Despido el año con una nueva colaboración para El Cine de Lo Que Yo Te Diga. Repaso de las cinco mejores bandas sonoras de 2012. Tan subjetivo como impreciso, tan arbitrario como personal. Podéis leerlo y criticarlo pinchando AQUÍ o en la imagen siguiente.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Las mejores BSO del año 2012
Despido el año con una nueva colaboración para El Cine de Lo Que Yo Te Diga. Repaso de las cinco mejores bandas sonoras de 2012. Tan subjetivo como impreciso, tan arbitrario como personal. Podéis leerlo y criticarlo pinchando AQUÍ o en la imagen siguiente.
sábado, 15 de diciembre de 2012
El ascenso al poder de ‘Agrippina’ protagoniza el nuevo título de la Ópera de Oviedo.
Ambición, traición y lucha por el poder.
Ingredientes que desde siempre han movido al mundo y que Haendel, como autor
especialista en las bajas pasiones y el gusto del ser humano por dominar al
prójimo, puso en escena tomando la historia de Agrippina en 1709. La Ópera deOviedo presenta desde el próximo domingo el título más ambicioso de la
temporada, tanto por su estilo musical –hablamos de ópera barroca– como por su
duración –alrededor de las cuatro horas– como por el desconocimiento de la
composición para el gran público. También la puesta en escena, inspirada en las
series de televisión de los años 80 ‘Dallas’ y ‘Dinastía’, será un elemento a
tener en cuenta. Todo en cuatro funciones que desarrollarán en el Teatro
Campoamor los días 16, 18, 20 y 22 de diciembre las luchas de Agrippina por el
trono de emperatriz de Roma.
Hace apenas dos años la Ópera de Oviedo
alzaba el telón de su LXIII temporada con ‘La Coronación de Popea’ de
Monteverdi. Un éxito que confirmó el gusto del público asturiano por la ópera
barroca y que ya presentaba a algunos de los personajes que Haendel recuperó
para ‘Agrippina’ en una suerte de ampliación de la historia. Si en el título
monteverdiano se nos presentaba la historia de Nerón y Popea, y Agrippina era
apenas un personaje accesorio, en la ópera que se estrena mañana ésta pasa a
ser la protagonista absoluta.
Haendel se centra en la lucha de Agrippina, casada
con Claudio en segundas nupcias, por la sucesión en el trono de su hijo Nerón.
En pos de esta meta asistiremos a un despliegue de medios que persiguen como
único fin el ascenso al poder: difamación, engaño, traición… Todo es válido
para ir apartando a los débiles de la política e imponer la voluntad de la
protagonista.
Basándose en hechos y personajes citados
ampliamente en las crónicas de los escultores Tácito y Suetonio, Vicenzo
Grimani –diplomático erudito que era embajador del Imperio austriaco ante la
Santa Sede, virrey de Nápoles y empresario teatral– escribió un sangriento libreto que poseía una de
las mejores historias a las que Haendel puso música. La composición de
‘Agrippina’ vino motivada por un viaje de tres años del compositor a Italia. Su
estreno, el 26 de diciembre de 1709, la convirtió en un éxito inmediato,
alcanzando la insólita cifra para la época de 27 representaciones consecutivas.
Para el experto en barroco Cristopher Hogwood “es la primera
demostración de su genio que logró un éxito total; es un resumen, más que la
cima, de sus composiciones en Italia”.
El compositor contaba con tan sólo 24 años de
edad cuando le llegó el considerado primer gran triunfo de su carrera con esta
ópera. Sin embargo, la música que integra ‘Agrippina’ no es completamente
original. Muchos números proceden de composiciones anteriores, e incluso toma
‘prestadas’ algunas músicas de otros autores, como el teórico Johann Mathesson
o Reinhard Keiser, director de la Ópera de Hamburgo cuando Haendel tocaba en su
orquesta. A pesar de esto, su concepción global de este mastodóntico
drama, que jamás le hace perder interés, y su fuerte sentido teatral, hacen de
la ópera algo único.

La trama de la ópera tenía gran actualidad en la Italia del
momento ya que en ella se trataban las razones subjetivas del ansia y la
sucesión en el poder y enlazaba con los acontecimientos europeos de la época:
la Guerra de Sucesión Española. Vincenzo Grimani apoyaba la facción de los
Habsburgo mientras que el Papa Clemente XI estaba al lado de Francia y España.
La rivalidad que tiene lugar en la ópera entre Nerón y Otón se asemejaba a la
lucha que existía en aquel tiempo entre las Casas de Habsburgo y Borbón, que
aspiraban al trono español, en tanto que Popea simbolizaba la Corona Española
deseada por las dinastías de Francia y Austria.

