sábado, 15 de septiembre de 2012

Werther. La consecuencia lógica.


Artículo publicado en el programa de mano de la ópera Werther.

El acervo popular, ese que establece etiquetas la mayoría de las veces peligrosas, considera al Werther de Massenet como la culminación de la ópera romántica francesa. Sea o no la ‘culminación’ –este término implica una cierta supremacía donde ya entra en juego la subjetividad y los gustos personales– lo cierto es que estamos ante el siguiente paso en una evolución constante dentro de la lírica francesa, ante el resultado de una serie de antecedentes y movimientos estilísticos y, sobre todo, ante uno de los puntos que nos hacen pivotar entre los siglos XIX y XX.


‘El amor nos vuelve la cabeza del revés’, del pintor Federico Granell, 
portada del programa de mano del Werther
[ÓPERAy+Artes]

Para entender el surgimiento de la ópera insignia de Jules Massenet es necesario remontarse hasta 1828. Contrariamente a lo que cabía esperar, el movimiento romántico tardó en penetrar en Francia debido a la convulsa situación revolucionaria que desde 1789 agitaba a la sociedad, y que llevó a autores que podían haber sido claves en el arranque del nuevo estilo a la guillotina (como André Chénier) o al exilio (como sucedió con René de Chateaubriand). La censura napoleónica, poco amiga de la heterodoxia artística reinante en Europa, había prohibido en 1810 la publicación del tratado sobre Alemania de Germaine de Staël (De l’Allemagne), plenamente imbuido del espíritu romántico. Pero por fin en ese año 28 se produce el necesario golpe en la mesa: la publicación del prefacio de Victor Hugo a su obra Cromwell desafiaba la rigidez clásica y las convenciones sagradas de Racine y Boileau, y causaba una conmoción intelectual en los bulliciosos cenáculos de los que eran partícipes escritores y pintores, y en los que la música estaba representada a través de nombres como Berlioz y Liszt.

Bien es cierto que la música operaba un poco al margen de estos movimientos. Por aquel tiempo música era casi exclusivamente sinónimo de espectáculo lírico, de ópera, de combinación de estilos (teatro, canto, ballet…) que poco o nada respetaban las unidades clásicas. Al igual que la introducción de Shakespeare en la vida literaria francesa cambió para siempre a sus escritores, la irrupción de las composiciones de Beethoven en la década de los 20 en la vida parisina influyó sobremanera en sus músicos. Berlioz fue uno de los asistentes a una serie de conciertos en el Conservatorio de París dedicados al genio de Bonn, organizados por su director, François Anton Habeneck, de nuevo en el año clave de 1828: “El golpe fue casi tan fuerte como aquel que sentí con Shakespeare. Beethoven abría ante mí todo un nuevo mundo musical, tal y como Shakespeare me había revelado un universo nuevo de poesía”, asegura Berlioz en sus memorias.

Será precisamente Berlioz, con su ópera Les Troyens uno de los baluartes del nuevo estilo lírico francés: la Grand Opéra. Toda la grandilocuencia de un gran espectáculo dividido en cuatro o cinco actos, que siempre incluía al menos un ballet y cuya duración todavía hoy se considera excesiva. Unas características que siempre han sido un sello galo desde el surgimiento en pleno periodo Rococó del Style Galant que, sin llegar a estos extremos, sí apostaba por ofrecer al público un grand spectacle a través de la Opéra-ballet. Si bien la Grand Opéra se puede relacionar formalmente con este antecedente preclásico, lo cierto es que, además de estos aires de grandeza, en el siglo XIX se cuidan mucho más las historias, presentando libretos basados por lo general en grandes gestas históricas que proporcionan más empaque e interés a un nuevo título que el simple despliegue de medios humanos y escenográficos.

El ambiente cosmopolita que se vivía en Paris ayudaba a la suma de influencias, en especial italianas, a través de compositores como Luigi Cherubini o Gaspare Spontini, quienes mostraron el poder dramático del recitativo y la utilización grandiosa de la música para honrar al Emperador. Clave para el desarrollo de la ópera en esta época es la figura de Eugène Scribe, libretista autor de muchos de los grandes textos líricos franceses del momento. Trabajando mano a mano con el compositor Daniel-François Auber sentó las bases del nuevo género tras el estreno el 29 de febrero de 1828 (seguimos volviendo siempre a este año crucial) de La Muette de Portici. Siguiendo el camino insinuado por Spontini en La Vestale (1807), Scribe plantea una cuidada ambientación histórica, que, combinada con la inclusión de grandes efectivos orquestales y el uso de una potente masa coral por parte de Auber, dio lugar a la considerada primera obra del género. Más tarde llegarían otros títulos emblemáticos de la Grand Opéra sobre textos de Scribe, como LeComte Ory de Rossini (1828); Robertle Diable (1831), Les Huguenots (1836) y  L’Africaine (1865) de Meyerbeer; La Favorite de Donizetti (1840); o LesVêspres Siciliennes (1855) de Verdi, entre otros.

