ha sido meteórica desde sus comienzos: asistente de la joven orquesta Nacional de España o de la Sinfónica de Atlanta, actualmente compagina su puesto como titular de la Sinfónica de Palm Beach con su actividad en los fosos de teatros por todo el mundo. Recientemente fue galardonado con el premio Henry C. Clarck al mejor director por la Florida Gran Opera en Estados Unidos.

Por el escenario desfilarán conocidos fragmentos de los grandes autores del género: Pablo Sorozábal (‘La del Manojo de Rosas’, ‘La Tabernera del puerto ‘), Gerónimo Giménez (‘Las Bodas de Luis Alonso’), Jacinto Guerrero (‘Los Gavilanes’, ‘La Rosa del Azafrán’), Federico Moreno Torroba (‘Luisa Fernanda’), Ruperto Chapí (‘La Revoltosa’), Federico Chueca (‘El año pasado por agua’), Francisco Alonso (‘Las Leandras’), Manuel Penella (‘El gato montés’), Amadeo Vives (‘Doña Francisquita’) y Manuel Fernández Caballero (‘Chateau Margaux’).

Además de estos ‘grandes éxitos’ de la zarzuela, el espectáculo incluye guiños a su origen asturiano, con intervenciones del gaitero José Ángel Hevia, la Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo y el Grupo Folclórico Trasgu. Como colofón, se interpretarán fragmentos de zarzuelas, quizá menos conocidas, pero que llevan la huella de la tierra en sus letras. De este modo, se revisará el aria ‘La locura no tien cura’ de ‘La Pícara Molinera’, escrita por Pablo Luna, y se cerrará la antología con el ‘Canto a la Sidra’ de ‘Xuanón’, zarzuela escrita por Federico Moreno Torroba, y el Pasodoble a Asturias incluido en ‘El Gaitero de Gijón’, de Jesús Romo Raventós.

La impronta ‘astur’ no se termina aquí, ya que la mayoría del reparto es oriundo del Principado: tanto las sopranos Ana Nebot y Beatriz Díaz, como el tenor Alejandro Roy y el barítono David Menéndez pasean el nombre de Asturias por los escenarios más prestigiosos, y se reúnen en Oviedo con el mismo fin por primera vez.

Foto: Festival de Teatro Lírico

Toda la antología se encuentra vertebrada en el marco de un gran ensayo general, con el actor Arturo Fernández como maestro de ceremonias, soportando él solo casi la totalidad de la parte actoral del espectáculo, el cual, además de las partes solistas, otorga una gran importancia al coro, que será la Capilla Polifónica ‘Ciudad de Oviedo’ bajo la dirección de Miguel A. Campos, cada vez más asentada en su rol de formación de referencia en la interpretación de la lírica española en Asturias.

Esta ‘zarzuela de verano’ tiene también un componente educativo, puesto que la orquesta que se encuentra en el foso es la Joven Orquesta Internacional Oviedo Filarmonía, formada por los alumnos del VI encuentro realizado en la ciudad para jóvenes intérpretes con edades comprendidas entre los 17 y los 25 años. El creciente prestigio del proyecto -que cuenta con profesores llegados incluso de la Filarmónica de Berlín- hace que se encuentren alumnos procedentes de Italia, Letonia, Portugal, Cuba, Francia y Argentina, además de España.

Reunidos desde el 10 de julio, y tras jornadas intensivas de ocho horas de clase, llega el momento de enfrentarse al reto de debutar en el Teatro Campoamor, además de ofrecer dos conciertos sinfónicos más -con diferentes programas- a lo largo del verano. Según su inspectora, Covadonga González, la Joven Orquesta “ofrece la oportunidad de adquirir experiencia en dos niveles totalmente diferentes: el foso y el escenario, y completa una formación en un campo normalmente descuidado en los Conservatorios”.

viernes, 28 de mayo de 2010

Notas al programa, OSPA (Tchaikovsky: Concierto para piano nº 1 - Shostakovich: Sinfonía nº 10)