Con una batuta experta en este
tipo de repertorios como Benjamin Bayl, al frente de una OSPA reforzada en el
continuo por los hermanos Zapico (Forma Antiqva), el reparto estará encabezado
por Pietro Spagnoli como Claudio y Anna Bonitatibus como Agrippina. Al barítono
italiano es habitual verle en Oviedo en roles rossinianos (‘El barbero deSevilla’, ‘La italiana en Argel’), donde se siente más cómodo y donde ha
cosechado sus mayores reconocimientos. Sin embargo, la relación entre el canto
de Rossini y la música barroca es tan estrecha que incluso Bonitatibus ofreció
hace poco más de una semana un recital en el Auditorio Príncipe Felipe con
obras de Rossini, previo a su actuación en el Campoamor. Serena Malfi en el
papel masculino de Nerón completa el trío protagonista de este cuarto título de
la Temporada de Ópera de Oviedo.
FICHA
Agrippina
Música de Georg Friedrich Haendel
Libreto de Vincenzo Grimani.
Dramma per musica en tres actos, estrenado en el Teatro San
Giovanni Crisostomo de Venecia en 1709..
Nueva producción de la Ópera de Oviedo y De Vlaamse Opera
PERSONAJES E
INTÉRPRETES
Claudio: Pietro Spagnoli
Agrippina: Anna Bonitatibus
Nerone: Serena Malfi
Poppea: Elena Tsallagova
Ottone: Xavier Sabata
Pallante: Joao Fernandes
Narciso: Flavio Ferri-Benedetti
Lesbo: Valeriano Lanchas
Giunone: Cristina Faus
Dirección musical: Benjamin Bayl
Dirección de escena: Mariame Clément
Diseño de escenografía y vestuario:
Julia Hansen
Diseño de iluminación: Bernd
Purkrabek
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias
Funciones: 16 (18
horas), 18 (20 horas), 20 (20 horas) y 22 (20 horas) de diciembre. Teatro
Campoamor de Oviedo
jueves, 13 de diciembre de 2012
Reseña BSO: El Hobbit. Un viaje inesperado (Howard Shore)
Colaboración con El Cine de Lo Que Yo Te Diga. Reseña de la música de Howard Shore para El Hobbit. Un viaje inesperado (The Hobbit. An unexpected journey, Peter Jackson, 2012)
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Abstract: El ‘Sonido Nieto’. Marcas de estilo del compositor a lo largo de 40 años de carrera.
UNIVERSIDAD DE OVIEDO - FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
12 -14 DE DICIEMBRE DE 2012

En la presente comunicación trataremos de sistematizar estas marcas de
estilo, que constituyen el inconfundible ‘Sonido Nieto’, y que entroncan
directamente con la funcionalidad de la música aplicada al lenguaje
audiovisual: cortes, elipsis, diálogos, fundidos… han sido sistematizados
musicalmente por Nieto durante su trayectoria. Mediante ejemplos audiovisuales
puntuales, y la comparativa de bloques y películas, trataremos de mostrar la
resolución de estos conflictos a través de la banda sonora, además de presentar
las características puramente musicales del lenguaje del compositor.
martes, 11 de diciembre de 2012
Reseña BSO: El Origen de los Guardianes (Alexandre Desplat)
Colaboración con El Cine de Lo Que Yo Te Diga. Reseña de la música de Alexandre Desplat para El Origen de los Guardianes (Rise of the Guardians, Peter Ramsey, 2012).
viernes, 7 de diciembre de 2012
Reseña BSO: La vida de Pi (Mychael Danna)
Colaboración con El Cine de Lo Que Yo Te Diga. Reseña de la música de Mychael Danna para La vida de Pi (Life of Pi, Ang Lee, 2012)
sábado, 1 de diciembre de 2012
Notas al programa. Jornadas de Piano "Luis G. Iberni". Oviedo Filarmonía & Arcadi Volodos (piano)
Obertura trágica,
op. 81 (J. Brahms)

