sábado, 18 de febrero de 2012

Entrevista a Patxi Aizpiri. Director del coro de la Ópera de Oviedo







18/02/2012

“La variedad de estilos es beneficiosa para cualquier coro”

Con la temporada de ópera recién terminada nos encontramos, como siempre, con diversidad de opiniones. Sin embargo todo el mundo coincide en destacar el papel del coro en cada uno de los cinco títulos que han pasado por el Teatro Campoamor desde septiembre hasta enero. Su director, Patxi Aizpiri nos recibe en su despacho, situado en el local de ensayos que la Ópera de Oviedo posee en la calle Cervantes. Preparando ya la próxima temporada, aunque con la formación disfrutando de unas minivacaciones hasta finales de mes, hace un repaso para Oviedo Diario de cada título de la temporada, aportando claves y descubriendo la manera de trabajar en escena para una formación de estas características.

Antes de entrar en detalles, ¿cuál sería su valoración general de la temporada?
Hemos terminado una temporada que nos ha dejado muy buenas sensaciones. Han sido títulos en los que el coro ha rendido a muy buen nivel, y donde el plato fuerte, el ‘Peter Grimes’ ha sido un reto superado. Hemos recorrido estilos e idiomas muy diversos, y eso ha sido beneficioso para el propio coro.

Comenzó la temporada con ‘El Murciélago’ de Richard Strauss…
Ha sido el título divertido de la temporada. La complicación no era grande a nivel vocal, quizá más a la hora de integrar el idioma alemán (estamos más acostumbrados al italiano). Escénicamente rompía con los cánones, era una opereta, y eso nos permitió también disfrutar más en escena.

Causó polémica la propuesta escénica de Pontiggia…
Adaptó el libreto al castellano, y hubo público contrario a eso. Pudo gustar más o menos, pero es innegable que fue una visión muy divertida donde el coro se lo pasó muy bien.

Hablando de diversión, ‘La Italiana en Argel’ fue el título que permitió al coro demostrar toda su capacidad escénica
‘La Italiana’ requería sólo coro de hombres y es cierto que escénicamente requería mucho a los coristas. Además aquel vestuario, enseñando la barriga, con los sujetadores… Hubo reticencias al principio, e incluso me costa que en otras ciudades hubo cantantes que se negaron a travestirse de esa manera, sin embargo aquí el coro se plegó a las ideas de Sagi y realizó un trabajo excepcional y muy divertido.

¿Cómo se controla el empaste coral con estos movimientos escénicos?
Es complicado. Los directores de escena son los que colocan a la gente, si bien es cierto que yo suelo estar en esos ensayos y doy mi opinión si veo que las disposiciones pueden perjudicar al canto. Es una colaboración estrecha en la que estamos continuamente hablando para poder llegar a un entendimiento.

¿Ocurre a menudo?
A veces. Sin ir más lejos, en el último título (‘Peter Grimes’) sugerí el cambio de algunas disposiciones, moviendo alguna gente de sitio, porque sonaría mejor. Al fin y al cabo, el que conoce al coro soy yo, y sé cómo beneficiar su canto y mejorar el sonido desde fuera. Es lo que procuro conseguir.
Foto: Iván Martínez- Oviedo Diario

En noviembre fue el turno de Mozart, donde se destacó la potencia de la formación.
Sí, aunque tiene su explicación. Curiosamente, para ‘La flauta mágica’ éramos un coro muy reducido, sin embargo la colocación escénica nos benefició. Cuando el coro avanza hacia la boca del escenario ganamos mucho.

¿La colocación condiciona la interpretación?
Totalmente. Por ejemplo, cuando vemos que el compositor ha señalado una parte como piano, esa dinámica varía totalmente a la hora de subir a escena. Si estamos muy detrás, con la cantidad de sonido que se pierde, ese piano necesita algo más para poder llenar la sala. Sin embargo, el esfuerzo es mucho menor y el resultado más satisfactorio si cantamos cerca del patio de butacas, aunque seamos pocos.

