sábado, 20 de noviembre de 2010

Entrevista a Maximiano Valdés, director de Kat’a Kabanová



20/11/2010

“Es necesario ver Kat’a Kabanová más de una vez para comprender su valor”

Max Valdés vuelve al foso del Campoamor como responsable del estreno en Oviedo de la ‘Kat’a Kabanová’ de Léos Jánacek, obra complicada que el maestro chileno desgrana antes de su estreno en esta entrevista, buscando las claves para entender el particular mundo sonoro del compositor checo. Además, hace un repaso de sus dieciséis años al frente de la OSPA, a la que dirigirá en las cuatro representaciones de este título, valorando sus puntos más altos y la situación en la que se encuentra ahora mismo la formación.

El público tiene la referencia de ‘Jénufa’, también de Jánacek, que se representó aquí en 2005. ¿Son óperas similares?

No es un lenguaje completamente diferente, aunque sí que la ‘Kat’a Kabanová’ es una ópera donde Jánacek alcanza un mayor grado de madurez. No hay una ruptura, pero el lenguaje musical se radicaliza.

¿Cómo definiría ese lenguaje de Jánacek?

Es un compositor muy original, difícilmente etiquetable en una corriente o escuela. Quizá por su configuración cultural es organista, y se refleja claramente en sus obras, que están concebidas al teclado y después orquestadas, lo que le permite experimentar. Esto no significa que haya estado aislado de las corrientes europeas, pero tiene una idea sonora propia.

¿Volveremos a ver reticencias en el público ovetense más enraizado en el siglo XIX?

Diría que es una obra que hay que ver más de una vez para comprender su valor y apreciar el por qué hoy en día se toca muchísimo, a pesar de las enormes dificultades de interpretación y puesta en escena. Desde luego, todo depende de lo bien que lo hagamos. La música es capaz de comunicar fuertes emociones aunque sea muy complicada, y creo que esta partitura contiene un contenido emocional muy alto. Es una música casi primitiva.

¿Qué quiere decir con ‘primitiva’?

Que comunica rápidamente, como los cuadros de Kandinsky, que tienen una fuerza por su propio color. A pesar de ser una historia dura y de poseer momentos musicales oscuros es muy directa en la manera de crear melodías y de buscar armonías. Es un tratamiento progresivo, de manera que las ideas expuestas se retoman y modifican entretejidas a través de una orquesta que nunca se detiene.

Con esas alusiones a Kandinsky y esta descripción, ¿podríamos hablar de un expresionismo musical en ‘Kat’a Kabanová’?

No hablaría de un expresionismo en el sentido de la ‘Elektra’ de Strauss, por ejemplo. Aquí el lenguaje tonal es más conservador, y la utilización de la tonalidad, la modalidad y las escalas pentatónicas está en función de una expresividad musical y de un contenido verbal. La palabra y el texto tienen una directísima conexión con la música. Pero no es una música vacía o carente de contenido, se desarrolla ligada al gesto expresivo.

‘Kat’a Kabanová’ posee un argumento muy duro y una tensión llevada al límite durante toda la representación. ¿Puede provocar rechazo?

Considero esta ópera como un ‘raptus’. Lo que le sucede a Kat’a acaba por sucedernos a los intérpretes y al público: todos entramos en el alto nivel de histerismo que hay en la ópera, en la violencia interna producida.

La crítica social es también muy acusada.

Sí, sobre todo a través de Kabanija, la suegra, que representa el ‘stablishment’ de Rusia, frente a una nueva generación reflejada en las parejas jóvenes que empieza a buscar desesperadamente más aire. Tratan de salir de una sociedad anquilosada y violenta, preocupada sólo de la ganancia, el lucro, y el mantener un poder generacional que impida a los jóvenes contestar. Esa lucha es el motivo conductor.

¿El idioma checo ha sido una barrera? ¿Cómo se enfrentan a acentuaciones, declamaciones, etc.?

El mismo Jánacek se ocupó del problema de las declamaciones y de la acentuación de las palabras. Hay que entender que esto no son melodías sacadas de un cajón a las que se pone letra, sino que nacen parejas al texto, y la unión es tan fuerte que es inseparable. Estamos ante el ‘hablar cantando’, que atraviesa toda la ópera. Además, el núcleo del elenco ya ha cantado esta obra más veces –viene de La Scala de Milán-, y tenemos la suerte de contar con el tenor Ludovit Ludha que es checo, así que ayuda a sus compañeros.

Usted siempre aparece en los fosos con obras densas y musicalmente muy intensas. ¿Huye de Verdi, Rossini… las obras ‘de repertorio’ más extendidas?

No, para nada. Acabo de llegar de hacer una ‘Traviata’ y la experiencia ha sido fantástica. Pero sí procuro escoger proyectos donde la orquesta tenga un peso sinfónico específico, una parte complicada con un discurso propio y rico. Los últimos años en Oviedo he hecho el ‘Tristán e Isolda’ (Wagner) o los ‘Diálogos de Carmelitas’ (Poulenc), obras que me interesan por su parte orquestal y por las posibilidades que me brindan de enfrentarme a nuevos retos.

Pese a haber dejado este verano la titularidad de la OSPA no la ha abandonado, acabamos de verle en los Premios Príncipe y ahora aquí. ¿Cómo encuentra a la formación?

Los periodos de cambio siempre son duros para una orquesta, pero también muy enriquecedores. Me he encontrado una OSPA que además está empezando a sufrir un cambio generacional, ya que muchos profesores se jubilan, y que está en un periodo de indefinición normal, y que no necesariamente es malo.

¿Qué valoración hace de sus años al frente de la OSPA?

Aquí he dado mis mejores años de música, y lo digo con orgullo. Ha habido momentos muy altos, de un extraordinario nivel, cuando hicimos el ‘Tristán e Isolda’ o las sinfonías de Mahler: la Tercera, la Quinta… Se alcanzó una consolidación en España tocando en el Auditorio Nacional, el Palau de Barcelona… y se comenzó una expansión en el extranjero. Ese ciclo se terminó y ahora llegará otro más difícil, porque hay menos dinero del que disponíamos antes.

¿Qué le quedó por hacer?

Nos quedamos detenidos en la expansión de la cuerda y en el nombramiento de las terceras maderas en el viento, que era fundamental para nosotros. A mi juicio esta expansión es ineludible en términos de mejoría y aumento de calidad. Además, por motivos económicos no pudimos seguir con la política de grabaciones o las giras que habían llevado a la orquesta por México o China.

¿Y después de la OSPA, hacia dónde se encamina su carrera?

He vuelto a trabajar en Iberoamérica, algo que quería desde hace tiempo, y tengo el anhelo de poder contribuir al desarrollo musical de mi país, de Chile, donde estoy yendo a menudo a dirigir. Además empiezo una colaboración con el Teatro Colón de Buenos Aires, donde estaré trabajando el próximo septiembre, tengo una colaboración creciente en México, donde dirijo diferentes orquestas, y soy titular de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico.