Sin embargo, como cabía esperar, los excesos del género provocaron la reacción de una nueva generación de compositores, que pretendían huir de esta grandiosidad, basando sus obras en argumentos punzantes y en mordaces historias de amor, y, sobre todo, que volvían la vista a la literatura contemporánea para su adaptación lírica. Llegaba el tiempo de la Opéra Lyrique, cimentado en la necesidad de revitalizar un género agonizante (el estreno póstumo en el 65 de L’Africaine de Meyerbeer supuso la confirmación del final de ciclo) y, sobre  todo, de establecer una competencia francesa a las dos grandes figuras europeas de la segunda mitad de siglo: Wagner y Verdi.

Se tiende a considerar pioneros de este estilo a Ambroise Thomas (1811-1896) y a Charles Gounod (1818-1893). Del primero de ellos, dos títulos sobresalen por encima de toda su producción: Le Caïd (1849) y Mignon (1866). Ambas son claros ejemplos del nuevo movimiento y, si bien Le Caïd hoy ha caído en el olvido, Mignon, bien en su versión completa o a través de sus arias más conocidas (como el prodigio de coloratura que es “Je suis Titania”), está todavía presente en los teatros. Este título es uno de los paradigmas de la corriente más joven: importancia del recitativo, líneas de canto bien definidas, métricas regulares, ritmos animados y, sobre todo, un libreto –firmado por Jules Barbier y Michel Carré en su versión original en francés– que es una adaptación de la novela de Goethe Wilhelm Meister, y que responde a los preceptos de recurrir a escritores más actuales.

De nuevo un libretista será clave para el desarrollo de la nueva vía: Jules Barbier (muchas veces en colaboración con Carré) se convertirá en el libretista de cabecera del otro gran representante de la Opéra Lyrique mencionado, Charles Gounod. Otra adaptación de la pareja de un texto de Goethe, el Fausto (y en concreto el episodio del enlace entre Fausto y Margarita), dará pie a la ópera más famosa de este compositor, que basa su valía en un potente canto de estilo declamatorio que busca el reflejo más fidedigno del habla humana, huyendo de la afición francesa por la uniformidad y lo melodioso. Sin embargo, cuando se centra en formas operísticas típicas (arias, dúos, conjuntos, etc.) la música de Gounod se transforma, tornándose en ligera a semejanza de Mignon, lo que le valió duras críticas en su estreno en 1859.

Y en este ambiente apareció en escena Jules Massenet (1842-1912). Alumno de Thomas y perfecto conocedor de la música de Gounod, así como de la tradición lírica francesa. Estudiante en el Conservatorio de París, presentó sus credenciales con la victoria en el Grand Prix de Roma por su cantata David Rizzio en 1863. Con estos reconocimientos y el éxito cosechado con sus óperas Manon (1884) y Le Cid (1885) presenta el Werther en Viena en 1892 en una traducción al alemán, y en enero de 1893 en su original francés en Parí, basado en la novela epistolar Die Leiden des jungen Werthers (Los sufrimientos del joven Werther) en una adaptación operística de  Édouard Blau, Paul Milliet y Georges Hartmann.

Massenet toma el canto declamado y huye de la ligereza, pero no de la grandiosidad vocal. En un fluir musical a menudo comparado con la técnica wagneriana (de la que también toma el uso de leitmotiven) Massenet propone una unión de todos los estilos: el fatuo amor romántico y la exaltación de los sentimientos, pero a través de un prisma íntimo, reducido a pocos personajes sin empleo de coro (excepto el coro de niños). La aparición de melodías sencillas, a cargo de los personajes populares, es un guiño a luminosidad vista en Thomas, sin embargo, la historia de antihéroe romántico poco o nada tiene de liviano. Lo criticado en Gounod –el poco realce de la complejidad de los textos de Goethe mediante su música– aquí es subsanado, y la profundidad filosófica y el sentimiento de cada personaje está reflejado a través de la sutileza musical. Massenet atrapa cada instante y lo plasma en el pentagrama como si fuese único, centrándose en el trasfondo de cada escena (de ahí la necesidad del uso de motivos recurrentes para dar coherencia al conjunto).