Formalmente nos encontramos con una obra en
tres secciones (rápida-lenta-rápida), con forma sonata y tonalidad de Re menor,
siempre tan asociada a la tragedia y la exaltación sentimental. Es una obra
ciertamente «brahmsiana», donde el compositor expone su temperamental carácter
en apenas catorce minutos de una manera muy críptica, sin concesiones al
espectador. Huraña y cambiante, imprevisible y esquiva, no busca agradar tanto
como epatar. ¿Y acaso no es este un resumen de la producción del maestro de
Hamburgo?
Concierto para piano y orquesta nº 2 en Si Bemol Mayor, op. 83 (J.
Brahms)
La dificultad técnica de este
segundo concierto para piano de Brahms emparenta esta obra con la concepción
formal que del género tenía Franz Liszt, añadiendo un cuarto movimiento al
tradicional esquema de tres, y sugiriendo una amplitud orquestal mayor de la
acostumbrada. El autor no busca el virtuosismo basado en escalas o pasajes
especialmente brillantes, sino que centra los esfuerzos del solista en la
búsqueda de un color orquestal que aporta una nueva visión, mucho más enfocada
a la belleza de la línea melódica y la polifonía.
Sólo el primer movimiento es el que
podemos considerar más clásico, a la manera concertante de Mozart o Beethoven.
Sin embargo, en cuanto lo dejamos atrás las cosas cambian: el piano parece
convertirse en un instrumento más de la orquesta en el segundo movimiento
(reforzando la extendida idea de que los conciertos para piano de Brahms son en
realidad «sinfonías disfrazadas»), y cede su protagonismo al violoncello en el
tercero. El cuarto, un rondó, nos presenta de nuevo al instrumento solista como
una pieza más del ensamblaje orquestal en la búsqueda de un sonido sinfónico
completo y denso.
Sinfonía nº 3 op. 56 en La menor “Escocesa” (F. Mendelssohn)

Enemigo de las llamadas «músicas
nacionales» prácticamente nada nos remite a la tierra que da nombre a la
sinfonía, exceptuando ciertos ritmos del scherzo
en el segundo movimiento, que se aplacarán en el tercero a favor de una música
más «alemana», serena, noble y amplia. El cuarto movimiento devuelve el ritmo
danzante y ciertas insinuaciones de folklore escocés tamizadas por la neblina
del recuerdo de casi tres lustros, para cerrar la sinfonía recuperando el tema
de apertura, el recuerdo de Holyrood del que jamás podremos escapar.
Alejandro G. Villalibre
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Reseña BSO: Golpe de efecto [Trouble with the curve] (Marco Beltrami)

Colaboración con El Cine de Lo Que Yo Te Diga. Reseña de la música de Marco Beltrami para Golpe de efecto (Trouble with the curve, Robert Lorenz, 2012).
martes, 27 de noviembre de 2012
Reseña BSO: Alex Cross [En la mente del asesino] (John Debney)

Colaboración con El Cine de Lo Que Yo Te Diga. Reseña de la música de John Debney para Alex Cross (Rob Cohen, 2012).
martes, 20 de noviembre de 2012
Reseña BSO: Reality (Alexandre Desplat)