Kat’a Kabanová, arriesgada apuesta para dar aire fresco a la Ópera




20/11/2010



La Ópera de Oviedo da un golpe de timón con el tercer título de la Temporada, y mañana sube el telón con la apuesta más arriesgada de la programación, ‘Kát’a Kabanová’ de Léos Jánacek, título que se prolongará durante cuatro funciones, los días 21, 23, 25, 27. Tanto la dureza de su argumento -basado en ‘La tormenta’, un drama de Alexander Ostrovsky que trata con crudeza la infidelidad y el suicidio- como su lenguaje musical expresionista y su idioma (es cantada en checo) parecen, a priori, grandes dificultades para el público ovetense. Sin embargo, la historia de temporadas anteriores demuestra que estas grandes apuestas son los grandes aciertos para una ópera que necesita de novedades en su repertorio como el comer: ahí están los recientes éxitos de las óperas de Richard Strauss, Benjamin Britten, Francis Poulenc o Igor Stravinsky, compositores que aún hoy inexplicablemente son considerados ‘modernos’ en el Campoamor.

Considerada obra de madurez de uno de los adalides del nacionalismo checo de principios de siglo, Léos Janácek, la ópera -es trenada en el Teatro Nacional de Brno el 23 de noviembre de 1921- trata del drama de la joven y sensible Kat’a, quien representa el arquetipo de mujer oprimida por las leyes de su propia moralidad y que ha realizado un matrimonio de conveniencia con un joven dominado por una madre autoritaria. Ahogada por este ambiente opresivo, intentará realizar sus sueños pero su conciencia le impedirá romper con su entorno social y con su matrimonio con un hombre mediocre, débil, frío y totalmente dominado por su madre y por los prejuicios de clase. Kat’a vive el amor rejuvenecedor y adúltero de un hombre que parece comprenderla, pero que no puede decidirse a liberarla y a liberarse él mismo. La violencia natural de una tormenta que estalla a orillas del río despierta en el alma de Katia un temporal, una discordia de los sentimientos tan desgarradora que da fin a su existencia sin salida con un salto en el Volga.

La fuerza de la historia y, sobre todo, la capacidad psicológica de la música escrita por Janácek, que describe tanto la naturaleza y su potencia como las emociones y las evoluciones psicológicas de los personajes en un lenguaje muy cercano al expresionismo, pero complementado -como manda la corriente nacionalista imperante en la música eslava en aquel periodo- con melodías populares, otorgan a la obra un tono sombrío, trágico, aquel que imprime un destino inevitable. Janácek describe el sufrimiento de Kat’a de una manera conmovedora, su gran monólogo final se cuenta entre las escenas de ópera imperecederas.

En su análisis de la obra, el catedrático de Musicología de la Universidad de Oviedo habla de los aspectos musicales más destacables de ‘Kat’a Kabanová’: “Desde el punto de vista vocal, puede desconcertarnos. Aunque presenta grandes monólogos, carece de verdaderas arias. Los personajes se expresan a través de una especie de recitado o recitativo, término excesivamente vago para precisar la extrema diversidad estructural y expresiva que aparece en la obra, y que varía en los distintos personajes”.

Lo cierto, es que el gran mérito de Jánacek en esta obra fue el basarse en un desarrollo motívico, algo aparentemente sencillo, que en sus manos se convierte en complejo, ya que estas variaciones musicales juegan con la melodía, el timbre, la rítmica o las texturas para crear una evolución musical paralela a las transformaciones de los personajes, sus motivaciones o sus estados de ánimo.

Además, sobre toda la obra plantean problemas sociales, prejuicios que pesaban sobre la vida de los habitantes del campo ruso –la historia, pese a cantarse en checo, se desarrolla en la pequeña localidad de Kalinova, a orillas del río Volga, hacia 1860-, y, sobre todo, se encuentra teñida de tintes autobiográficos, reflejando fielmente la relación del compositor con su amante, Kamila Stösslová.

Esta ‘Kat’a Kavanová’ supone, además, la vuelta de Max Valdés al frente de la Orquesta Sinfónica del Principado tras haber abandonado su titularidad este año, y al foso del Campoamor dos años después de su aplaudida lectura de los ‘Dialogues de Carmélites’ en septiembre de 2008, para un repertorio en el que el maestro chileno se mueve cómodamente. El elenco vocal presenta a intérpretes expertos en esta corriente, encabezados por la soprano Janice Watson en el papel de la sufridora Kat’a, acompañada de Vladimir Matorin como Dikoi, Ludovit Ludha como Boris, Judith Frost como Kabanija y Donald Kaasch como Tijon. La propuesta escénica, firmada por Tim Albery y procedente de la ópera North de Leeds, es austera, opresiva, tratando de generar con sus sombras y sus colores fríos la atmósfera que inevitablemente, junto con el drama, aboque a la protagonista a su triste y aparentemente inevitable destino final.


(Foto: Ópera de Oviedo)


sábado, 13 de noviembre de 2010

Entrevista a Sor María Covadonga Querol de Bascarán






13/11/2010

“La cítara no ocupa el lugar que le corresponde en la cultura musical española”

Sor María Covadonga Querol de Bascarán es monja benedictina, residente en el Real Monasterio de San Pelayo de Oviedo. El próximo viernes será la protagonista del concierto dentro del Ciclo del Maestro de la Roza, con un recital de cítara. Pertenece a la comunidad más musical de la ciudad, ‘Las Pelayas’, custodias del canto gregoriano y expertas en este repertorio, que difunden con sus discos y cursos, y cada semana ofrecen en sus liturgias a los fieles. Nos recibe en el monasterio y en esta entrevista nos descubre el fascinante mundo de la cítara, un instrumento tan antiguo como desconocido, además de reflexionar sobre la recuperación del Canto Gregoriano y el papel de la música sacra.

La cítara ha estado siempre ligada al mundo religioso judeocristiano

Es cierto, ya el pueblo de Israel lo utilizaba para acompañar salmos, y la Biblia lo cita. Incluso existe un salmo que dice “sobre arpegios de cítara”, lo que implica que ya por aquel tiempo la cítara podía realizar arpegios de acompañamiento, y no sólo melodías cromáticas.

¿Cómo ha sido su evolución?

Estas cítaras que tenemos ahora están fabricadas en Francia, en la abadía benedictina de En Calcat. La que yo toco es de las mayores, porque las más pequeñas tienen un número limitado de acordes –tres mayores y tres menores- que limitan a tocar sólo en un modo. La que se encuentra en nuestro monasterio abarca todos los acordes –además de poseer su correspondiente sección cromática para las melodías- lo que implica que no existen limitaciones a la hora de acompañar un canto en una tesitura adecuada a la voz.