Abono 14. Temporada 2009/2010

28/05/2010

Piotr Ilich Tchaikovsky- Concierto para piano nº 1 en Si bemol menor, op. 23

En 1875 Tchaikovsky completó su primer concierto para piano y orquesta. Al no ser un pianista especialmente habilidoso, decidió recurrir a su mentor y amigo, Anton Rubinstein, para buscar una opinión y obtener algún consejo de alguien experto en la materia, provocando una de las explosiones más famosas de la historia de la música. En una carta a su mentora Nadezhda von Meck tres años después del incidente, Tchaikovsky describía la escena en unos términos todavía cargados de amargura. De esta manera se refería a la interpretación del primer movimiento por parte de Rubinstein: “¡Ni un solo comentario! Si supiera lo estúpido de la situación… un hombre que cocina y le ofrece el plato a un amigo, el cual se lo come en silencio…” Al llegar al final del movimiento, Rubinstein “opinó que mi concierto era intocable, los pasajes estaban demasiado fragmentados, difusos, tan mal escritos que necesitaban un rescate urgente. Para él, el trabajo en sí era malo, vulgar, incluso en pasajes que había tomado de otros compositores…”

El cúmulo de objeciones continuó hasta que Tchaikovsky salió de la habitación, persuadido por Rubinstein con la promesa de tocarlo si cambiaba lo necesario. Pero la ofensa sentida por el compositor fue demasiado grande. Finalmente, decidió no entregar el trabajo a Rubinstein, borró la dedicatoria al alumno y amigo de éste, Sergey Taneyev, y la sustituyó por una nueva a un encantado Hans von Büllow, quien estrenó el concierto en Boston el 25 de octubre de 1875.

La obra se volvió tan popular que hoy en día es difícil entender las críticas de un músico tan inteligente y cercano a Tchaikovsky como Rubinstein.

I. Allegro non troppo e molto maestoso, Allegro con spirito

En muchos sentidos es un trabajo poco convencional. Aunque hubo oyentes que en la época encontraron algo bruscas las conexiones entre la sección de apertura -con sus grandiosos y amplios acordes- y el Allegro principal, este aspecto ya no causa problema al público de hoy en día, más familiarizado que Rubinstein con el gusto de Tchaikovsky por las introducciones lentas.

La obra arranca con una impetuosa y larga introducción (106 compases) que se desarrolla en torno a una de las más reconocibles melodías de todo el repertorio clásico. Al parecer, Tchaikovsky se la escuchó tocar a unos músicos callejeros ciegos en la ciudad ucraniana de Kamenka, cerca de Kiev. Se trata, sin duda, del pasaje más célebre de la obra y, aunque no reaparece de la misma forma en ningún otro momento, encierra en sus dramáticas y apasionadas notas todo el material melódico que el compositor irá desarrollando a lo largo del concierto apoyándose en distintas tonadas muy populares en la época. Esta conexión entre toda la obra no es, sin embargo, evidente y sólo un análisis muy pormenorizado de la partitura revela esta relación.

El resto del movimiento, escrito siguiendo el esquema de la sonata, gira en torno a dos nuevos temas, uno de ellos procedente del folclore ucraniano y el otro de raíces netamente románticas. Entre ambos confieren a la batalla entre la orquesta y el piano todo su dramatismo y apasionamiento, pero la tradicional angustia de otras obras de Tchaikovsky nunca hace acto de presencia. Muy al contrario, la estructura juega con bastante libertad a contraponer casi improvisadamente secciones lentas y rápidas con el objetivo de crear un efectismo que suprime cualquier posible sentimentalismo en el espíritu de la música. Hay mucha teatralidad, pero nada de tragedia.