Colaboración con El Cine de Lo Que Yo Te Diga. Reseña de la música de Alexandre Desplat para Reality (Matteo Garrone, 2012)
sábado, 10 de noviembre de 2012
Turandot, el esplendor de Puccini en la lejana China
El
próximo día 15 la ópera de Oviedo presenta el tercer título de la Temporada,
‘Turandot’ de Puccini. Un título de nuevo del gusto de la mayoría de los
aficionados que, tras el abrumador éxito de la ‘Lucia di Lammermoor’, tampoco
debería tener problemas para arrancar las ovaciones del patio de butacas. Con
un reparto de solvencia probada, encabezado por Elisabete Matos, Stuart Neill y
Eri Nakamura (que darán paso en la función de segundo reparto a Maribel Ortega,
Marc Heller y Beatriz Díaz), y con una nueva propuesta escénica firmada
por la asturiana Susana Gómez, devuelven la historia de la princesa china a
Oviedo 36 años después de su última representación. A la batuta Gianluca
Marcianò y en el foso la Oviedo Filarmonía completan el plantel que ofrecerá
funciones los días 15, 18, 21, 23 y 24 de noviembre.
‘Turandot’
es mucho más que el “Nessun Dorma” cantado a pleno pulmón. La ópera de Puccini
tiene como siempre el encanto de los paisajes exóticos que tanto gustaban al
compositor –que ya había ‘viajado’ con sus óperas al lejano oeste o a Japón–
unido con una música sublime, tan descontextualizada de su época que parece
mentira que fuese estrenada una año después del expresionista ‘Wozzeck’ de
Alban Berg. Fue presentada en plena década de esplendor de compositores de
origen germánico como Richard Strauss, Schoenberg, Krének, Korngold o Weill; en
el apogeo de Janácek y Szymanovski, y con Stravinsky asombrando al mundo. Una
ópera plenamente romántica en la convulsa década de los años veinte. Una rareza
que pronto encandiló al público.
Además,
‘Turandot’ posee el encanto que siempre otorga el hecho de ser una obra
truncada por la muerte de su autor en 1924, dejando tan solo treinta y seis
páginas con esbozos sobre el final de la ópera. Puccini, consciente de que su
final estaba próximo pues le había sido diagnosticado cáncer de garganta, expresó
públicamente su deseo de que Riccardo Zandonai fuese el encargado de terminar
la ópera, si bien finalmente la responsabilidad recayó sobre Franco Alfano,
famoso por su ‘Cyrano de Bergerac’.
La leyenda de la princesa china Turandot se remonta a un
poema llamado ‘Las siete bellezas’o ‘Las siete princesas’, siendo su autor
Nezami Ganjavi, uno de los grandes poetas épicos de la literatura persa del
siglo XII. La historia ganó su fama, extendiéndose rápidamente hasta ser
incluso citada en ‘Las mil y una noches’. En el siglo XVIII Carlo Gozzi, y en
los albores del XIX Friedrich Schiller contriibuyeron a seguir perpetuando el
mito.
En 1920 Puccini comenzó a trabajar en la ópera, en
colaboración con los libretistas Giuseppe Adami y Renato Simoni, sobre la
traducción al italiano del texto de Schiller, que en algunos momentos necesitó
de hasta cuatro revisiones para conseguir un libreto que satisficiese al
compositor. Su estreno en Milán en 1926 estuvo cargado de emoción. Arturo
Toscanini, director de aquella función, dejó a batuta después de la muerte del
personaje de Liù, y dirigiéndose al público dijo “Aquí se acaba la ópera, aquí
murió el maestro”. En homenaje a Puccini no se interpretó el final compuesto
por Alfano, que sí se representó la siguiente noche, quedando hasta la
actualidad como la conclusión más aceptada, a pesar de que ha habido otras
propuestas, como la del compositor Luciano Berio en 2002.
En Oviedo escucharemos la versión ‘clásica’, la de Puccini y
Alfano, con un reparto principal que a última hora ha sufrido un cambio: el
tenor Francesco Hong, que originariamente iba a cantar el papel protagónico de
Calaf ha suspendido su participación por problemas de salud, siendo sustituido
por el estadounidense Stuart Neill. Neill debuta en el Campoamor, si bien en su
currículo destacan sus presentaciones en el Metropolitan neoyorquino en la
Staatsoper de Viena, el Covent Garden londinense o el Teatro Colón de Buenos
Aires.
A su lado, en el papel de Turandot, encontramos a Elisabete Matos, una figura mucho más familiar para el público asturiano, ya que es una
constante del teatro, bien sea en zarzuela o en ópera. Además son constantes sus apariciones en Italia, Francia,
Alemania o Estados Unidos. Su versatilidad vocal le permite afrontar
compositores tan dispares como Puccini, Falla, Verdi, Bretón, Janacek, Bellini
o Wagner, y de hecho la vimos en Oviedo por última vez en 2011 en un recordado Tristan e Isolda.
Para la puesta en escena se ha confiado de nuevo en la
asturiana Susana Gómez, que el año pasado sorprendió por la sobriedad y
eficacia de su versión ‘semiescenificada’ de Norma, y que en esta ocasión
presenta una producción totalmente nueva.
FICHA
Turandot
Música de Giacomo Puccini
Libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni
Dramma lirico en tres actos y cinco cuadros
Estrenado en el Teatro alla Scala de Milán, el 25 de abril de 1926. Versión completada por Franco Alfano, Teatro alla Scala de Milán, 26 de abril de 1926.
Producción de la Ópera de Oviedo.
Personajes e intérpretes:
La Princesa Turandot: Elisabete Matos / Maribel Ortega (23/11/2012)
El Emperador Altoum: Emilio Sánchez
Timur: Kurt Rydl / Dario Russo (23/11/2012)
Calaf: Stuart Neill / Marc Heller (23/11/2012)
Liù: Eri Nakamura / Beatriz Díaz (23/11/2012)
Ping: Manel Esteve
Pang: Vicenç Esteve
Pong: Mikeldi Atxalandabaso
Un mandarín: José Manuel Díaz
El Príncipe de Persia: Jorge Rodríguez-Norton
Dirección musical: Gianluca Marcianò
Dirección de escena: Susana Gómez
Diseño de escenografía: Antonio López
Diseño de iluminación: Alfonso Malanda
Vestuario: Teatr Wielki de Poznań
Coreografía: Ferran Carvajal
Orquesta Oviedo Filarmonía
Coro de la Ópera de Oviedo
Libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni
Dramma lirico en tres actos y cinco cuadros
Estrenado en el Teatro alla Scala de Milán, el 25 de abril de 1926. Versión completada por Franco Alfano, Teatro alla Scala de Milán, 26 de abril de 1926.
Producción de la Ópera de Oviedo.
Personajes e intérpretes:
La Princesa Turandot: Elisabete Matos / Maribel Ortega (23/11/2012)
El Emperador Altoum: Emilio Sánchez
Timur: Kurt Rydl / Dario Russo (23/11/2012)
Calaf: Stuart Neill / Marc Heller (23/11/2012)
Liù: Eri Nakamura / Beatriz Díaz (23/11/2012)
Ping: Manel Esteve
Pang: Vicenç Esteve
Pong: Mikeldi Atxalandabaso
Un mandarín: José Manuel Díaz
El Príncipe de Persia: Jorge Rodríguez-Norton
Dirección musical: Gianluca Marcianò
Dirección de escena: Susana Gómez
Diseño de escenografía: Antonio López
Diseño de iluminación: Alfonso Malanda
Vestuario: Teatr Wielki de Poznań
Coreografía: Ferran Carvajal
Orquesta Oviedo Filarmonía
Coro de la Ópera de Oviedo
Funciones primer reparto: 15, 18, 21, 23 (fuera de abono) y
24 de noviembre. Teatro Campoamor.
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Reseña BSO: Sinister (Christopher Young)