¿En algún momento la reducida caja escénica del Campoamor ha obligado a reducir el tamaño del coro?
Totalmente. Lo que aquí se hace con cincuenta y cinco personas de coro, como es el caso del ‘Peter Grimes’, en el Real o en el Liceo lo hacen con ochenta o noventa. También es cierto que el teatro en sí es mucho menor, y es necesaria menos gente para que el sonido llegue a todas las localidades. Sin embargo también condicionan los propios directores de escena, porque en un determinado momento necesitan a un número específico, o el vestuario, porque no se ha hecho más que un número de trajes y de ahí no se puede pasar.

La ‘Norma’ en diciembre fue un hito, pero ¿los ensayos reducidos llegaron a perjudicar al coro?
En lo musical tuvimos los mismos ensayos de siempre: tres ensayos conjuntos con orquesta, pregeneral y general. Sólo se redujeron los ensayos de escena, ya que al ser una función semiescenificada, parecía que no hacía falta tanto.

Sin embargo, al coro se le vio inseguro, no en lo vocal, pero sí en sus movimientos…
Es cierto que el coro tenía unas posiciones marcadas, a las que tenía que llegar y que tenía que abandonar de una determinada manera, y puede que no fuese tan fluido como otras veces, precisamente porque el número de ensayos fue escaso. Sin embargo, no creo que perjudicase al espectáculo.

Primaba lo vocal…
Totalmente. Además, estuvimos encantados con el maestro Roberto Tolomelli, era un director ‘de la vieja escuela’, de los que quedan pocos.  Sabía concertar bien, acompañar a los cantantes…

Muchos consideraron sus tempi algo lentos.
Es cierto, sin embargo, eran los elegidos por los cantantes. Cuando trabajas con estrellas como Radvanovsky, Colombara, Machado… tienes que saber plegarte, siempre hasta cierto punto. Se trata de una colaboración, no de una lucha, en la que en cada situación hay que darle preponderancia a un aspecto en concreto.

Y llegamos al ‘Peter Grimes’, donde el coro se convirtió en la primera formación semiprofesional en interpretar esta ópera en España.
Es un dato que desconocía hasta que se dijo en la rueda de prensa de presentación. Desde el primer momento lo vi como un reto apasionante. Es una obra muy compleja, pero estaba seguro de que el coro podía abarcar eso.

¿Hubo que reforzar al coro?
Sí, pero se hizo íntegramente con gente de aquí. Actualmente somos 48 coristas, y el montaje requería de 55. Siempre traemos gente de Asturias que colabora con nosotros, por lo que el coro sigue manteniendo su identidad. Es una manera habitual de funcionar en todos los teatros.

¿Requirió mucho trabajo?
Era el título más complicado, ya no sólo por las rítmicas y las disonancias, sino por lo desconocido, y efectivamente fue el que más tiempo de ensayos nos llevó. El coro era consciente de ello y trabajó mucho y muy bien.

Además la escena de David Alden era muy exigente…
Sí, pero en muchos casos eran movimientos beneficiosos. Por ejemplo, en el contrapunto imitativo del final del primer acto, la canción “Old Joe has gone fishing”, esa pequeña coreografía ayudaba a los cantantes a situarse en medio del caos rítmico que se generaba en la música, era beneficioso porque en todo momento permitía al corista ver dónde estaba él y dónde el resto de las voces.

Una vez vista esta variedad de estilos ¿en qué repertorio el coro se siente más cómodo?
Ópera italiana romántica, principalmente porque es lo que más se canta y lo que más se programa.