El legado de Massenet continuó fraguándose con  Thaïs (1894), y el testigo fue recogido por los nuevos compositores que abrían la ópera al siglo XX. El realismo italiano (Leocavallo, Mascagni, Puccini) bebe directamente de la sinceridad musical de Massenet. Y, por supuesto, es innegable su impronta en la obra fundamental que dio carpetazo al romanticismo francés, el Pelléas et Mélisande de Debussy (1902), donde la declamación y la disolución de la forma triunfaron definitivamente dando lugar a una historia, si cabe, aún más fascinante. 


sábado, 8 de septiembre de 2012

El romanticismo exacerbado de Werther abre una nueva temporada de ópera




La temporada de la ópera de Oviedo comienza con toda una declaración de intenciones. Un hito del romanticismo lírico, estandarte de la ópera francesa, cuyo rol protagonista es bien conocido por los aficionados ovetenses por ser uno de los más (y mejor) interpretados por Alfredo Kraus. Se trata de ‘Werther’, de Jules Massenet, que el martes levanta el telón del curso 2012-2013 y durante cuatro funciones (11, 14, 17 y 20 de septiembre) se presentará en las voces de Nancy Fabiola Herrera y José Bros, bajo la dirección musical de Yves Abel.

© Johan Jacobs
Estrenada en 1893 en su definitiva versión en francés, la adaptación de la obra de Goethe en la que se basa el texto (‘Die Leiden des jungen Werthers’) fue un proyecto lentamente meditado y cuidadosamente trasladado a la escena por la pareja de libretistas Édouard Blau y Paul Milliet. Pese a que se considera una obra puramente francesa, imbuida del sentimiento romántico que flotaba en parís a finales del siglo XIX, el hecho de que se tratase de una adaptación de un autor alemán y la fuerte influencia del lenguaje musical de Richard Wagner en la partitura de Massenet, hicieron que en un primer momento la producción fuese rechazada por la Opéra-Comique de París, cuyo director, Léon Carvalho, encontró el tema “triste y sin interés”.

Por eso, un año antes de su estreno ‘oficial’ fue presentada en el Teatro Imperial Hofoper en Viena en 1892, en una adaptación al alemán traducida por Max Kalbeck. Su éxito fue tal que a finales de ese mismo año se produjo el estreno en francés en Ginebra. Este triunfo convenció a Carvalho para aprobar el montaje de la obra en enero de 1893, sin embargo en Francia el éxito de crítica no se vio acompañado de un éxito de público. Hoy en día es esta versión presentada en París la que se ha impuesto.

© Johan Jacobs
El protagonista absoluto es Werther, ideal del hombre romántico: poeta, obsesionado con los sentimientos y el amor, solitario y melancólico. Un personaje pleno de sentimentalidad y fatalismo que exige la voz de un tenor con una gran carga de fuerza dramática en la voz (de hecho más de una vez el papel lo han abordado barítonos para darle mayor empaque). La obvia implicación autobiográfica del autor del texto original es patente. Goethe volcó en su creación con apenas 24 años sus pensamientos y sentimientos, en un texto que se convertiría en referente de la cultura romántica. No sólo creó tendencias literarias y modas en el vestir, sino también, según la leyenda, una oleada de suicidios. Fue un libro de cabecera de Napoleón, pero también del monstruo de Frankenstein. Todo un fenómeno literario que se presentaba como personaje ideal para ser puesto en música.
En Oviedo el rol de Werther lo acometerá José Bros, hoy en día el tenor español más respetado en el panorama internacional que vuelve a Oviedo cuatro años después de su última intervención en la temporada de ópera.


La réplica se la dará la mezzo canaria Nancy Fabiola Herrera, otra de las grandes estrellas internacionales salidas de la cantera española para completar un dúo protagonista que se presenta como garantía de calidad vocal. Su personaje, Charlotte, es el que más cambia con respecto a la novela original, ya que los libretistas decidieron otorgarle mayor presencia para equipararla escénicamente a Werther. Es el papel más contradictorio y confuso de la ópera, una mujer que se mueve entre el amor por el joven Werther y su lealtad hacia el matrimonio concertado con Albert. Vocalmente exige también mucha fuerza, apoyada en unos graves que convierten el papel en inaccesible para muchas sopranos que se acercan a él.