Colaboración con El Cine de Lo Que Yo Te Diga. Reseña de la música de Chirstopher Young para Sinister (Scott Derrickson, 2012).
martes, 30 de octubre de 2012
Reseña BSO: Skyfall (Thomas Newman)

Colaboración con El Cine de Lo Que Yo Te Diga. Reseña de la música de Thomas Newman para Skyfall (Sam Mendes, 2012).
lunes, 29 de octubre de 2012
Reseña BSO: Hemingway & Gellhorn (Javier Navarrete)
Colaboración con El Cine de Lo Que Yo Te Diga. Reseña de la música de Javier Navarrete para Hemingway & Gellhorn (Philip Kaufman, 2012).
martes, 23 de octubre de 2012
Reseña BSO: Argo (Alexandre Desplat)

Colaboración con El Cine de Lo Que Yo Te Diga. Reseña de la música de Alexandre Desplat para Argo (Ben Affleck, 2012)
lunes, 22 de octubre de 2012
Reseña BSO: Looper (Nathan Johnson)

Colaboración con El Cine de Lo Que Yo Te Diga. Reseña de la música de Nathan Johnson para Looper (Rian Johnson, 2012).
martes, 16 de octubre de 2012
Reseña BSO: Cosmopolis (Howard Shore & Metric)