Sin embargo, ¿cree que el coro está preparado para abordar repertorios más desconocidos y actuales?
Sinceramente, sí., Lo hemos demostrado con el ‘Peter Grimes’, pero no ha sido la primera vez. Recuerdo el ‘Rake’s Progress’ de Stravinsky en la temporada 08/09 que, si bien no era tan compleja, el coro demostró sus capacidades igualmente.

sábado, 4 de febrero de 2012

Valoración de la Temporada de Ópera de Oviedo



4/02/2012


El Ingenio


Más que nunca el ingenio ha sido el protagonista de la Temporada de Ópera de Oviedo que toca a su fin. El ingenio de hacer más con menos –parece que tienen que llegar las vacas flacas para que suba el nivel–, de vender una temporada sin grandes nombres y hacerla un éxito, el ingenio de adecuar los reducidos espacios del teatro Campoamor a producciones más pequeñas… Pero vayamos por partes.

Sondra Radvanovsky como Norma
©carlospictures- Ópera de Oviedo
Sin duda, la intención de mantener los cinco títulos de otros años a costa de sacrificar la escena de uno de ellos fue la decisión más polémica. Y la damnificada fue ‘Norma’, de Bellini. La cuarta ópera de la temporada se presentaba desangelada, semiescenificada, y con la sensación de ser un parche más que una solución. Y, una vez terminada la temporada, sólo se puede catalogar aquel espectáculo como uno de los hitos musicales de Oviedo en el último lustro. Las voces de Sondra Radvanovsky y Dolora Zajick, que elevaron sus papeles de Norma y Aldagisa a un nivel que no se recordaba, y la acertada propuesta escénica de Susana Gómez, reciclando materiales de otras producciones, demostró que el ingenio para reducir costes funciona.

El Murciélago ©carlospictures- Ópera de Oviedo
‘Norma’ fue el título que consiguió elevar el nivel de una temporada que hasta entonces se movía en lo simplemente correcto, con un inicio de temporada que por primera vez presentaba una opereta (es decir, una zarzuela en alemán) con ‘El Murciélago’ de Johann Strauss II. El ingenio de cambiar un Strauss por otro (¡qué diferente hubiese sido si las circunstancias hubiesen permitido hacer ‘El caballero de la rosa’ de Richard Strauss!) no consiguió hacer olvidar al público lo que pudo haber sido y no fue, y, pese a una calidad vocal muy notable, sobre todo en el caso de Mariola Cantarero, la producción dejó resquemor debido a sus continuas e innecesarias referencias localistas a Oviedo, y algunas soluciones de libreto bastante discutibles.

La Italiana en Argel ©carlospictures- Ópera de Oviedo
En muchos momentos fue una puesta en escena ingeniosa –como ocurrió con ‘La Italiana en Argel’ firmada por Emilio Sagi– la que elevó el nivel de la producción. En este caso, además, Oviedo se encontraba con una de las grandes estrellas del panorama operístico internacional: Vivica Genaux protagonizaba esta ‘Italiana’ y también el mayor chasco de la temporada por su limitado volumen –ya se sabe, cuanto más alto se apunta, más dura es la caída–, así como por el ‘partenaire’ de escena, el tenor Antonio Lozano, excesivamente nervioso debutando en repertorios todavía desconocidos. Fue en esta producción donde se demostró que las voces graves, un año más, volvían a ser las que tiraban del carro. En la ópera de Rossini fueron Pietro Spagnoli y David Menéndez, y en el título siguiente, ‘La flauta mágica’, sería Joan Martín-Royo.

La flauta mágica ©carlospictures- Ópera de Oviedo
Martín-Royo, habitual del Campoamor en estos años, ha sabido ganarse el cariño del público local, así como forjarse una carera con una voz muy sólida y una vis cómica que desarrolló en todo su esplendor con el rol del pajarero Papageno de  la ópera de Mozart, ingenioso en su desarrollo vocal y dramático, y de nuevo encargado de elevar el nivel del cast más flojo de toda la temporada.

Tras la recuperación del nivel exigible a una temporada de estas características con la ‘Norma’, el final de fiesta, que todavía es motivo de conversación en los círculos musicales asturianos, ha sido el estreno en Oviedo de ‘Peter Grimes’, ópera de Benjamin Britten. La conocida suspicacia del Campoamor ante títulos de este tipo hacía imprevisible el resultado de una apuesta arriesgada, también en lo económico: la taquilla no respondía con el entusiasmo de ‘La flauta mágica’, y eso era sintomático. Sin embargo, una vez que el público se sumergió (nunca mejor dicho) en el opresivo mundo de  la aldea marinera tan sospechosamente parecida al Aldeburgh natal del autor, los recelos se fueron perdiendo en favor de un espectáculo completo, liderado por el tenor Stuart Skelton y la soprano Judith Howarth. 