© Johan Jacobs
Después de todo, la música propuesta por Massenet para este joven Werther es muy personal e introspectiva. Un viaje interior que apela a los sentimientos más profundos de los personajes, cargada de una subjetividad que se impone sobre la propia acción dramática. La melancolía y el pesar por el amor inalcanzable son los verdaderos motores de esta ópera en cuatro actos basada en el monólogo y el diálogo más íntimo en la que el autor, según sus propias palabras, puso toda su “alma y conciencia de artista”.








FICHA

Werther
Música de Jules Massenet
Libreto de Édouard Blau, Paul Milliet y Georges Hartmann, basado en la novela ‘Die Leiden des jungen Werther’ de Johann Wolfgang von Goethe.
Drame Lyrique en Cuatro Actos y Cinco Escenas.
Producción del Théâtre Royal de La Monnaie de Bruselas.

Personajes e intérpretes
Werther: José Bros
Albert: Marc Barrard
El Magistrado: Víctor García Sierra
Schmidt: Jon Plazaola
Johann: David Sánchez
Brühlmann: Miguel Quintana
Charlotte: Nancy Fabiola Herrera
Sophie: Elena de la Merced
Kätchen: Elena Miró

Dirección musical: Yves Abel
Dirección de escena: Guy Joosten
Diseño de escenografía: Johannes Leiacker
Diseño de vestuario: Jorge Jara
Diseño de iluminación: Davy Cunningham
Dirección del coro: Iván Román Busto
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias
Coro de niños Escuela de Música Divertimento

Funciones: 11, 14, 17 y 20 de septiembre. 20 horas. Teatro Campoamor de Oviedo


martes, 4 de septiembre de 2012

ABSTRACT: Música explícita como procedimiento (¿válido?) de construcción del lenguaje audiovisual



LOGROÑO, 6 al 8 de septiembre de 2012

"Música explícita como procedimiento (¿válido?) de construcción del lenguaje audiovisual"

Resumen:

En el mundo audiovisual, el cine comercial demanda una simplificación de lenguajes que en muchos casos hagan accesible la película a un espectador medio. La necesidad de comunicar gran cantidad de información en el menor tiempo posible hace que la música aplicada, como recurso narrativo fundamental en este tipo de producciones, deba convertirse en el estandarte de este lenguaje.


A través del trabajo de uno de los compositores más reconocidos en el panorama cinematográfico actual, José Nieto (Madrid, 1942), trataremos de desentrañar este tipo de recursos, que apelan directamente a una memoria cultural colectiva, activando determinados códigos comunes a una sociedad, convenciones musicales aceptadas que, sin embargo, cumplen su cometido. De una manera brutalmente directa, tan explícita que muchas veces puede resultar obvia, el espectador se ve sacudido por estímulos sonoros que van creando una biblioteca de recuerdos. Clichés musicales que, pese a ello, siguen demostrando ser enormemente útiles para según qué propósitos.
En nuestra comunicación disertaremos sobre este tipo de composiciones, planteándonos como pregunta de partida si constituyen un modelo válido de construcción del lenguaje audiovisual. Nos preguntaremos por su utilidad, innovación e intención a la hora de ser escogidos para determinadas escenas. Y, sobre todo, trataremos de comprender cómo el fenómeno que Max Steiner definía como inaudibility, unido al bagaje sonoro y cultural de una sociedad determinada, puede hacer que casi un siglo después, esta forma de trabajar siga vigente en el mundo cinematográfico.



jueves, 28 de junio de 2012

Notas al programa: La música de los Goya



La música de los Goya

Auditorio Ciudad de León 
José Luis Temes - director invitado


Alejandro Amenábar: Los Otros
La afición por la música de cine, y el amplio conocimiento de la historia de la misma por su condición de coleccionista, llevaron a Alejandro Amenábar (1972) a componer la música de sus primeros trabajos, pese a no poseer una educación musical específica. Aunque nos encontrarnos ante una película de terror, la música planteada por Amenábar para Los Otros (2002) huye siempre que puede de las convenciones del género. Al autor no le interesa tanto el subrayado musical de los momentos de mayor sobresalto –que, por otro lado, existen y se asocian siempre a la utilización de toda la masa orquestal– como el dar la voz a los niños protagonistas.
El carácter fantástico y el misterio ganan la partida al terror puro. La visión pura de los niños como creadora de tensión, el contraste entre la muerte y la inocencia, y el uso macabro de melodías aparentemente pueriles, buscan la conjunción de los discursos visual y sonoro, en recorridos aparentemente contrapuestos, que cargan de múltiples lecturas a cada escena.