II. Andantino semplice, prestissimo

Toda la grandilocuente energía desplegada en el primer movimiento, se transforma en este segundo en dulce tranquilidad. Una flauta abre el primer pasaje con la tierna melodía principal, que domina todo el movimiento, otorgándole un carácter nostálgico que contrasta con el apasionamiento anterior. El toque optimista corre a cargo de una bailable canción popular francesa de la época, apropiadamente titulada Il faut s’amuser, danser et rire (“Hay que divertirse, bailar y reír”) cuya melodía es citada en la sección intermedia del movimiento. Finalmente, en la recapitulación, resurge la melodía principal, que cierra el movimiento con un lirismo casi nostálgico, en fuerte oposición a la alegría anterior.

III. Allegro con fuoco

Las referencias populares que salpicaban los dos primeros movimientos no hacen sino acrecentarse en el tercero. El movimiento se inicia con una galopante danza tradicional ucraniana a la primavera a la que sucede un tema estrechamente vinculado a una canción tradicional rusa. Como contraste, un tercer tema, nuevamente romántico y esta vez con un importante componente lírico. La complejidad y espectacularidad de este tercer movimiento nos devuelve al principio del concierto, cerrando así el círculo de una obra genial, tan breve (poco más de treinta minutos) como intensa, plagada de detalles e inmensamente entretenida.



Dimitri Shostakovich- Sinfonía nº 10 en Mi menor, op. 23

La producción sinfónica de Dimitri Shostakovich se erige como uno de los pilares de la historia musical del siglo XX. Entre sus 15 incursiones en el género muchos consideran la Décima la más completa y la más exitosa de todas las sinfonías de su catálogo. En ella, Shostakovich desnuda su alma y como siempre muestra las debilidades y las reservas de fuerza y de grandeza que siempre le caracterizan. Es una recapitulación de la segunda Guerra Mundial y del período de la guerra fría (a cuyos comienzos se estrenó), pero va mucho más allá. La Décima Sinfonía es todo un misterio: estrenada por la Filarmónica de Leningrado bajo la dirección de Yevgeny Mravinsky el 17 de diciembre de 1953, tras la muerte de Stalin en marzo de ese mismo año, no está claro si es una celebración encubierta de este hecho o una simple composición más dentro del catálogo.

Si nos atenemos a las cartas del compositor, su composición comenzó en julio y terminó en octubre de 1953, pero la pianista Tatiana Nikolayeva sostuvo que la obra ya estaba completa en 1951, incluso existen algunos borradores con materiales utilizados en ella que datan de 1946. Este baile de fechas deja clara una cosa: 1953 fue un año en el que vieron la luz varios de los trabajos salidos del cajón del escritorio de Shostakovich. La Décima resultó ser uno de sus trabajos más populares, junto con la Quinta.

El aspecto más reconocible de ella será una de sus famosas paradojas semánticas, tomada de la segunda canción de su ciclo de cuatro basado en los monólogos de Pushkin, y titulado ¿Cuál es mi nombre? En ella, Shostakovich presenta la representación musical de su nombre, las letras DSCH. En la notación musical alemana, la serie D- Es- C- H representa los sonidos Re- Mi bemol- Do- Si. Un motivo que ha quedado como firma del compositor para toda la historia de la música.

I. Moderato

En contenido y estructura, la Décima sinfonía es quizás el más claro ejemplo de la ingenio de Shostakovich. Por un lado, encontramos alusiones a la tradición sinfónica, y por otro, crípticas referencias al tiempo y lugar que le tocó vivir. El movimiento de apertura es un brillante ejemplo de cómo hacer mucho partiendo de poco. Shostakovich trabaja con tres temas aparentemente faltos de fuerza e ingenuos. Sin embargo, el compositor construye con ellos una atmósfera oscura, densa, que va acumulando tensión hasta llegar a la exaltación en su sección central, para volver a la quietud inicial, aunque nunca se alcanza la tranquilidad.