En su programa abunda el repertorio francés. ¿Es el más común dentro de las obras para cítara?

Sí, porque en Francia hace 30 años se creó una asociación de amigos de la cítara. Organizaron cursos y siguen editando revistas que incluyen partituras creadas ‘ex profeso’ para el instrumento. A este movimiento se han unido cada vez más compositores, y la mayor parte del catálogo que podemos encontrar para el instrumento es música sacra.

¿Podemos hablar de un mundo español de la cítara?

Existen cursos, cada vez más, y muchos profesores franceses vienen aquí. Hay cítaras en España, pero no las que se deberían de corresponder con una cultura musical tan amplia como la nuestra. Todavía es poco conocida.

La obra de Oberson ‘Chémin du Serenité’ tiene especial importancia, ya que da nombre al recital

Todo partió de la idea del Padre Muñiz, director de la Escolanía de San Salvador, de dedicar el ciclo de este año al Camino de Santiago. Y yo, aporté de mi repertorio este ‘Chemin du Serenité’, compuesta sobre la experiencia del Camino.

Por otro lado, ustedes tienen un gran prestigio como conservadoras del Canto Gregoriano

Procuramos mantenerlo dentro de unos límites, porque también cantamos en castellano para permitir que la gente participe. Sin embargo, sería un drama que el Canto Gregoriano desapareciese, como joya que es. Transmite muchísimo con su fuerza, y con el bagaje de los siglos y de toda la gente que lo ha cantado. Además, las melodías, siempre adaptadas al texto, ayudan a crear el ambiente propicio para cada celebración.

En ese aspecto, ustedes se distinguen por su rigor a la hora de interpretarlo

Tratamos de hacer las cosas bien en la liturgia, es una de las normas fundamentales de la Regla Benedictina. Nuestro oficio fundamental es la alabanza, y San Benito siempre decía que el Oficio Divino debe ser lo primero, aunque oramos y trabajamos, porque una vida entera dedicada a la oración es imposible, económica y mentalmente. Para nuestras interpretaciones nos basamos en los postulados y estudios del Canto Gregoriano de la Abadía de Solesmes, benedictinos como nosotros.

¿Cuál es su valoración de la música sacra actual?

El Concilio Vaticano II, ante el deterioro y pérdida del Gregoriano trató de impulsar un nuevo repertorio en las lenguas vernáculas de cada región. El problema es que se compuso mucho en muy poco tiempo, y la calidad muchas veces es ínfima. Desde hace años se está intentando recoger lo mejor en cantorales para la liturgia, y promover composiciones de calidad.

Pero no se refleja en una iglesia de barrio…

Depende del gusto de quien elige en cada lugar los cantos, y, sobre todo, de la disponibilidad de instrumentos, voces, etc. Existen cantos de ‘charanga’ para los jóvenes, pero esa no es la verdadera música sacra. El problema es que no existe formación musical, y es muy difícil llevar a la práctica todas estas cosas.


N. del A.: Esta mujer es un tesoro, un pozo de sabiduría. Sólo hay que sentarse y aprender, que es lo que hice durante esta charla con ella.


http://www.maestrodelaroza.es/wp/?p=150#more-150

(Foto: Iván Martínez)

sábado, 2 de octubre de 2010

Entrevista a Walter Fraccaro, tenor





2/10/2010

“El canto es lo fundamental de la ópera, el resto es accesorio”

El tenor italiano Walter Fraccaro será Manrico, el héroe de la ópera de Verdi ‘Il Trovatore’ desde el próximo viernes en el Teatro Campoamor. Entre pruebas de vestuario y de sonido, nos recibe en medio de la vorágine de ensayos para desentrañar las claves de uno de los títulos más conocidos del compositor, y predisponer al público ante un montaje atípico, casi ‘zen’, firmado por Gilbert Deflo, que huye de las distracciones superfluas para centrarse en las voces y los personajes.


Siempre se ha dicho que para ‘Il Trovatore' se necesitan los cuatro mejores cantantes del mundo ¿Está de acuerdo?

Todas las óperas, y en especial las verdianas son difíciles. Con ‘Il Trovatore’ se da comienzo a una nueva concepción del drama.

¿Por qué?

Porque busca más conectar con el espectador. Con la trilogía ‘Rigoletto’- ‘Traviata’- ‘Trovatore’ Verdi imprime un mayor ritmo a la acción sin olvidar el aspecto musical.

¿Por qué aún hoy es uno de los dramas que emociona más al público?

La belleza de ‘Il Trovatore’ reside que en cualquier momento existe un estímulo musical importante que, además, cambia constantemente. Esto provoca que el espectador esté siempre atento a la ópera. Está moviéndose siempre entre dos mundos opuestos: el amoroso o lírico, y el heroico potente, y mantiene el equilibrio perfectamente.

El papel de Manrico es muy complicado, sobre todo porque el público espera que llegue a “Di quella pira” en plenas facultades cuando está casi al final de la ópera…

Verdi siempre exige muchísimo a los cantantes. La dificultad de mi papel viene desde el inicio del tercer acto. A partir de aquí Manrico comienza a moverse en el aspecto amoroso, y en un momento se convierte en heroico. La dificultad está en cambiar la actitud tan rápido como la partitura. La ‘Pira’ es trágica, y Manrico experimenta una ebullición de sentimientos que desencadenan en esta cabaletta.

Sin embargo, todavía queda el final, que es aún más duro si cabe…

El último acto es un germen del futuro ‘Otello’: muy intenso dramáticamente, y con un fortísimo episodio de celos en Manrico muy parecido al del drama de Shakespeare. El libretto deja la poesía a favor del lenguaje llano y duro. Pero de nuevo, todo vuelve a cambiar a favor de la reconciliación de Leonora y Manrico. Todo es muy rápido y muy emocional para los intérpretes

Se acusa al libretto de Cammarano de confuso y complicado…

En líneas generales todo depende de cómo venga representado; la historia la conoce la gran mayoría del público. Es una ópera corta, en dos horas y media se puede tener finiquitada, y yo la comparo como un libro absorbente, adictivo, que se lee del tirón, sin pausa, aunque en Oviedo se ha establecido un descanso entre el segundo y tercer acto.

¿Cuál es la visión de Gilbert Deflo, director de escena?

Yo sitúo a Deflo en un término medio entre el clasicismo de Franco Zeffirelli y la modernidad de un Calixto Bieito, por ejemplo. Se mueve como una bisagra, y toma de una u otra corriente lo que le interesa, sin distraer al público, y siempre respetando el canto. En Oviedo veremos una escena casi vacía, apoyada en telones y juegos de luces.

¿Eso implica una mayor responsabilidad para los cantantes?

Sí, es una gran dificultad, porque los cantantes no suelen ser grandes actores (si exceptuamos a gente como Plácido Domingo), igual que los actores no suelen ser grandes cantantes. Aquí tenemos que ser ambas cosas porque la escena somos nosotros.