José Nieto: El maestro de esgrima. Tres encuadres sobre un tema (estreno)
José Nieto (1942) es una figura clave para entender la historia del cine español: como compositor, se sitúa como bisagra entre los García Leoz, Parada y Quintero (incluso De Pablo o Bernaola), y la nueva generación; como desarrollador de los sistemas de sonido, a él se le debe la preocupación por un diseño sonoro de calidad y la introducción  de nuevas tecnologías que hicieron dar un notable salto de calidad a las producciones españolas.
Para El maestro de esgrima Nieto basó su partitura en un único tema que, majestuoso y elegante, describe la profunda admiración que por la disciplina desprenden tanto las páginas de la novela de Pérez-Reverte como la recreación cinematográfica de Pedro Olea. La modificación del mismo ofrece al espectador la visión subjetiva del protagonista ante los turbios acontecimientos políticos que se desarrollan alrededor de su persona. Estos “tres encuadres” que presenta Nieto en forma de variaciones sobre esta idea suponen una reelaboración de la partitura, prescindiendo de los sintetizadores que en 1992 acompañaban a la orquesta para ofrecer, en definitiva, una obra nueva basada en ideas de hace veinte años.

Roque Baños: Las 13 rosas
Roque Baños (1968) es uno de los compositores en activo de mayor proyección internacional, sobre todo gracias a sus estudios en el Berklee College of Music de Boston, donde forjó un “estilo Hollywood” basado en el jazz y la gran orquesta. Su partitura para Las 13 rosas se ve totalmente imbuida por el espíritu melancólico, pero también luchador, de la película de Martínez Lázaro. Sin caer en el sentimentalismo barato, el compositor consigue desde el principio que el espectador empatice con las protagonistas a través de los pasajes más emotivos de la partitura, que son precisamente los recogidos en esta versión de concierto.
El carácter del tema principal toma partido a favor de las mujeres, y las recubre ante el espectador de un aura casi heroica, a la vez que llora por el recuerdo de las represaliadas. Estamos ante una historia de luces y sombras, de buenos y malos, donde la música es un elemento esencial para potenciar el drama que denuncia la película.

Eva Gancedo: La buena estrella
La buena estrella supuso el primer largometraje completo con música de Eva Gancedo (1958). Sus anteriores incursiones en el audiovisual fueron en forma de música adicional, o dentro de los géneros cortometrajístico y documental.
En él Gancedo exhibe una escritura muy emocional, aportando la visión subjetiva de la propia autora, siempre buscando aumentar la información sobre los personajes y clarificar sus sentimientos para el espectador. Escrita inicialmente para quinteto de cuerda, y orquestada para concierto, la música de La buena estrella aporta ritmo narrativo y hace avanzar a la trama, ayudando en muchos momentos a la resolución de largas escenas. Otras veces, refuerza el drama de la película, amplificando las emociones y subrayando la imagen.

Juan Bardem: Al sur de Granada
Los dos mundos que chocan en la película de Fernando Colomo –el del inglés Gerald Brennan y el de la joven Juliana– tienen su reflejo en la música escrita por Juan Bardem (1956) para la película. Esta suite de concierto nos propone un viaje entre dos mundos, partiendo de la Andalucía más identificable –guitarra y cajón flamenco– para ir evolucionando hacia la vertiente inglesa, con referencias al naturalismo inglés de Vaughan Williams o Delius.
Aunque que estamos ante una película muy dialogada, donde la música tiene que adoptar un papel secundario para facilitar la inteligibilidad del texto, es sobre todo al principio de la misma cuando el compositor tiene un mayor margen para el protagonismo, a través de amplios planos de los paisajes de la Alpujarra que sirven de marco para la historia, y que invitan a la amplitud orquestal que se refleja en esta pieza.

Alberto Iglesias: Volver
Alberto Iglesias (1955) es el compositor más premiado en los Goya (diez ‘cabezones’ jalonan su catálogo) e incluso tres de sus trabajos internacionales han estado nominados a los Oscar. En su vasto catálogo destaca su colaboración con Pedro Almodóvar, dentro de la cual se inscribe Volver.
Dividida en cuatro movimientos, esta suite de concierto nos propone un recorrido por todas las vertientes de la película: desde el costumbrismo y la comedia de “Las vecinas” pasando por el misterio sobrenatural de “Dicen que la han visto”, hasta llegar al puro thriller y la intriga de “Paco congelado” y “Dos en la furgoneta”. En ellos descubrimos a un Alberto Iglesias plenamente sumergido en el mundo “Almodovariano” (que se ha convertido en un género en sí mismo). Todo un mérito, ya no sólo por el conocimiento mutuo que hace que cada nuevo trabajo implique una superación, sino porque Iglesias tiene el honor de haber conseguido controlar el desbocado temperamento de un director  que ha tenido más de un encontronazo con sus compositores.