Colaboración con El Cine de Lo Que Yo Te Diga. Reseña de la música de Howard Shore y Metric para Cosmopolis
lunes, 15 de octubre de 2012
Crítica 'Werther': Resbalón
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Oviedo. Teatro Campoamor. LXV Temporada de Ópera de Oviedo.
11.IX.2012.
JOSÉ BROS, NANCY FABIOLA HERRERA, ELENA DE LA MERCED. ORQUESTA SINFÓNICA DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS. YVES ABEL, Director.
Jules Massenet: Werther.
Aforo: 1.440 Asistencia: 100%
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Reseña BSO: Frankenweenie (Danny Elfman)
Colaboración semanal con El Cine de Lo Que Yo Te Diga. Reseña de la música de Danny Elfman para Frankenweenie (Tim Burton, 2012)
sábado, 13 de octubre de 2012
Lucia celebra sus bodas de plata en el Campoamor
Una vez más la Ópera de Oviedo recupera un
título de producción propia para hacer frente a la crisis. Desde hoy podremos
ver la ‘Lucia di Lammermoor’ ideada por Emilio Sagi, su director de escena, que
ya se pudo ver hace cinco años. Una apuesta sobre seguro por la calidad musical
de una partitura de sobra conocida por el público ovetense, que la ha
convertido en una de sus favoritas. Cuatro funciones de abono (los días 13, 15
18 y 20 de octubre) y una más con un segundo reparto a precios reducidos (19 de
octubre) que harán llegar a la ópera de Donizetti a la cifra de las 25
representaciones desde su debut en 1948. Dalibor Jenis, Mariola Cantarero y
Arturo Chacón-Cruz en el cast principal, y Javier Galán, Sabina Puértolas y
Albert Casals en el segundo, bajo la dirección de Marzio Conti, titular de la
Oviedo Filarmonía, serán los responsables de dar vida una vez más a la historia
de la novia de Lammermoor.
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©carlospictures- Ópera de Oviedo |
Desde su estreno en 1835 esta ópera se ha convertido en un
auténtico reto para las sopranos. Especialmente por su famosa aria de la
locura, una extensa escena donde las habilidades canoras de Lucia se llevan a
límites insospechados para la época. Y es quizás por este archiconocido (y
temido) fragmento, que durante mucho tiempo este título fue considerado como un
mero fuego de artificio, un desafío vocal sin trascendencia, con indudable calidad
musical, pero falto de interés en la trama. Con las interpretaciones de Maria
Callas y Joan Sutherland a mediados del siglo XX la ópera comenzó a adquirir un
empaque mayor. La protagonista ya no es sólo una máquina de cantar, sino un
complejo personaje con un fuerte bagaje psicológico que es capaz de matar a su
marido en la noche de bodas, una mujer oprimida por una sociedad donde las
luchas de familias en la Escocia del siglo XVI la empujan hacia un callejón sin
salida.
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Su
libretista, Salvatore Cammarano, se basó para su texto en la novela de Sir
Walter Scott ‘The Bride of Lammermoor’, asentándose desde un principio como referente
de la ópera italiana romántica. En ella se suceden matrimonios forzados,
amantes clandestinos, familias rivales y, sobre todo, exaltación de los
sentimientos y triunfo del amor más allá de la muerte. Si a esta receta se le
añaden los parajes escoceses de oscuros castillos, las escenas nocturnas a la
luz de la luna y un nada disimulado gusto por lo tétrico y excesivo,
estamos ante una fórmula que lleva más de siglo y medio funcionando a lo largo
del mundo.
Musicalmente fue una oportunidad bien aprovechada de Gaetano
Donizetti. Con Rossini retirado y Bellini fallecido poco después del estreno de
‘Lucia’, el compositor de Bérgamo se elevó como gran exponente del bel canto
italiano, gracias a la inspiración de esta partitura. No sólo a través de los
números solistas, también pasajes como el sexteto, donde los
protagonistas unen fuerzas para presentar cada uno sus sentimientos en una
perfecta sinergia de voces. También el coro tiene un alto grado de implicación
en la obra, con páginas que han trascendido más allá de la propia ópera para
convertirse en piezas de concierto, como el coro de los invitados de boda.
Para Adolfo Domingo, responsable de dramaturgia de la Ópera
de Oviedo, “Lucia di Lammermoor junto con ‘Norma’ de Bellini
y ‘El barbero de Sevilla’ de Rossini se cuentan entre las primeras
óperas en alcanzar un estatus de obras clásicas permanentes, semejante al
del Mesías de Händel o las sinfonías de Beethoven”. Escénicamente estamos ante puro Sagi. Las señas de identidad
de este director de escena asturiano son inconfundibles en esta ópera. Los
blancos y negros, el rojo pasional, el juego de las luces diseñado por Eduardo
Bravo… todo confluye para hacer de esta producción un éxito que la ha llevado
por España e Hispanoamérica, y que próximamente viajará a Estados Unidos.
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El rol principal estará interpretado por Mariola Cantarero
en las funciones de abono y Sabina Puértolas en el segundo cast. Ambas voces
experimentadas que han cosechado aplausos asturianos tanto en la ópera (a
Cantarero la hemos podido ver la temporada pasada en ‘El Murciélago’ y a
Puértolas hace dos en ‘La coronación de Poppea’) como en la zarzuela. Más
expectación provoca el debut en Oviedo del tenor mexicano Arturo Chacón-Cruz en
el papel del desgraciado amante de Lucia, Edgardo.
Una reposición, en definitiva, que muestra alicientes para
no ser una repetición, y que, si todo va como se supone, no debería tener
problemas para arrancar los aplausos del Campoamor.
FICHA
Lucia di Lammermoor
Música de Gaetano Donizetti (Bérgamo, 1797-1848)
Libreto de Salvatore Cammarano, basado en la novela The Bride of Lammermoor de
Sir Walter Scott.
Ópera en tres actos.
Estrenada en el Teatro San Carlo de Nápoles, el 26 de septiembre de 1835.
Producción de la Ópera de Oviedo.
PERSONAJES E INTÉRPRETES
Lord Enrico Ashton: Dalibor Jenis / Juan Jesús Rodríguez
(18/10/2012) / Javier Galán (19/10/2012)
Miss Lucia: Mariola Cantarero / Sabina Puértolas (19/10/2012)
Sir Edgardo di Ravenswood: Arturo Chacón-Cruz / Albert
Casals (19/10/2012)
Lord Arturo Bucklaw: Charles Dos Santos
Raimondo Bidebent: Simón Orfila / Simon Lim (19/10/2012)
Alisa: María José Suárez
Normanno: Josep Fadó
Dirección musical: Marzio Conti
Dirección de escena: Emilio
Sagi
Diseño de escenografía: Enrique
Bordolini
Diseño de vestuario: Imme
Möller
Diseño de iluminación: Eduardo
Bravo
Dirección del coro: Patxi
Aizpiri
Orquesta Oviedo Filarmonía
Coro de la Ópera de Oviedo
Teatro Campoamor de Oviedo
Funciones de abono:
13, 15, 18 y 20 de octubre, 20 horas.
Función fuera de
abono: 19 de octubre, 20 horas.
miércoles, 3 de octubre de 2012
Reseña BSO: The Expendables 2 (Brian Tyler)
Colaboración semanal con El Cine de Lo Que Yo Te Diga. Reseña de la música de Brian Tyler para The Expendables 2
lunes, 17 de septiembre de 2012
Reseña BSO: Total Recall (Harry Gregson-Williams)