¿Hacia dónde se decanta su Manrico, hacia el canto o hacia la actuación?

El canto, sin duda. Cuando leo críticas mías prefiero leer “una gran voz, algo limitado escénicamente” que “un gran actor, pero con poca voz”. El canto es lo fundamental de la ópera, el resto es accesorio. Debo transmitir un Manrico de una cierta credibilidad y debo ser un personaje vivo, por supuesto, pero estoy al servicio del Maestro, de la orquesta y, sobre todo, del público, a quien tengo que emocionar con la voz.

¿Se respetará la partitura original o se introducirán algunos cambios?

Existen ciertas variaciones no escritas por Verdi que, sin embargo, fueron aceptadas por el propio compositor, como el ‘Do de pecho’ en “Di quella pira”, que no existe, en realidad es un La. Sin embargo, por tradición y espectacularidad, se hace. Igualmente se han realizado pequeños cortes, mínimos, referentes a repeticiones de cabalettas que no aportan nada y detienen la acción, para hacer el drama más fluido.

Esta es la vigésimo primera vez que se representa ‘Il Trovatore’ en Oviedo, casi un año de cada tres en la historia de la Ópera asturiana se ha programado esta ópera. ¿Se puede aportar algo?

Si uno echa la vista atrás y lee los grandes nombres que han pasado por el Campoamor puede entrar vértigo. Sin embargo, en todos estos años, el canto ha evolucionado en aspectos técnicos –la manera de cantar no es la misma- y en aspectos teóricos –el diapasón está más agudo ahora y todo suena más brillante-. Las visiones escénicas también han cambiado, y ahora los espectáculos son más completos. Somos hijos de nuestro tiempo.

'Il Trovatore', la voz como protagonista





2/10/2010

Drama romántico en su máxima expresión, la producción de ‘Il Trovatore’ de Giuseppe Verdi que el próximo viernes llega a Oviedo procedente del Liceu de Barcelona –y que supondrá la vigésimo primera vez que se represente este título en el Campoamor- propone una lectura desnuda, casi vacía en lo escénico firmada por Gilbert Deflo. Y, sobre todo, dará preponderancia a las voces de Dalibor Jenis (Conde de Luna), Hui He (Leonora), Elisabetta Fiorillo (Azucena) y Walter Fraccaro (Manrico) en cuatro representaciones los días 8, 11, 14 y 17 de febrero. Además, una quinta representación el día 16 recupera por tercer año consecutivo el segundo reparto, con precios populares y voces jóvenes, en concreto las de Damiano Salerno, Carmen Solís, María Luisa Corbacho y Josep Fadó. En el foso, la Oviedo Filarmonía contará también con dos batutas, la de Julian Reynolds en el primer ‘cast’ y Andrés Juncos en el segundo, lo que aportará dos lecturas diferentes en cada elenco.


“Para tener éxito con ‘Il Trovatore’ sólo hace falta una cosa: los cuatro mejores cantantes del mundo”, reza una de las más famosas frases de la historia de la ópera, que algunos atribuyen al tenor Enrico Caruso y otros al director Arturo Toscanini. La importancia de la voz por encima de cualquier otro elemento en esta ópera de Verdi queda de manifiesto desde el momento en que el autor se planteó estrenarla como pieza de concierto, sin escena, ya que creía que sólo con su música podía llegar a crear el espectáculo que buscaba. Así lo ha entendido el escenógrafo Gilbert Defló, que trae a Oviedo la misma versión que se pudo ver en el Liceu de Barcelona la temporada pasada. Una escena basada en telones pintados, en la iluminación, y en la contraposición de colores fríos y cálidos que representan las dos partes del conflicto político que subyace del libreto firmado por Salvatore Cammarano, creado a partir de la obra teatral cumbre del gaditano Antonio García Gutiérrez.

Al año siguiente de ‘Don Álvaro o la fuerza del sino’ del duque de Rivas –obra que también sería adaptada por Verdi para los teatros de ópera- se estrenaba ‘El Trovador’, de Antonio García Gutiérrez, obteniendo un enorme éxito, mayor que el de ‘Don Álvaro’, porque salpicaba sus escenas en verso y prosa con elementos románticos incorporados a una misterio que mantiene el interés del principio al fin. Los amores del trovador Manrique, hijo de una gitana, y Leonor, pretendida también por el conde de Artal, terminan en el suicidio de la doncella y la muerte del trovador, con la posterior aclaración de la gitana Azucena de que los pretendientes eran hermanos.

La truculenta historia de García Gutiérrez, que incluía todos los tópicos románticos -pasión desbordada y frenética, la brujería, la magia, el oscurantismo, los temas y personajes de la Edad Media y en general cualquier tipo de exceso de emotividad- sirvió de inspiración a Verdi para crear una música de carácter oscuro, tenebroso y nocturno. Desde su primera representación suscitó el entusiasmo del público, convirtiéndose muy pronto en una de las obras más interpretadas y apreciadas de todo el repertorio operístico. Aun así, a lo largo del siglo XX no han faltado las críticas, dirigidas sobre todo contra el libreto de Cammarano, considerado uno de los más caóticos de la historia de la ópera.

Ésta es la segunda ópera del periodo medio de la producción verdiana formada por ‘Rigoletto’ (1851), ‘Il Trovatore’ ( 1853) y ‘La Traviata’ (1853). Las óperas de esta trilogía inician un distanciamiento definitivo respecto de todo lo que suponen las obras del primer romanticismo; si bien ‘Il Trovatore’ es la menos evolucionada de las tres. La típica división por números (recitativo, aria y cabaletta) empieza a no ser esencial, y en las escenas predomina la continuidad. La densa obertura del primer romanticismo deja paso a un preludio más o menos breve. Sin embargo en Il Trovatore la trama continua siendo medieval y existe el típico triángulo amoroso entre un tenor y una soprano, entre los que se interpone un barítono rival.

La obra posee algunos de los momentos más recordados de la historia del género, entre ellos la presentación de la gitana Azucena (“Stride la Vampa”), el coro de gitanos (“Vedi! Le fosche notturne spoglie”), y, sobre todo, la cabaletta de Manrico “Di quella pira”, auténtico ‘tour de force’ para el tenor solista, donde alcanza el agudísimo y ya mítico ‘Do de Pecho’ que Verdi jamás incluyó en la partitura, pero que la tradición lo ha convertido en indispensable.

Los papeles principales en Oviedo están cubiertos por voces contrastadas y de amplia experiencia en este repertorio. Destaca el debut de la soprano china Hui He en Oviedo, y la presencia del tenor italiano Walter Fraccaro una voz que destaca por el brillo de sus agudos, y que en el papel de Manrico tendrá oportunidad de demostrar su valía verdiana ante el público asturiano. Completan el cuarteto protagonista la mezzo Elisabetta Fiorillo en el complicado rol de la gitana Azucena, el más duro en el aspecto psicológico y el que exige una mayor capacidad actoral, y Dalibor Jenis como el Conde de Luna, rival de Manrico.