Alejandro González Villalibre


sábado, 23 de junio de 2012

Actas del I Encontro Ibero-Americano de Jovens Musicólogos


El primer Encuentro Iberoamericano de Jóvenes Musicólogos realizado en Lisboa entre los días 22 y 24 de febrero de 2012 contó con la participación de más de 130 musicólogos y estudiantes de musicología provenientes de 15 países de Europa e Iberoamérica.
Desde hoy se pueden consultar las actas online de esta reunión de colegas, un ejemplo más de la calidad y la variedad de estudios que hoy en día se están desarrollando "por una musicología creativa".




En mi caso, para quien pueda interesar, en el primer bloque de las actas se puede encontrar mi texto titulado Coherencia y estructura en la música cinematográfica. El caso de Sé quién eres, de José Nieto (pp. 33-44), y pinchando AQUÍ, la presentación Prezi con vídeos que ilustran y completan este texto.




miércoles, 20 de junio de 2012

Crítica: Amadeu


1 OVIEDO_05-31-12
Oviedo. Teatro Campoamor. XIX Festival de Teatro Lírico Español.
31.V.2012.

COMAS, CASARIEGO, CORUJO. OFIL. CAPILLA POLIFÓNICA C.O. MIGUEL ROA, director.

Albert Boadella: Amadeu.


Aforo: 1.440 Asistencia: 95%




domingo, 10 de junio de 2012

ABSTRACT: «Al alva venid, buen amigo». La visión romántica de El Caballero Don Quijote a través de la partitura de José Nieto



VIII CONGRESO INTERNACIONAL DE LA
11 al 15 de junio de 2012
Universidad de Oviedo

ABSTRACT:

La presente comunicación toma su título de la composición anónima Al alva venid [sic.], recogida en el Cancionero de Palacio, y adaptada, como veremos, para ser utilizada como tema de Dulcinea en la película  El Caballero Don Quijote (Manuel Guitérrez Aragón, 2002), cuya música firma el compositor José Nieto (Madrid, 1942), creando una de sus partituras más largas y ambiciosas. Una visión del personaje más cercana al romanticismo como bien señala el propio autor:

“[El Quijote habla] de ideas y éticas que en ese momento no están muy de moda. La música está planteada desde esa perspectiva romántica […]. Quería evitar el folclorismo precisamente porque los ideales románticos son universales y Don Quijote es universal. No podía ceñirlo a algún acento localista, no tenía sentido”. [1]

Esta perspectiva romántica, reflejada sobre todo en la subjetivación de la película a través de los ojos de su protagonista, será el eje fundamental de una banda sonora que nos proponemos desentrañar en la comunicación. La manera personal de trabajar de su autor, basada en motivos musicales recurrentes, que se pueden ampliar a la categoría de temas, reflejo de personajes o situaciones principales de la película, y relacionables entre sí nos permitirá reducir la partitura a sus elementos básicos para observar la construcción de un discurso audiovisual de pleno sentido. Veremos el poder de la música a la hora de situar al espectador en la posición de su protagonista, recreando los mundos irreales y la fantasía, pero también la dureza del viaje a Levante o el amor por Dulcinea.




[1] CUETO, Roberto: El lenguaje invisible. Entrevistas con compositores del cine español. Alcine33, Madrid, 2003, p.394.



jueves, 31 de mayo de 2012

La música en el lenguaje audiovisual. Aproximaciones multidisciplinares a una comunicación mediática

Acaba de publicarse un nuevo libro fruto de las investigaciones presentadas en el Simposio "La creación musical en la banda sonora" bajo el título La música en el lenguaje audiovisual. Aproximaciones multidisciplinares a una comunicación mediática. No hay palabras para agradecer el esfuerzo de Teresa Fraile y Eduardo Viñuela a la hora de sacar adelante este proyecto en tiempos tan difíciles.

El libro se puede descargar online de forma íntegra y gratuita  en el siguiente enlace: http://musicaudiovisual.wordpress.com/materiales/ y estará disponible en esta dirección para cualquiera que lo quiera consultar en el futuro.