S. Skelton como Peter Grimes ©carlospictures- Ópera de Oviedo 
Cabe preguntarse si sigue siendo noticia que una ópera que data de 1945, plenamente aceptada en cualquier teatro sin ningún problema, siga provocando recelo en Oviedo; que haya que señalar que el público asturiano aplaudió la ópera ‘dura’. Quizá la tradición musical se impone a la educación musical. Quizá no interesa tanto avanzar. A lo mejor es buena idea que el año que viene cuatro de las cinco óperas sean ‘greatest hists’ –‘Werther’, ‘Lucia di Lamermoor’, ‘Don Carlo’ y ‘Turandot’– y que la quinta, ‘Agrippina’ de Haendel, sea una ópera menos conocida pero de un autor que gusta. Al menos las funciones estarán llenas y la ópera de Oviedo recaudará más dinero. Pero la seguridad mata al ingenio.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Crítica 'Peter Grimes': Riesgo y recompensa


01 OVIEDO_01_29_2012_Stuart_Skelton_como_Peter_Grimes_©carlospicturesOviedo. LXIV Temporada de ópera. Teatro Campoamor
29.I.2012.


Benjamin Britten: Peter Grimes.


STUART SKELTON, JUDITH HOWARTH, PETER SIDHOM. OSPA. CORO DE LA ÓPERA DE OVIEDO. CORRADO ROVARIS, director musical..


Aforo: 1.440 Asistencia: 95%

martes, 20 de diciembre de 2011

¿Breve? historia de la ópera en el siglo XX







Presentación PREZI para los alumnos de la asignatura Teatro Musical. Historia y Ciencias de la Música. Universidad de Oviedo.

Pulsar el PLAY. Esperar a que cargue del todo (a que la imagen sea nítida), y, para ver en pantalla completa, pinchar en More-Fullscreen (esquina inferior derecha). Desplazarse por la presentación normalmente con las flechas de dirección del teclado


domingo, 18 de diciembre de 2011

Benjamin Britten y la ópera



Presentación PREZI para los alumnos de la asignatura Teatro Musical. Historia y Ciencias de la Música. Universidad de Oviedo.

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viernes, 16 de diciembre de 2011

Notas al programa: Conciertos del Auditorio. Oviedo Filarmonía & Fernando Arias (percusión)




Farangis Nurulla-Khoja: Parparon for orchestra

Farangis Nurulla-Khoja es una joven compositora (nació en 1972) cuya diversidad de raíces (originaria de Tayikistán. pero con nacionalidad sueca y canadiense) otorgan a su obra un particular bagaje que la hace única. Conocida en nuestro país tras resultar ganadora del III Certamen de Composición Magistralia en 2008, su obra busca una inmersión en lo desconocido, una búsqueda de “sonidos no escuchados y formas nunca vistas”, según declara ella misma. Para Nurulla-Khoja –formada n Gotemburgo, San Diego (California) y el IRCAM– la música parte del lenguaje poético, que se encuentra por encima de cualquier sonido más o menos comunicativo, y encuentra su complemento ideal en la danza.

Parparon es una ventana abierta a la imaginación de la artista. Estructuralmente, encontramos siete frases, cada una de las cuales es reinterpretada a través de diferentes elecciones de timbres y acordes. La obra huye de la reproducción exacta, jugando con estos parámetros para crear un todo musical en el cual el timbre se fusiona con la textura musical que lo envuelve para erigir en cada frase una nueva e independiente creación.