Estrenado el 19 de enero de 1853, el éxito de ‘Il Trovatore’ fue mucho mayor de lo que se hubiera podido imaginar. El compositor debió salir a escena decenas de veces para ser ovacionado y cubierto de una corona de hojas de laurel entrelazada con cintas rojas.

La Gazzetta Musicale de Roma, tras el estreno de ‘Il trovatore’, definió como celestial la música de esta ópera, y comentó así el rotundo éxito: “El maestro Verdi ha conseguido un hermoso triunfo, merecido, porque ha escrito un género nuevo e identificado con los caracteres castellanos. El público escuchaba en medio de un silencio religioso todas las piezas, e irrumpía en aplausos en cada intervalo entre un acto y otro. El final del tercer acto y el cuarto entusiasmaron de tal manera que la gente quería a toda costa que se repitieran.”

Tras el declive del entusiasmo wagneriano que dio lugar en los años veinte del pasado siglo, al fenómeno cultural de la recuperación de Verdi, ’Il Trovatore’ se convirtió en polémico objeto de exagerado desprecio o exagerada admiración. El más absurdo y el más enloquecido de los melodramas, lacerado entre apasionada desesperación y sumaria brutalidad, con una partitura de carácter popular, sin implicaciones psicológicas, se convirtió en el símbolo del primer estilo verdiano, contrapuesto a la estudiada perfección de las posteriores obras maestras basadas en la producción de Shakespeare.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Entrevista a Forma Antiqva





18/ 09/2010

“El pop, el rock y el jazz son herederos directos de la música antigua”

Los hermanos Pablo, Daniel y Aarón Zapico constituyen el germen de Forma Antiqva, uno de los conjuntos de cabecera a la hora de afrontar repertorios de música antigua con carácter historicista. Su bagaje nacional es intachable, habiendo alcanzado los más prestigiosos escenarios y festivales: Teatro Real de Madrid, Auditorio de Barcelona, Semana de la Música Religiosa de Cuenca… y su incipiente recorrido internacional incluye ya América Latina, Japón China, Australia y buena parte de Europa. Durante estos días se encuentran en Asturias, su tierra, en el foso del Teatro Campoamor, para las representaciones de ‘L’incoronazione di Poppea’.


¿Qué reacción esperan del público ovetense ante una ópera tan poco usual para ellos?

Ante cualquier espectáculo que se sale de la ‘corriente principal’ la gente tiene que venir con un punto más de receptividad. Aún así lo consideramos una ópera de las más modernas que hay.

¿Por qué?

Por el tratamiento de la armonía y del ritmo, el texto… el tema de las pasiones y el ascenso al poder a través del sexo y la lujuria, y el erotismo, que impregna todo, son temas de total actualidad. Que sea con instrumentos originales o que en realidad se trate de una obra barroca son factores que tienen su importancia, pero no son definitivos.

¿Cuáles son para ustedes las características más reseñables del lenguaje de Monteverdi?

Se resume en una frase: el poder de la palabra. Basa toda su música en potenciar el texto. Posee muchas sutilezas rítmicas, juegos armónicos y rapidez en la declamación, todo para favorecer a la acción.

¿A qué se creen que se debe este auge del barroco que se está viviendo?

El hombre es un animal, y siempre vuelve a lo primitivo y a lo más natural. Esta música no es artificiosa, no se aleja del propio ser humano: respiración, tempo, declamación… todo es muy orgánico. En cierta manera, es muy parecida a toda la música que escuchamos ahora: pop, rock o jazz (siempre dentro de unos mínimos de calidad) son herederos directos de la música antigua.

Cada vez existen más festivales dedicados a esta música…

Cierto, cada vez hay más festivales porque cada vez hay más intérpretes que se especializan en este tipo de música, no sólo por el atractivo de los instrumentos antiguos, sino porque es un repertorio que nos resulta muy cercano, aunque nunca se haya escuchado anteriormente. Pasa con la moda y pasa con la música: se trata de volver a la génesis.

¿Cuánto hay de verdad en la interpretación ‘historicista’ y cuánto de aportación de los intérpretes?

Para potenciar al máximo estas obras necesitas tener un diapasón específico, un temperamento específico y unos instrumentos específicos. A partir de ahí, nunca se puede saber con rotundidad cómo sonaba en aquella época. Procuramos basarnos en tratados, pero, por ejemplo, en algunos de ellos se prohíben determinadas prácticas. Y, si se prohíben, es porque en realidad se hacían. Hay que tener cuidado, porque teoría práctica no siempre coinciden. A partir de ahí, ofrecemos nuestra opción, por eso se llama ‘interpretación’.

Eso aporta un sello personal

En Forma Antiqva siempre hemos sido conscientes de no recrear, sino de ofrecer nuestra visión sincera. Sería absurdo negar las influencias que tenemos por nuestra edad, por la música que escuchamos, e incluso porque cada vez vamos especializándonos más e incorporando estos conocimientos a nuestras interpretaciones.

Ustedes tres constituyen la formación básica de Forma Antiqva, sin embargo, en el foso encontraremos más músicos

Somos 20 personas en total. Nosotros, con nuestros instrumentos somos continuistas. Completamos la parte de continuo para hacerla más rica con violas de gamba, pero además necesitamos instrumentos melódicos (violines, cornetas…). En la música antigua generalmente no hay una platilla estable, sino que nos vamos sirviendo de gente cuya calidad tenemos contrastada para los diferentes proyectos.

¿Dónde se encuentran más cómodos, en el escenario o en el foso?

Encima del escenario es más cómodo, porque el foso demanda un extra de atención, ya que la escena puede estar lejos, el recitativo puede no oírse bien desde nuestra posición. Son roles diferentes. En la ópera la palabra ‘acompañar’ adquiere su máxima expresión, y en la música de cámara hay más libertad, son piezas que se pueden ensayar más, y el diálogo que se establece en el escenario es entre nosotros, y no con cantantes a los que no conocemos tanto.

Echando la vista atrás, ¿cómo han evolucionado a lo largo de los más de diez años que llevan como formación?

Paso a paso. Cuando formamos el grupo estábamos empezando la especialización, y tuvimos que recorrer todos los peldaños uno a uno, no es como un grupo que reúne a expertos intérpretes desde el comienzo. A la vez que íbamos descubriendo nuestra profesión, íbamos creciendo como grupo.

¿Cómo fueron esos comienzos?