II. Allegro

El segundo movimiento es un corto pero feroz scherzo, que sorprende tanto por su brevedad como por la violencia de su lenguaje. El contraste con los movimientos precedente y posterior es evidente. A propósito de este scherzo Shostakovich escribió en Testimonio: “la segunda parte, el scherzo, es en términos generales un retrato musical de Stalin. Por supuesto hay muchas más cosas en él, pero ésta es la base”. Partiendo de esto Ian McDonald ha propuesto que los agobiantes y opresivos crescendi sobre una nota que abundan en el movimiento podrían identificarse con algún aspecto de la personalidad o manera de hablar de Stalin.

III. Allegretto

Shostakovich da un cambio de timón brusco al carácter de su Sinfonía en el tercer movimiento, pasando de lo público –los dos primeros movimientos- a su mundo privado. Es el más enigmático de todos, lleno de significancias personales. Tras la apertura en cuerdas, basada en el satírico scherzo de su propio Primer Concierto para violín y orquesta, presenta la firma musical DSCH, que se intercalará con una llamada de trompas. Estas intervenciones de los metales son una nueva firma musical, más bien dedicatoria, a la pianista y compositora Elmira Nazirova, quien fue alumna de composición de Shostakovich en el Conservatorio de Moscú, y con la que desde entonces mantuvo una apasionada correspondencia que se intensificó durante los meses de composición de la Décima, cuando la mayoría de las cartas se referían a citas para encuentros furtivos. El motivo de Elmira es el más críptico y complicado de todos: se construye a partir de la combinación de las dos notaciones, la alemana y la francesa, para dar lugar a “E La Mi Re A”, traducidas a las notas Mi- La- Mi- Re- La, que son presentadas una quinta por encima (Si- Mi- Si- La- Mi) para remitir directamente al comienzo de La canción de la tierra de Mahler (formado por las notas Si- Mi- Si- La- Si- Mi- Si).

El motivo DSCH y el de Elmira son presentados cada vez con menor distancia, estrechándose a medida que avanza el movimiento, aludiendo a esos encuentros cargados de ansiedad. El motivo de Elmira es presentado doce veces en total, lo que alude directamente a la medianoche como hora de esos encuentros.

IV. Andante- Allegro

El movimiento final nos traslada de nuevo al dominio público, abandonando la intimidad del Allegretto. Se abre con una oscura melodía a cargo de las cuerdas graves en unísono, para dar paso a melancólicos solos en el viento madera, antes de lanzarse al tema principal en un Allegro de regocijo simple. Sin embargo, pronto se hace evidente lo perturbador de la forma, basada en el gopak georgiano, que es presentada por las cuerdas en unísono (no hay que olvidar que Stalin era de origen georgiano).

Cuando el carácter scherzante amenaza con engullir el movimiento, el motivo DSCH vuelve a aparecer imponiéndose con autoridad en el fortissimo.

Una recapitulación de la idea de apertura devuelve la atmósfera de inquietud del comienzo, hasta que un fagot vuelve a presentar el tema del Allegro. Desde este punto el clima de optimismo se va haciendo fuerte y conduce hasta un final de afirmación de la personalidad, con la firma DSCH sonando insistente y triunfal. ¿Pretendía Shostakovich con este cierre celebrar su victoria sobre Stalin? ¿Recordar al mundo que él continuaba vivo, dispuesto a componer como no le habían dejado? Lo único cierto es que la desaparición del dictador fue el primer paso para la rehabilitación ‘oficial’ de Shostakovich, marcada por el Cuarteto número 8 y la Décima Sinfonía, y puso fin a la relación de amor- odio vivida durante los años del régimen.


N. del A.: De nuevo, además de las notas, me encargué de la conferencia previa sobre la Décima de Shostakovich, y está visto que mis intervenciones en las temporadas de la OSPA no pueden ser normales. Si en la anterior el Maestro Valdés me pisó todo el discurso preparado, en esta falló el sonido, y la mitad de los ejemplos no se pudieron apreciar bien. A ver si hay una nueva posibilidad y sale todo 'normal'...