Colaboración semanal con El Cine de Lo Que Yo Te Diga. Reseña de la música de Harry Gregson-Williams para Total Recall
sábado, 15 de septiembre de 2012
Werther. La consecuencia lógica.
Artículo publicado en el programa de mano de la ópera Werther.
El acervo popular, ese que establece
etiquetas la mayoría de las veces peligrosas, considera al Werther de Massenet como la culminación de la ópera romántica
francesa. Sea o no la ‘culminación’ –este término implica una cierta supremacía
donde ya entra en juego la subjetividad y los gustos personales– lo cierto es
que estamos ante el siguiente paso en una evolución constante dentro de la
lírica francesa, ante el resultado de una serie de antecedentes y movimientos
estilísticos y, sobre todo, ante uno de los puntos que nos hacen pivotar entre
los siglos XIX y XX.
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portada del programa de mano del Werther
[ÓPERAy+Artes] |
Para entender el surgimiento de la ópera
insignia de Jules Massenet es necesario remontarse hasta 1828. Contrariamente a
lo que cabía esperar, el movimiento romántico tardó en penetrar en Francia
debido a la convulsa situación revolucionaria que desde 1789 agitaba a la
sociedad, y que llevó a autores que podían haber sido claves en el arranque del
nuevo estilo a la guillotina (como André Chénier) o al exilio (como sucedió con
René de Chateaubriand). La censura napoleónica, poco amiga de la heterodoxia
artística reinante en Europa, había prohibido en 1810 la publicación del
tratado sobre Alemania de Germaine de Staël (De l’Allemagne), plenamente imbuido del espíritu romántico. Pero
por fin en ese año 28 se produce el necesario golpe en la mesa: la publicación
del prefacio de Victor Hugo a su obra Cromwell
desafiaba la rigidez clásica y las convenciones sagradas de Racine y
Boileau, y causaba una conmoción intelectual en los bulliciosos cenáculos de
los que eran partícipes escritores y pintores, y en los que la música estaba
representada a través de nombres como Berlioz y Liszt.
Bien es cierto que la música operaba un poco
al margen de estos movimientos. Por aquel tiempo música era casi exclusivamente
sinónimo de espectáculo lírico, de ópera, de combinación de estilos (teatro,
canto, ballet…) que poco o nada respetaban las unidades clásicas. Al igual que
la introducción de Shakespeare en la vida literaria francesa cambió para
siempre a sus escritores, la irrupción de las composiciones de Beethoven en la
década de los 20 en la vida parisina influyó sobremanera en sus músicos.
Berlioz fue uno de los asistentes a una serie de conciertos en el Conservatorio
de París dedicados al genio de Bonn, organizados por su director, François
Anton Habeneck, de nuevo en el año clave de 1828: “El golpe fue casi tan fuerte
como aquel que sentí con Shakespeare. Beethoven abría ante mí todo un nuevo
mundo musical, tal y como Shakespeare me había revelado un universo nuevo de
poesía”, asegura Berlioz en sus memorias.
Será precisamente Berlioz, con su ópera Les Troyens uno de los baluartes del
nuevo estilo lírico francés: la Grand
Opéra. Toda la grandilocuencia de un gran espectáculo dividido en cuatro o
cinco actos, que siempre incluía al menos un ballet y cuya duración todavía hoy
se considera excesiva. Unas características que siempre han sido un sello galo
desde el surgimiento en pleno periodo Rococó del Style Galant que, sin llegar a estos extremos, sí apostaba por
ofrecer al público un grand spectacle a
través de la Opéra-ballet. Si bien la
Grand Opéra se puede relacionar
formalmente con este antecedente preclásico, lo cierto es que, además de estos
aires de grandeza, en el siglo XIX se cuidan mucho más las historias,
presentando libretos basados por lo general en grandes gestas históricas que
proporcionan más empaque e interés a un nuevo título que el simple despliegue
de medios humanos y escenográficos.
El ambiente cosmopolita que se vivía en Paris
ayudaba a la suma de influencias, en especial italianas, a través de
compositores como Luigi Cherubini o Gaspare Spontini, quienes mostraron el
poder dramático del recitativo y la utilización grandiosa de la música para
honrar al Emperador. Clave para el desarrollo de la ópera en esta época es la
figura de Eugène Scribe, libretista autor de muchos de los grandes textos
líricos franceses del momento. Trabajando mano a mano con el compositor
Daniel-François Auber sentó las bases del nuevo género tras el estreno el
29 de febrero de 1828 (seguimos volviendo siempre a este año crucial) de La Muette de Portici. Siguiendo el
camino insinuado por Spontini en La
Vestale (1807), Scribe plantea una cuidada ambientación histórica, que,
combinada con la inclusión de grandes efectivos orquestales y el uso de una
potente masa coral por parte de Auber, dio lugar a la considerada primera obra
del género. Más tarde llegarían
otros títulos emblemáticos de la Grand
Opéra sobre textos de Scribe, como LeComte Ory de Rossini (1828); Robertle Diable (1831), Les Huguenots
(1836) y L’Africaine (1865) de Meyerbeer;
La Favorite de Donizetti (1840); o LesVêspres Siciliennes (1855) de Verdi, entre otros.
Sin embargo, como cabía esperar,
los excesos del género provocaron la reacción de una nueva generación de
compositores, que pretendían huir de esta grandiosidad, basando sus obras en
argumentos punzantes y en mordaces historias de amor, y, sobre todo, que
volvían la vista a la literatura contemporánea para su adaptación lírica. Llegaba
el tiempo de la Opéra Lyrique,
cimentado en la necesidad de revitalizar un género agonizante (el estreno
póstumo en el 65 de L’Africaine de
Meyerbeer supuso la confirmación del final de ciclo) y, sobre todo, de
establecer una competencia francesa a las dos grandes figuras europeas de la
segunda mitad de siglo: Wagner y Verdi.
Se tiende a considerar pioneros de este
estilo a Ambroise Thomas (1811-1896) y a Charles Gounod (1818-1893). Del
primero de ellos, dos títulos sobresalen por encima de toda su producción: Le Caïd (1849) y Mignon (1866). Ambas son claros ejemplos del nuevo movimiento y, si
bien Le Caïd hoy ha caído en el
olvido, Mignon, bien en su versión
completa o a través de sus arias más conocidas (como el prodigio de coloratura
que es “Je suis Titania”), está todavía presente en los teatros. Este título es
uno de los paradigmas de la corriente más joven: importancia del recitativo,
líneas de canto bien definidas, métricas regulares, ritmos animados y, sobre
todo, un libreto –firmado por Jules Barbier y Michel Carré en su versión
original en francés– que es una adaptación de la novela de Goethe Wilhelm Meister, y que responde a los
preceptos de recurrir a escritores más actuales.
De nuevo un libretista será clave para el
desarrollo de la nueva vía: Jules Barbier (muchas veces en colaboración con
Carré) se convertirá en el libretista de cabecera del otro gran representante
de la Opéra Lyrique mencionado,
Charles Gounod. Otra adaptación de la pareja de un texto de Goethe, el Fausto (y en concreto el episodio del
enlace entre Fausto y Margarita), dará pie a la ópera más famosa de este
compositor, que basa su valía en un potente canto de estilo declamatorio que
busca el reflejo más fidedigno del habla humana, huyendo de la afición francesa
por la uniformidad y lo melodioso. Sin embargo, cuando se centra en formas
operísticas típicas (arias, dúos, conjuntos, etc.) la música de Gounod se
transforma, tornándose en ligera a semejanza de Mignon, lo que le valió duras críticas en su estreno en 1859.