Nuestro primer concierto fue en una sidrería, pero también llegamos a tocar en la cárcel. Todos los sitios posibles que se puedan imaginar como lugar de concierto los hemos recorrido. Si todavía hoy es raro ver un clave en Asturias, a finales de los 90, cuando empezamos, era casi impensable. No sabíamos dónde ir a estudiar y todo era un gran laboratorio para nosotros.

Y llegaron los conciertos en el Real, giras por el extranjero, las portadas en revistas especializadas… ¿Cómo lo viven?

Como todo ha sido muy progresivo, uno no se da cuenta hasta que le hacen una pregunta como ésta. Cuando empezamos a mirar para atrás nos damos cuenta de todo, y ni en nuestros mejores deseos habríamos pensado algo así, nunca nos marcamos ninguna meta. Pero cuando pensamos en todo lo recorrido, el sentimiento es de satisfacción y orgullo por haberlo conseguido con nuestro esfuerzo.

Ustedes también se distinguen por la recuperación del patrimonio del Patrimonio, por ejemplo de los archivos de la Catedral de Oviedo.

La recuperación de Patrimonio es muy difícil. Llevamos unos cinco años intentando plasmar ese proyecto en disco y editar las partituras, pero de momento no ha habido manera de llevarlo a buen puerto. Cuando a estaba por estrenarse en Madrid –es un poco triste tener que ir a Madrid para estrenar la música de la Catedral de Oviedo- se volvió a suspender por diversos problemas.

¿Creen que se valora esa actividad?

Realmente no hay conciencia de recuperación, pero no sólo en Asturias. Salvo excepciones como Andalucía o Cataluña, es una verdadera lástima, porque existe un gran vacío en la música antigua española, ya que parece que todo termina con Tomás Luis de Victoria, y por supuesto no es así. Hay muchos tesoros ocultos que colocarían a España a la cabeza en este tipo de repertorios.

¿Qué papel ocupan las grabaciones en su actividad?

Surgen de la necesidad de que el grupo sea algo físico. Suponen un cambio de mentalidad, porque en las grabaciones la interpretación varía, ya que tiene que gustar ahora, pero también dentro de cinco o diez años. Además, el público puede ser o no especializado en el tema.

¿Son económicamente rentables?

No dan grandes satisfacciones económicas, pero sí mantienen al grupo vivo durante el periodo en el que el disco aparece en las revistas, tiene comentarios, críticas… Y esto nos permite tener un producto que presentar a programadores para conseguir conciertos. Cada disco tiene su camino, hasta que es reemplazado por el siguiente. Con ellos expandimos el nombre, ya que gracias a la tecnología están disponibles en plataformas como iTunes o Spotify.


(Foto: www.facebook.com/formaantiqva)

sábado, 11 de septiembre de 2010

LXIII Temporada de la Ópera de Oviedo: la Temporada de la crisis




11/09/2010

LXIII Temporada de la Ópera de Oviedo

Arranca la Temporada de la crisis

Auténtico encaje de bolillos. Con la reducción presupuestaria sufrida por la Ópera de Oviedo, la intención de mantener los cinco títulos y la condición de no entrar en números rojos, la Temporada 2010- 2011 levanta el telón, casi milagrosamente, con títulos que siguen la línea marcada en los últimos años. Propuestas arriesgadas cono ‘La coronación de Poppea’ (Monteverdi) o ‘Katia Kavanová’ (Janácek), que se salen del repertorio más tradicional, conviven con títulos de sobra conocidos por el público, ‘Il Trovatore’ (Verdi) o ‘El elixir de amor’ (Donizetti), y con la recuperación de una de las producciones más valoradas por el público, el ‘Tristan e Isolda’ (Wagner) estrenado en 2007. Contentar a todos es imposible. Continuista o no, lo cierto es que se abarcan 279 años de historia del género (desde el estreno de ‘Poppea’ en 1642 hasta el de ‘Katia Kavanová’ en 1921) y varios estilos que van desde la ópera bufa de Donizetti hasta el drama decimonónico de Verdi, el nacionalismo checo de Janácek, el barroco de Monteverdi y el ‘Arte Total’ wagneriano.


L’ incoronazione di Poppea (Claudio Monteverdi)

18, 19, 21 y 22 de septiembre

Se suele considerar a Claudio Monteverdi (1567- 1643) como el padre de la ópera tal y como la conocemos actualmente, para la cual estableció las bases con su ‘Orfeo’ estrenado en 1607. Sin embargo, el mérito de Monteverdi fue consolidar un género que ya había nacido unos años antes, en 1597, con el estreno de ‘Dafne’ de Jacopo Peri, en un intento por revivir el drama musical griego, al menos tal y como se suponía que era en la Florencia renacentista.

Sea como fuere, el instaurador de los cánones que, aunque evolucionados, constituyen la base de la ópera hoy en día fue Monteverdi con sus obras, de las cuales sólo se conservan tres: ‘L’Orfeo’ (1607), ‘Il ritorno d'Ulisse in patria’ (1641) y ‘L’ incoronazione di Poppea’, que será la encargada de abrir la Temporada de Ópera en Oviedo.

‘L’ incoronazione di Poppea’, constituye la última obra de Claudio Monteverdi, y fue estrenada en el Teatro dei Santi Giovanni e Paolo (Teatro Grimani) de Venecia en el carnaval de 1642. Es una de las primeras obras representadas fuera de los salones aristocráticos, para un público que pagaba su entrada. Quizá por eso, Monteverdi hizo en ella una amalgama de géneros para todos los públicos, desde la comedia grotesca hasta el lirismo sublime. El autor del libreto, Giovanni Francesco Busenello, inspirándose en los ‘Anales’ de Tácito y ‘Las vidas de los doce césares’ de Suetonio, cuenta las turbias maniobras empleadas por Poppea para satisfacer su implacable ambición: ser coronada emperatriz.

El tema central es el amor triunfante de Nerón y Poppea, aún a costa de la virtud. Resulta desconcertante aún desde los criterios actuales, contemplar la amoralidad cínica de Poppea, quién logra su objetivo de consagrarse emperatriz, provocando en el camino la muerte de Séneca y el exilio de Octavia y su anterior marido Otón. Esto puede explicarse por el hecho de que Busenello, miembro de la aristocrática y libertina Accademia degli Incogniti, escribió un libreto lleno de ironía, sobre un tema conocido por el público veneciano del siglo diecisiete, quienes probablemente estaban familiarizados con el relato de Tácito y la vida de Séneca.

Musicalmente lo más admirable de esta partitura es el uso de la polifonía derivada de la música sacra, y de los episodios madrigalescos que, junto a los números cómicos, alivian la tensión de los recitativos secos. La calidad de la música, la expresión de las emociones y la perfección de los números cerrados hacen de ‘L’ incoronazione di Poppea’ la obra maestra de Monteverdi.