Tobias Broström: Concierto ARENA para percusión y orquesta

Tobias Broström (Helsinborg, Suecia, 1978) es ya una figura clave en la composición de su país. Habiendo cursado estudios de percusión, es de entender su especial atención a composiciones como la que hoy escuchamos. Su concierto Arena para percusión y orquesta fue escrito en 2004 con la colaboración del percusionista  Johan Bridger, que la estrenó el 6 de mayo de 2004 con la Orquesta Sinfónica de Malmö bajo la dirección de Christoph König.

La obra comprende dos movimientos, cada uno de los cuales está dividido en distintas secciones claramente delimitadas. Broström utiliza una gran cantidad de instrumentos de percusión situados, según indica el propio autor, en diferentes lugares o estaciones del escenario. Entre ellos, el solista se desplazará de uno a otro, evocando el título del concierto: Arena, tomado en su sentido de gran espacio, de ruedo. Cada estación posee sus propios grupos instrumentales buscando que cada una de las secciones de la partitura posea su propio sonido único.
El primer movimiento se abre con el solista situado al fondo, emplazado entre la sección de percusión del tutti orquestal y los timbales. Una segunda estación, con el solista en el frente del escenario, incluye un waterphone, un instrumento de metal formado por barras de diferentes tamaños que son tocadas con un arco. La larga sección que da comienzo al segundo movimiento está dominada por la marimba, situada de nuevo en frente, que constituye la tercera estación. Para la última, que da por concluido el concierto, el solista volverá al combo de percusión del comienzo, apoyado por más percusionistas, en una explosión que el propio autor denomina como “pirotecnia sonora”.


Antonín Dvořák: Sinfonía nº 8 en Sol Mayor

Imbuida del espíritu de bohemia, la octava sinfonía de Dvořák fue compuesta en 1889, y estrenada en Praga un año más tarde, para celebrar la entrada de su autor en la Academia de Bohemia para Estímulo del Arte y la Literatura, y presentada en 1891 tras su nombramiento como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cambridge. Supone la vuelta del Dvořák más comprometido con el nacionalismo y la reivindicación de la música checa.

El primer movimiento se abre con un tema en Sol menor en cellos, clarinetes, fagot y trompa, interrumpido por un alegre material a cargo de violas y cellos. Hay en todo el movimiento un carácter cambiante de menor a mayor que también se encuentra cuando nos introducimos en el segundo. Los tres bemoles de la armadura llevarían a pensar en Mi bemol Mayor y su lógico paso al relativo Do menor. Sin embargo, una feliz melodía en Do Mayor en flauta y oboe irrumpe rompiendo el academicismo, resaltando el carácter ambiguo y contrastante de toda la obra
El alegre vals del tercer movimiento, que vuelve a Sol menor, posee también su sección divergente en el preceptivo trío central, extraído de la ópera Los amantes obstinados del mismo autor, escrita en 1874 y estrenada en 1881.
Las trompetas anuncian el final. Su potente entrada en el cuarto movimiento es seguida por un gentil y lírico tema a cargo de los cellos, que se convertirá en el sujeto de una serie de variaciones que no escaparán a elementos más siniestros que romperán la calma.
Una vuelta al tema lírico principal precede a la excitación con la que se cierra la sinfonía, con la orquesta alentada por la potencia y vitalidad de las trompas.

Alejandro González Villalibre


miércoles, 14 de diciembre de 2011

Crítica 'Norma': No hacía falta más



OVIEDO 14 12 2011No hacía falta más
LXIV Temporada Ópera de Oviedo 2011/2012. Teatro Campoamor