Massenet toma el canto declamado y huye de la
ligereza, pero no de la grandiosidad vocal. En un fluir musical a menudo
comparado con la técnica wagneriana (de la que también toma el uso de leitmotiven) Massenet propone una unión
de todos los estilos: el fatuo amor romántico y la exaltación de los
sentimientos, pero a través de un prisma íntimo, reducido a pocos personajes
sin empleo de coro (excepto el coro de niños). La aparición de melodías
sencillas, a cargo de los personajes populares, es un guiño a luminosidad vista
en Thomas, sin embargo, la historia de antihéroe romántico poco o nada tiene de
liviano. Lo criticado en Gounod –el poco realce de la complejidad de los textos
de Goethe mediante su música– aquí es subsanado, y la profundidad
filosófica y el sentimiento de cada personaje está reflejado a través de la
sutileza musical. Massenet atrapa cada instante y lo plasma en el pentagrama
como si fuese único, centrándose en el trasfondo de cada escena (de ahí la
necesidad del uso de motivos recurrentes para dar coherencia al conjunto).
El legado de Massenet continuó
fraguándose con Thaïs (1894), y el testigo fue recogido por los nuevos compositores
que abrían la ópera al siglo XX. El realismo italiano (Leocavallo, Mascagni,
Puccini) bebe directamente de la sinceridad musical de Massenet. Y, por
supuesto, es innegable su impronta en la obra fundamental que dio carpetazo al
romanticismo francés, el Pelléas et Mélisande de Debussy (1902), donde la declamación y la disolución de la
forma triunfaron definitivamente dando lugar a una historia, si cabe, aún más
fascinante.
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