La nueva producción que llega al Campoamor, bajo la dirección del asturiano Emilio Sagi, cuenta con la participación de la orquesta Forma Antiqva, centrada alrededor de los hermanos Pablo, Daniel y Aarón Zapico, que se ha convertido en la cabeza visible de la nueva generación de intérpretes de música antigua en España. A la batuta, Kenneth Weiss, su principal director invitado, y en el reparto, liderado por la navarra Sabina Puértolas (Poppea) destacan los nombres de Max Emanuel Cencic (Nerón), Christianne Stotijn (Octavia), Xavier Sabata (Otón) y Felipe Bou (Séneca).


Il Trovatore (Giuseppe Verdi)

8, 11, 14, 16 y 17 de octubre

Recién llegada del Gran Teatre del Liceu, desembarca en Oviedo esta coproducción entre el teatro barcelonés, el asturiano y los teatros Capitole de Toulouse y La Llotja de Lleida, bajo la dirección escénica de Gilbert Deflo, que devuelve a la vida el mito español creado a partir de la obra teatral cumbre del gaditano Antonio García Gutiérrez, convertida a libreto operístico por Salvatore Cammarano. ‘Il Trovatore’ pertenece a la llamada ‘trilogía popular’ verdiana, compuesta en poco más de dos años, entre noviembre de 1850 y marzo de 1853, y que incluye ‘Rigoletto’, ’Il Trovatore’ y ‘La Traviata’.

La truculenta historia de García Gutiérrez, que incluía todos los tópicos románticos - pasión desbordada y frenética, la brujería, la magia, el oscurantismo, los temas y personajes de la Edad Media y en general cualquier tipo de exceso de emotividad- sirvió de inspiración a Verdi para crear una música de carácter oscuro, tenebroso y nocturno. Desde su primera representación suscitó el entusiasmo del público, convirtiéndose muy pronto en una de las obras más interpretadas y apreciadas de todo el repertorio operístico. Aun así, a lo largo del siglo XX no han faltado las críticas, dirigidas sobre todo contra el libreto de Cammarano, considerado uno de los más caóticos de la historia de la ópera.

A pesar de las críticas negativas hacia la música y el libreto, el derroche auténticamente prodigioso de melodías inolvidables hace de esta ópera una de las favoritas del gran público. El maestro italiano Arturo Toscanini comentaba que este drama verdiano precisaba de los cuatro mejores cantantes del mundo para hacer justicia a la partitura.

Para solventar esta difícil empresa, las cuatro primeras representaciones contarán con un primer reparto que presenta los nombres de Dalibor Jenis (Conde de Luna), Hui He (Leonora), Elisabetta Fiorillo (Azucena) y Walter Fraccaro (Manrico). Además, una quinta representación recupera por tercer año consecutivo un segundo reparto, con precios populares y voces jóvenes, en concreto las de Damiano Salerno, Carmen Solís, María Luisa Corbacho y Josep Fadó. En el foso, la Oviedo Filarmonía contará también con dos batutas, la de Julian Reynolds en el primer ‘cast’ y Andrés Juncos en el segundo, lo que aportará dos lecturas diferentes en cada elenco.

La obra posee algunos de los momentos más recordados de la historia del género, entre ellos la presentación de la gitana Azucena (“Stride la Vampa”), el coro de gitanos (“Vedi! Le fosche notturne spoglie”), y, sobre todo, la cabaletta de Manrico “Di quella pira”, auténtico ‘tour de force’ para el tenor solista, donde alcanza el agudísimo y ya mítico Do de Pecho.

Tras el declive del entusiasmo wagneriano que dio lugar en los años veinte del pasado siglo, al fenómeno cultural de la recuperación de Verdi, ’Il Trovatore’ se convirtió en polémico objeto de exagerado desprecio o exagerada admiración. El más absurdo y el más enloquecido de los melodramas, lacerado entre apasionada desesperación y sumaria brutalidad, con una partitura de carácter popular, sin implicaciones psicológicas, se convirtió en el símbolo del primer estilo verdiano, contrapuesto a la estudiada perfección de las posteriores obras maestras basadas en la producción de Shakespeare.


Katia Kavanová (Leos, Janácek)

21, 23, 25 y 27 de noviembre

La apuesta más arriesgada de la temporada llegará en el mes de noviembre con la presentación en Oviedo de la ópera ‘Katia Kavanová’, considerada obra de madurez de uno de los adalides del nacionalismo checo de principios de siglo, Leos Janácek. Tanto la dureza de su argumento -basado en ‘La tormenta’, un drama de Alexander Ostrovsky que trata con crudeza la infidelidad y el suicidio- como su lenguaje musical expresionista y su idioma (es cantada en checo) parecen, a priori, grandes dificultades para el público ovetense. Sin embargo, la historia de temporadas anteriores demuestra que estas grandes apuestas son los grandes aciertos para una ópera que necesita de novedades en su repertorio como el comer: ahí están los recientes éxitos de las óperas de Richard Strauss, Benjamin Britten, Francis Poulenc o Igor Stravinsky, compositores que aún hoy inexplicablemente son considerados ‘modernos’.

La ópera trata del drama de la joven y sensible Katia, quien representa el arquetipo de mujer oprimida por las leyes de su propia moralidad y que ha realizado un matrimonio de conveniencia con un joven dominado por una madre autoritaria. Ahogada por este ambiente opresivo, intentará realizar sus sueños pero su conciencia le impedirá romper con su entorno social y con su matrimonio con un hombre mediocre, débil, frío y totalmente dominado por su madre y por los prejuicios de clase. Katia vive el amor rejuvenecedor y adúltero de un hombre que parece comprenderla, pero que no puede decidirse a liberarla y a liberarse él mismo. La violencia natural de una tormenta que estalla a orillas del río despierta en el alma de Katia un temporal, una discordia de los sentimientos tan desgarradora que da fin a su existencia sin salida con un salto en el Volga.

La fuerza de la historia y, sobre todo, la capacidad psicológica de la música escrita por Janácek, que describe la naturaleza y su potencia así como las emociones en el alma de los personajes incluyendo melodías populares, otorgan a la obra un tono sombrío, trágico, aquel que imprime un destino inevitable. Janácek describe el sufrimiento de Katia de una manera conmovedora, su gran monólogo final se cuenta entre las escenas de ópera imperecederas.

Además, sobre toda la obra plantean problemas sociales, prejuicios que pesaban sobre la vida de los habitantes del campo eslavo, y, sobre todo, se encuentra teñida de tintes autobiográficos, reflejando fielmente la relación del compositor con su amante, Kamila Stösslová.

Esta ‘Katia Kavanová’ supondrá, además, la vuelta de Max Valdés al frente de la Orquesta Sinfónica del Principado tras haber abandonado su titularidad este año, y al foso del Campoamor dos años después de su brillante lectura de los ‘Dialogues de Carmélites’ en septiembre de 2008, para un repertorio en el que el maestro chileno se mueve cómodamente. El elenco vocal presenta a Janice Watson como Katia, acompañada de Vladimir Matorin como Dikoi, Ludovit Ludha como Boris, Judith Frost como Kabanija y Donald Kaasch como Tijon, en un montaje procedente de la Opera North de Leeds, dirigido por Tim Albery.