14.XII.2011. Vicenzo Bellini: Norma.
14-XII-2011. SONDRA RADVANOVSKY, SOPRANO. DOLORA ZAJICK, MEZZOSOPRANO. AQUILES MACHADO, TENOR. OSPA. CORO DE LA ÓPERA DE OVIEDO. SUSANA GÓMEZ, DIRECTORA DE ESCENA. ROBERTO TOLOMELLI, DIRECTOR


sábado, 3 de diciembre de 2011

La ‘Norma’ de la crisis



03/12/11

Nada escapa a la ola de recortes, tampoco la Ópera de Oviedo, que en un nuevo encaje de bolillos nos presenta una producción semiescenificada de la ‘Norma’ de Bellini, próximo título de la temporada. Todo para poder conservar las cinco óperas por año en unos tiempos tan difíciles. De coste reducido en lo escénico, esta carencia teatral promete ser suplida con un reparto internacional de altísima calidad, que tendrá la difícil misión de hacer olvidar lo que falta a través de sus voces, más que nunca protagonistas absolutas, encabezadas por la soprano americana Sondra Radvanovsky y el tenor venezolano Aquiles Machado. Bajo la dirección de Roberto Tolomelli la OSPA vuelve al Campoamor tras su participación en ‘Die Fledermaus’, en una producción firmada por la asturiana Susana Gómez, que se subirá a las tablas del teatro el jueves 8 de diciembre, para continuar los días 11, 14 y 17.

©carlospictures - Ópera de Oviedo

La ópera ‘Norma’ de Vincenzo Bellini se estrenó en 1831 en La Scalla de Milán, y pese al fracaso de aquella noche, ha terminado por imponerse como una de las composiciones más representadas del estilo belcantista en el que se inscribe, y, sobre todo, una de las más populares, debido en gran parte al aria para soprano “Casta Diva”, toda una demostración del gusto italiano por la línea melódica, los adornos vocales y el lirismo más afectado.

Este rol de soprano protagónica es de los que pueden marcar una carrera, hundiéndola o lanzándola al estrellato. La dificultad del personaje de Norma es enorme, considerada como uno de los retos más grandes para una voz femenina por su extenso rango y su demanda de flexibilidad, control vocal y dinámica. Pero a todas estas exigencias físicas se suma la fuerte carga psicológica asociada a este rol, que lo hace vivir en continuo conflicto entre la vida personal y la pública, la vida romántica, el amor maternal, la amistad, los celos, el impulso asesino y la resignación. Estamos ante un personaje al que mueve la venganza hacia su antiguo amante y enemigo de su pueblo, el procónsul romano Pollione, al enterarse de que ama a otra sacerdotisa.

Sondra Radvanovsky, encargada en Oviedo de dar vida a la gran sacerdotisa gala en las cuatro funciones no es nueva en estas lides. Su carrera se ha cimentado en el repertorio italiano decimonónico, principalmente en papeles ‘spintos’ escritos por Verdi, aunque también ha destacado en papeles escritos por Mozart, Puccini o Gounod. Alumna de grandes sopranos como Renata Scotto, su presencia en los teatros americanos es una constante. Es habitual verla en el Metropolitan, en Los Ángeles o en Chicago. En Europa, su presencia ha sido también requerida en grandes teatros como La Scala, el Covent Garden o la Staatsoper de Viena.

La figura de Norma ocupa un lugar destacado entre los grandes personajes femeninos de la historia de la ópera. Los antecedentes de la heroína belliniana los encontramos en las óperas ‘Medea’ de Cherubini (1797) y en ‘La Vestale’ (1807) de Spontini, la primera desarrolla el tema del infanticidio como venganza y la segunda el de la sacerdotisa que rompe sus votos.

La réplica a Radvanovsky se la dará Aquiles Machado en el papel del procónsul romano Pollione, padre de los hijos de Norma. Pese a su abultada trayectoria, Machado debuta en el Campoamor. Alumno de Alfredo Kraus, desde su debut en 1996 su carrera ha resultado un encadenado de éxitos que le han llevado por todos los teatros importantes del mundo, situando su nombre entre los más cotizados en el repertorio belcantista italiana.


El libretista Felice Romani se basó para su historia en la tragedia de Alexandre Soumet  ‘Norma, ossia L'infanticidio’. Para este autor teatral francés los referentes fueron las figuras mitológicas de Niobe y Medea, así como Lady Macbeth de Shakespeare y la sacerdotisa de los druidas Velléda, del poema épico de Chateaubriand ‘Les martyrs ou Le Triomphe de la religion chrétienne’. Felice Romani enriqueció este mundo femenino, de por sí complejo, con dos aspectos importantes: el amor de la protagonista hacia Pollione y sus hijos. Norma es una mujer de sentimientos profundos y contradictorios: suma sacerdotisa y madre, amante abandonada y rival vengativa, todo en una misma persona. Su trágico final es consecuencia inevitable de sus conflictos emocionales y de la incompatibilidad entre voto religioso, deber para con su pueblo y amor no correspondido. Su muerte no es un autocastigo sino una solución catártica a sus conflictos internos.

La lectura política aplicable a este título añade un punto más de interés, centrada  el sumo sacerdote Oroveso que espera la señal divina para la rebelión contra los romanos. El bajo Carlo Colombara, que regresa al Campoamor en un papel que conoce sobradamente, interpretará a este predecesor de los profetas, conquistadores y libertadores de Verdi en la década del “Risorgimiento”. De nuevo los coros sirven para la reivindicación de una libertad en la Galia conquistada extrapolable fácilmente a la situación vivida por el pueblo italiano en la década de 1830. Pero, además, Bellini volcó en esta partitura sus anhelos de una vida exenta de prohibiciones y reglamentos, con todos los peligros y tribulaciones que ello conlleva.
Para esta situación especial de ópera semiescenificada, y para huir de la sensación de una ópera en versión de concierto, la Ópera de Oviedo vuelve a contar con la directora de escena Susana Gómez, que ya ha presentado en el Teatro Campoamor ‘Un ballo in maschera’ de Verdi o ‘Marina’ de Arrieta, en el caso de la temporada de zarzuela. Ella será la encargada de generar un espacio escénico que, con la orquesta en el foso y la movilidad de cantantes y coro, pretende dar más agilidad a la representación y completar una música de por sí muy poderosa.


FICHA

Norma
Música de Vincenzo Bellini (Catania, 1801- Puteaux, 1835).
Libreto de Felice Romani. Tragedia lirica en dos actos.
Estrenada en el Teatro alla Scala de Milán el 26 de diciembre de 1831.
Versión semiescenificada.

PERSONAJES E INTÉRPRETES

Pollione: Aquiles Machado
Oroveso: Carlo Colombara
Norma: Sondra Radvanovsky
Adalgisa: Dolora Zajick
Clotilde: Maribel Ortega
Flavio: Jon Plazaola

Druidas, bardos, sacerdotisas, guerreros y soldados galos.

Lugar y época: Bosque sagrado de Irminsul (Galias), en tiempos de la ocupación romana (siglo I a. C.).

Dirección musical: Roberto Tolomelli
Espacio escénico: Susana Gómez
Dirección del coro: Patxi Aizpiri

Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias
Coro de la Ópera de Oviedo
Teatro Campoamor de Oviedo


Funciones: 8 (20 h.), 11 (20 h.),  14 (18 h.), y 17 (20 h.) de diciembre. Teatro Campoamor de Oviedo


viernes, 2 de diciembre de 2011

La fuente perdida. Aventuras y desventuras de un investigador en el Audiovisual



Ensayo publicado en el número 9 de Jugar con Fuego. Revista de Musicología
Sección Allegro con moto


"No te voy a confiscar el móvil, pero tengo que recordarte que está prohibido que grabes o fotografíes nada de lo que veas en pantalla”. A mí, que la frase me golpea descolocado, dejando la cazadora en mi silla delante de un monitor Sony Trinitron de 9 pulgadas con más mili que el palo de la bandera, se me escapa la risa. Cuando miro a la mujer que me acompaña en el Departamento de Documentación de TVE me doy cuenta de que habla en serio. Así que bajo la mirada, murmullo un “claro, claro, por supuesto” y me dispongo a dejarme la vista en un cubículo ante una montaña de cintas Betacam que, amenazadoras, retan a mis córneas a no ser capaces de aguantar la maratón de visionado que me espera.