L’elisir d’amore (Gaetano Donizetti)

12, 14, 17, 18 y 19 de diciembre

El alivio cómico a las tres tragedias vividas con anterioridad en la Temporada lo pondrá ‘L’elisir d’amore’ obra cumbre del llamado género bufo junto con ‘Il barbiere di Siviglia’ (Rossini) y ‘Le nozze di Figaro’ (Mozart). Además, ‘L’elisir d´amore’ no sólo es una de las obras maestras del género bufo, sino que, además, es una de las óperas más perfectas y menos irregulares de Donizetti, cosa bastante singular en su numeroso y descuidado catálogo. Musicalmente es una obra llena de lirismo, comicidad, riqueza melódica y cuidada orquestación, que posee una de las páginas más bellas y demandadas del repertorio para tenor, el aria “Una furtiva lagrima”

Donizetti emplea para la obra una fórmula nueva, que parte de algunos de los elementos desarrollados por Rossini en su repertorio bufo, pero tejidos con una nueva sensibilidad y melancolía románticas. La obra se inscribe así en un género denominado ópera semiseria, donde han desaparecido ya los personajes serios de antiguos modelos, pero donde alguno de los protagonistas, en concreto Nemorino, presenta una tristeza melancólica extraña hasta entonces al género bufo.

En Donizetti se produce una vuelta a la sátira de costumbres típica del setecientos pero con mayor variedad y profundización en los personajes. Mientras que los personajes rossinianos presentan una cierta dignidad burguesa, con Donizetti se asiste a la recuperación de las figuras populares de la ópera bufa napolitana. De este modo, explota la comicidad del bajo, como si se retomase la fórmula desde ‘La serva padrona’ de Pergolesi.

De nuevo la Ópera de Oviedo retoma la idea del segundo ‘cast’, por segunda y última vez en la Temporada, aunque esta vez la batuta no variará, será la del madrileño José Miguel Pérez Sierra ya conocido del Campoamor en su temporada de Zarzuela y que se presenta por primera vez en la Ópera dirigiendo a la Oviedo Filarmonía, con un amplio bagaje en el género, que incluye el haber sido el director más joven de la historia del Festival Rossini de Pésaro, cosechando un éxito unánime de público y crítica.

La escena, firmada por Daniel Slater, traslada la acción de la plaza del pueblo a un hotel regentado por Adina. En el reparto principal, las voces de Patrizia Ciofi (Adina), Ismael Jordi (Nemorino), Rodion Pogossov (Belcore) y Giorgio Surjan (Dulcamara) compondrán el cuarteto protagonista, que será relevado en la última función, fuera de abono, por Auxiliadora Toledano, Mikeldi Atxalandabaso, Marc Canturri y Luis Cansino.

Destacar los memorables de esta partitura es realmente difícil. La imaginación de Donizetti es asombrosa, y más si se tiene en cuenta la leyenda que dice que la ópera fue compuesta en sólo dos semanas (la realidad es más benévola, en realidad fueron seis, lo que no deja de ser un récord), aunque se podrían destacar la presentación del charlatán Dulcamara (“Udite, udite”), la del enamorado Nemorino (“Quanto e bella”) o la Barcarola “Io son ricco, tu sei bella”, auténtica parodia, aparentemente simple pero llena de intención, de la ópera dieciochesca. ‘L´elisir d´amore’, a pesar de estar plena de situaciones humorísticas, deja un poso de nostalgia y hermosa sensibilidad, del que resulta una comedia donde brilla con luz propia "una furtiva lágrima".


Tristan und Isolde (Richard Wagner)

27 y 30 de enero, y 2 y 5 de febrero de 2010

Para el cierre de Temporada se reserva la recuperación de uno de los montajes más aplaudidos, el de la ópera de Wagner ‘Tristán e Isolda’. Se trata de una producción propia de la Ópera de Oviedo (lo que ayuda a controlar el gasto en estos momentos de crisis) y presentado en septiembre de 2007 con gran éxito, algo de gran mérito, ya que la mastodóntica obra de Wagner alcanza las cinco horas de duración. Firmado por Alfred Kirchner, aporta una visión abstracta en lo escénico con gran predominio de las formas geométricas y el juego de luces, con el mar como telón de fondo.

‘Tristán e Isolda’ supuso toda una revolución en la música. Sus cuatro primeras notas son las más analizadas de la historia, creando el famoso ‘Acorde de Tristán’, una entidad sonora que aún hoy sigue generando discusiones sobre su verdadero propósito y naturaleza. Sólo con ese comienzo, Wagner consiguió una cantidad de tensión tal que aún hoy genera polémica. A partir de aquí, el continuo uso del cromatismo y las consiguientes disonancias generadas, estiraron hasta el extremo los límites de la tonalidad clásica, dejándola al borde de su disolución, tal y como ocurrió en el siglo XX.

Wagner escribió el libreto basándose en el romance de Gottfried von Strassburg, que a su vez se basa en la leyenda medieval de Tristán, trasmitida en francés por Thomas de Bretaña, siguiendo la tradición romántica de buscar en los romances medievales una fuente de inspiración para los argumentos de las óperas. Muchos críticos wagnerianos de la época consideraban que esta ópera representaba el cenit de la música occidental; por otro lado, otro grupo influyente de críticos, centrados alrededor de Eduard Hanslick, la tachaba de incomprensible.

La Oviedo Filarmonía aparecerá por tercera vez en el foso, acaparando más de la mitad de la temporada y asentándose como orquesta de referencia en el Campoamor, con su titular, Friedrich Haider al frente. En el reparto, los nombres de Robert Dean-Smith (Tristán), Elisabete Matos (Isolda), Felipe Bou (Rey Marke), Gerd Grochowski (Kurwenal), Javier Galán (Melot) y Petra Lang (Brangäne) darán vida a los protagonistas de esta ‘Gesamtkunstwerk’ (‘Obra de Arte Total’), como a Wagner le gustaba denominar a sus dramas musicales, ya que en ellos conjugaba todos los aspectos: música, teatro y artes visuales, a la manera, según él, del teatro griego. Wagner era muy crítico con el tipo de ópera imperante en su época, a la que acusaba de centrarse demasiado en la música, a la que se subordinaban los demás elementos, en especial el drama. Por ello, concedía gran importancia a los elementos ambientales, tales como la iluminación, los efectos de sonido o la disposición de los asientos, para centrar toda la atención del espectador en el escenario, logrando así su completa inmersión en el drama. Estas ideas eran revolucionarias en su momento, pero pronto pasaron a ser asumidas por la ópera moderna.